Felices juntos

Neverland

Junio 25, 2009 · 2 comentarios

Jackson Cuando me enteré de la muerte de Michael Jackson envié mensajes de texto a varios amigos que seguramente no estaban ante la computadora o la tele en ese momento. Ya hacía como una hora que los rumores estaban apareciendo en los status de facebook, pero “hasta que no lo publique el NY Times yo no me creo nada”, y no porque vaya uno a creer a ciegas en el NY Times, sino porque a los rumores contagiosos que se arman en fb hay que tomarlos con cuidado. Como sea, quería transcribir algunos de los mensajes que me llegaron en respuesta al celular.

“Nos estamos quedando sin excéntricos”

“¡Viva Madonna!”

“Mansos baños de leche se pegaba”

“Pobre tipo”

“¡Qué noticia! Toda una época”

“Al final tanto barbijo y oxígeno para la vida eterna y se muere a los 50″

“Buena noticia para los niños”

Yo no sé si era un pobre tipo, yo no sé cuán torturado estaba realmente, quiero decir por dentro. Se puede especular tanto acerca de la interioridad de alguien que hace cosas como tratamientos para volverse blanco y movidas extrañísimas para convertirse en un hombre de familia. En mi imaginario sobre Michael Jackson, yo tengo la foto congelada de un niño precioso con un enorme halo crespo de pelo y toda la gracia del mundo; tengo unos peldaños iluminándose bajo sus pies en Billy Jean, y mi cara de 10 años frente a la tele, intentando entender lo que pasaba en “Thriller”. Tengo su moon walk y esas bandas que se ponía en las puntas de los dedos y nunca supe por qué. Tengo el video “Leave me alone”, que me encantaba, y la reflexión al vuelo que hizo mi hermana mientras pasaba frente a la tele: “bueno si quiere que lo dejen en paz, que deje de cantar”. Y creo que fue por esas épocas que empezó a construir un enorme parque de diversiones. Neverland. Para él y para los niños, porque, decía, amaba a los niños.

Él tuvo una infancia horrible.

Tengo también la imagen de Michael Jackson sosteniendo a su último hijo en un balcón frente a los fans; no se le podía ver la cara y pataleaba y se le empezó a deslizar desde el abrigo que llevaba. Unos segundos más y el bebé se le iba de los brazos, y él sonriente, él no se enteraba de nada. Tengo imágenes sueltas de un video exagerado, con una enorme estatua de sí mismo en el medio de fans llorones en un futuro que estaba lleno de signos fascistillos. Pero supongo que toda grandilocuencia futurista es fascistilla.

Su vida pública, aparte de su carrera artística, estuvo hecha de shocks y de rumores. Primero la cirugía en la nariz, luego esa piel que se clareaba de año en año. ¿Duerme de verdad en una cápsula oxigenada? ¿De verdad tiene cientos de dobles? ¿De verdad tuvo hijos? ¿Si fue así, tuvo sexo o fue pura inseminación artificial? ¿De verdad abusó de niños? ¿De verdad le dio sumas millonarias a los padres para que se callaran la boca?

Lo que seguramente sí quería era vivir en Neverland. Pero en el de verdad, o debería decir, en el de mentira, en el de Peter Pan. Un lugar donde el tiempo no pasara y donde cualquier conflicto terminara siempre en una fiesta, terminara bien, la garantía de los finales felices. En esta realidad, tan precaria para él, sólo pudo reemplazar ese deseo por “mansos baños de leche” y  barbijos y oxígeno”.

Y desde luego,  por su música.

En fin, es verdad, qué noticia, toda una época.

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Nos, los rehenes II

Mayo 1, 2009 · 1 comentario

316_1240937443_restaurantes-cerradosCon su permiso reproduzo un mensaje de mi querida amiga E., que vive en el D.F. y cuyo doctorado y trabajo tienen que ver con la inmigración mexicana a EE.UU.

… La verdad es que estoy hasta la madre, es como vivir en una película de ciencia ficción, donde el setting en vez de ser NY es un país “en desarrollo”.  Van 11 muertos, 300 enfermos, la verdad es que eso no es nada!! Entiendo que no quieran que se propague, pero es que la economía no va a aguantar este putaso… Todas las playas vacías, turismo cero, los restaurantes todos, todos, cerrados, es una locura. Y por supuesto la gente está apanicada, y la verdad es que lo que hizo la imbécil de Kirchner,  pero qué pendeja, qué falta de solidaridad, y de ahí Perú hizo lo mismo. Este encierro sola me va a matar… He ido a trabajar, por ratos, porque hay que estar viendo qué vamos a hacer con todos los probres mexicanos indocumentados, que si se propaga la influenza no van a querer ir al doctor por miedo a ser deportados… un problemón. También porque hay que monitorear el clima antiinmigrantes… te imaginarás.

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Nos, los rehenes.

Abril 30, 2009 · 5 comentarios

chicaEl ejercicio es bien simple: entrar a la página de la Organización Mