Un náufrago

Una ha ido a la facultad, ha tenido tres años obligatorios de sociología, ha leído a Marx y a Engels y se ha recibido airosamente. Una es de clase media, ha mamado la cultura occidental y sin quererlo, parte de la cristiana; ha tenido que debatirse entre sus propias contradicciones y, en fin, le ha tocado vivir desde la primer bocanada de aire en este mundo cruel.

Una es, como todos, el resultado de una suma de complejidades y está abrasada por las venturas y desventuras políticas que marcan el rumbo de la sociedad en la que se pasa las horas, los días y los pensamientos. Una ha leído sobre “la burguesía”, y cree que la entiende. Ve, por ejemplo, “Teorema” de Pasolini y dice: “ah, esa es la burguesía”. Ve, por ejemplo, “El ángel exterminador” de Buñuel y dice: “ah, esa es la burguesía”. Se ve en el espejo y a pesar suyo debe admitir: “ah, esa es la burguesía”.

Hasta que un día, gracias a su feed virtual cotidiano y al fantástico sitio Letters of note se topa con la carta que un señor llamado John Snyder le escribió a su padre tras haber sido víctima y testigo del naufragio del Titanic. Un señor que estaba terminando su luna de miel, que para volver a casa había comprado pasajes en la clase acomodada del mejor barco del mundo, y que tenía una esposa lo suficientemente asustadiza como para llevarlo a cubierta no bien el crucero tembló en medio de la noche. Sigue leyendo

De cómo Murakami me rompió el corazón

Haruki Murakami decepcionaría a sus millones de lectores si no nos entregara la imprevisibilidad a la que nos tiene acostumbrados. La deseamos. La esperamos. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, en Sputnik mi amor, en Kafka en la Orilla, en After Dark, seguimos los pasos de seres por completo ordinarios y entramos con ellos a situaciones impensadas sin preguntarnos jamás si aquello que dicen o hacen tiene la concienzuda intención autoral de ser una metáfora, la consecuencia indefectible de alguna causa o un impulso natural. En las pocas entrevistas que da, Murakami suele desprenderse de las explicaciones a su obra. Y está muy bien; no debe haber nada más engorroso para un autor que interpretar su propio trabajo. Por lo demás, en sus libros todo termina cerrando, sino con redondez áurea, sí con una redondez elaborada y las más de las veces, bella. Y dentro del vago género que se le ha atribuido, una suerte de “realismo mágico” hecho en Japón, Murakami nunca ha sido arbitrario.

Pero tras la lectura de la recién traducida tercera parte de 1Q84, la única palabra que se me ocurre es, justamente, “arbitrariedad”, esa que incomoda y que estanca a medio camino, como si una concurrida maratón se hubiese cancelado de pronto y lo dejara a uno agitado y lejos de casa. En algún punto Murakami abandonó al lector. Y el abandono no pasa por los personajes; su desarrollo es impecable. El espía Ushikawa es quizá lo mejor de esta última parte. Y la resolución de la historia de desencuentros entre Aomame y Tengo alivia. Hay subidas y bajadas de tensión y momentos inmensos, como la locura rutinaria del agonizante señor Kawana. Pero hay tantísimo más que se abrió para no cerrarse, que ocupó páginas y estimuló curiosidades para luego olvidarse, que disiento del carácter de “monumentalidad” que se le ha atribuido a 1Q84.

El cierre del segundo volumen de la novela prometía para el tercero la elaboración final del giro fantástico que todos los lectores de Murakami esperamos. Pero esta vez no hubo elaboración, ni cierre ni nada parecido a la redondez, y la sensación que queda es que se ha pasado por cientos de páginas injustificables, sin siquiera espesor simbólico. Eso sin contar la prosa sorprendentemente aplanada, que no sabemos si adjudicársela al nuevo traductor o al propio autor.

En fin, habrá sin duda Murakami para rato; esperemos que la próxima no vuelva a soltarnos así en los vericuetos de su extraordinaria imaginación.

Publicado aquí

Todo lo que no sé decir sobre Tbilisi

Hace una semana que estoy en Tbilisi, república de Georgia. A veces se parece a Valparaíso, a veces a Innsmouth, pero sobre todo se parece a Georgia. Especialmente, Tbilisi es muy parecido a todo lo que no pensaba que iba a parecerse. Sabía que debía haberlos, pero en mi imaginación no había edificios de la era soviética ni tampoco un presidente que ha llenado las colinas de luces absurdas y que según mi amiga “es responsable de cada foco que hay en la ciudad”. En mi ideario ingenuo, Tbilisi permanecía en la era de los reyes y de las fortalezas de piedra, y la ciudad se mantenía lejos del tiempo, sin huellas de las guerras, de la URSS, de la pobreza o de Mc Donald’s. Sigue leyendo

A la puerta de todos – 10 años del 9/11

El 12 de septiembre de 2001, el diario francés Le Monde titulaba Nous sommes tous Américains; una declaración de solidaridad con los estadounidenses, en momentos en que sufrían el peor shock colectivo de su historia. No que no hayan sufrido otros, pero los ataques del día anterior no se comparan a nada visto hasta entonces. Diecinueve hombres secuestraron cuatro aviones comerciales; estrellaron dos contra las Torres Gemelas, otro contra el Pentágono, y un cuarto cayó en Pennsylvania en circunstancias confusas, cuya versión oficial es que los cuarenta pasajeros tomaron control del avión y se inmolaron antes de alcanzar la Casa Blanca.

En total murieron dos mil novecientas setenta y siete personas. Ningún atentado de la historia de la humanidad ha terminado inmediatamente con tantas vidas. Y la televisión lo vio todo: millones fuimos testigos en tiempo real del segundo avión incrustándose en la torre sur del World Trade Center. Ahí supimos, dentro y fuera de Estados Unidos, que ese agujero en llamas en la torre norte no era un accidente ni la impericia extrema de un piloto. Era un cuidadoso y meditado atentado que, como todas las maniobras exitosas, respondía a la vez a principios sencillos y sofisticados: usar aviones rebosantes de combustible como un arma, entrenarse durante años para ello, llevar cuchillos indetectables para reducir a la tripulación, acabar con un gran símbolo norteamericano y hacerlo, además, por la mañana, garantizando un día entero de aire televisivo en occidente.

Hasta entonces los actos terroristas no eran, en términos de impacto público, muy distintos de cualquier otro crimen que no tocara a la propia puerta. Eran hechos que ocurrían en el País Vasco, en Belfast, también en Buenos Aires. Actos dolorosos e incomprensibles, a menudo lejanos y por eso también olvidables por todos los que no vivían en una ciudad sacudida por el terror ni estuviesen relacionados con las víctimas. Sin embargo después de golpear al país más poderoso del mundo, los efectos del terrorismo tocaron a la puerta de todos. Sigue leyendo

Sobre “Midnight in Paris”

“Midnight in Paris”, el largometraje número 41 del director norteamericano Woody Allen, está rompiendo récords de taquilla en todas partes. Sin duda no llegará ni a los talones de la recaudación de “Harry Potter y las Reliquias de la Muerte”, pero en la Argentina de las vacaciones de invierno le ganó a “Transformers 3″ y hoy es la más vista en España, Bélgica, Francia, Noruega, Uruguay y Brasil.  Es -y esto es lo más llamativo- la película de mayor éxito de Allen en Estados Unidos en los últimos 35 años, con exhibiciones en más de mil salas y ganancias que a pocas semanas del estreno superan los 25 millones de dólares. Dentro de los números que históricamente han manejado sus producciones, tamaña popularidad resulta inesperada.
Sigue leyendo

Mis días con Oslo

Hace varios años fui a estudiar a Oslo durante el verano noruego, es decir, por esta época. Cuando llegué tuve un insomnio raro durante unos tres días. Mi reloj biológico enloqueció por lo mucho que duraban las horas de sol; sólo era noche cerrada después de las dos de la mañana. Recuerdo que en mis primeras recorridas por el centro mi imagen mental de la ciudad no coincidía en absoluto con mis expectativas. Con el PBI tremendo que tiene ese país, había imaginado palacetes y gente yendo al supermercado en Ferraris. No era para nada así, la ciudad era austera y el palacio del rey, si bien un edificio imponente, no tenía la elegancia obscena de otras fachadas reales europeas. Sigue leyendo

Hay una chica en mi cuerpo

La de Amina Abdallah Arraf al Omari era una buena historia. Había nacido en 1975 en Virginia, Estados Unidos, de un padre sirio y una madre norteamericana. Su primera lengua fue el árabe, pues cuando tenía seis meses se mudó a Damasco y allí vivió hasta 1982. La brutal matanza dirigida por el entonces presidente Hafez Al-Assad contra los levantamientos de la ciudad de Hama, obligó a la familia a volver a Estados Unidos ese año, pues el padre de Amina era un conocido activista de buena posición económica, conectado políticamente y abierto opositor al régimen.

A los 15 años Amina supo que era homosexual, y lo revelaría a los 26, con la buena suerte de que tanto su madre como su padre musulmán la aceptaran de inmediato y sin armar ningún escándalo. Al poco tiempo todos regresaron a Siria, donde Amina trabajó dando clases de inglés, hasta que las protestas que empezaron en enero en el sur del país contra el gobierno de Bashar Al-Assad, y que un mes después se extenderían por todo el territorio, cambiaron el ritmo de vida de la sociedad entera. Fue cuando la madre de Amina y otros parientes huyeron a El Líbano, y ella y su padre decidieron, en cambio, quedarse en Siria. Querían ser parte de la revolución que se gestaba; ser testigos de la nueva época que se inauguraba. Sigue leyendo

La verdadera razón por la que Dios no juega a los dados

Visto aquí.

Bloomsday

Un dilema sobre la basura

Una amiga argentina, residente en Bilbao, ha mandado este correo:

Amigas, quiero compartir todo un dilema que se me presentó hoy. Hace un rato venía caminando y unas cuadras antes de llegar a mi casa, en el piso al lado de los tachos de la basura, habían dejado una caja con cosas de donde salía un par zapatos que me gustan. Son de una marca que se llama el “naturalista”, son más bien caritos y justo me he quedado sin mis botas negras de batalla.

Ahí estaban, me los quedé viendo; eran unos botines de invierno negros, en re buen estado. En el segundo que me quedé parada ahí mirando, evaluando, se me pasaron tantas cosas por la cabeza: ¿está bien sacar cosas de la basura? ¿hay gente que los necesita más que yo? ¿serán 38? ¿estarán limpios? ¿cómo los llevo? ¿en la mano? ¿hurgar en la basura es lo que realmente afianzaría mi condición de inmigrante? ¿es esa la barrera que separa a estos “europeos” de mí? ¿alguna vez saqué algo de la basura? ¿uno no saca cosas de la basura porque “está mal”, porque no lo necesita o porque nunca vio algo que quería? Si ves una preciosa cartera, por ejemplo ¿te la llevás? ¿es por vergüenza, por pudor? Me imaginé que alguna amiga me decía “qué lindos zapatos, ¿te los compraste?” ¿Me animaría a decirle “no, los saqué de la basura”?  Si una saca algo de la basura, ¿tiene que ser consecuente y adoptar toda una estética anarquista, en paquete? Si uno lo bautiza y le pone un nombre tipo “vintage”, ¿ se transformaría en un acto cool?

Finalmente no los recogí y lo peor de todo es que no sé qué primó…

Milorad Komadic

Arrestaron, finalmente, a Ratko Mladic, uno de los responsables del sitio de Sarajevo, de la masacre de Srebrenica, acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad. Estaba prófugo desde 1995 y todo este tiempo vivió en Serbia bajo el nombre de Milorad Komadic. Casi un anagrama.

No fuera a desprenderse de sí mismo.

El ilustrísimo Sir Edward Gorey

La A es de Amy, que rodó por unas escaleras. La B es de Basil, atacado por unos osos. La C es de Clara, que se consumió sin remedio”. Y el abecedario llega a la Z de Zillah, “que abusó de la ginebra”. Los pequeños macabros se llama este librito extraño de edición hermosa, que acaba de llegar a la Argentina de mano de la editorial barcelonesa Libros del Zorro Rojo. Edward Gorey, su escritor e ilustrador, es considerado por muchos como uno de los grandes artistas del siglo XX. Nació en Chicago en 1925, y como su paisano H.P. Lovecraft, aprendió a leer a los cuatro años para abismarse en la literatura de Poe, de Shelley y de Víctor Hugo. Cuando salió del secundario cursó un semestre en el Art Institute de Chicago, pero le tocó irse a los cuarteles de Utah a hacer trabajo de oficina durante la Segunda Guerra Mundial. De ese tiempo le iba a quedar el infeliz recuerdo de ver cómo sus compatriotas hacían pruebas con morteros y gas venenoso. Sigue leyendo

Obama got Osama

“Bin Laden ha muerto. Dejadme llevar champú en la maleta”. Así se llama un grupo de Facebook que algún chistoso inauguró al poco rato del anuncio del asesinato de Osama Bin Laden, y que hoy suma más de cien mil seguidores. “Kuma War II: la muerte de Osama bin Laden” se llama el videojuego que Kuma Games desarrolló y puso a disposición en Internet apenas seis días después de la Operación Geronimo, que asesinó al terrorista más buscado de la historia. “Operación Geronimo” fue el nombre que le pusieron a esa misión ultrasecreta, y que provocó una queja del Comité del Senado para Asuntos Indígenas de Estados Unidos, por vincular al héroe nativo con el líder terrorista, deshonrando su memoria y reforzando el estereotipo del apache violento. Y ciertamente, lo único que tuvieron en común Geronimo y Bin Laden fue que sus caras figuraron en pósters de “Buscado vivo o muerto” con unos 120 años de diferencia. La Casa Blanca se ha negado a dar explicaciones sobre la infortunada elección del nombre.

Sigue leyendo

Con ánimo de seguir preguntando

Viene de aquí, y de ahí para atrás. ¿Cuánto le cuesta pedirle un día libre a su jefe? ¿Y ausentarse durante una hora? ¿Hace cuánto que tiene el mismo jefe? ¿Lo trata de Ud. o de vos? ¿Su jefe tiene preferencia por Ud. o por los otros? ¿Vio la película “Los otros”? Caso afirmativo, ¿en qué circunstancias? ¿ Le dio miedo? ¿Cuál es la película que le ha dado más miedo en la vida? ¿Por qué? ¿Qué imaginería de miedo lo perseguía cuando era pequeño y quería ir al baño de noche? ¿Esa imaginería lo persigue aún hoy? ¿Qué recursos ha utilizado o utiliza para vencer el miedo en sentido amplio? ¿Qué entiende por “miedo en sentido amplio”? ¿Ha tenido Ud. ataques de pánico? En caso afirmativo ¿puede describirlos con pocas palabras? ¿Cuántas son, más o menos, pocas palabras para Ud.? ¿Suele dirigirse a su jefe con aladas palabras o con monosílabos? ¿Cómo imagina a su jefe si hubiera trabajado de lo que soñaba cuando era niño? ¿Soñaba cuando era niño? ¿Qué sueño de la niñez nunca pudo olvidar? ¿Cuándo terminó su niñez? ¿Sería capaz de afirmar que la misma terminó cuando tuvo un jefe por primera vez? ¿Tiene jefe?

“Odisea al amanecer” la llaman

Odisea al amanecer es el título de best-séller con que el Departamento de Defensa norteamericano ha bautizado a su actual operación contra Khadafi en Libia. Y ese nombre no ha pasado desapercibido para la opinión pública, que tras tantos años de eslóganes bélicos se pregunta qué tiene que ver con las acciones militares que se están llevando a cabo esta vez. ¿Será que los ataques sorprenden a las defensas libias sólo de madrugada? ¿Será que la administración Obama espera que a sus fuerzas les lleve tanto tiempo volver a casa como a Odiseo? ¿Será nada más que otro intento de edulcorar una acción que sin duda se llevará la vida de cientos y cientos de civiles? Sigue leyendo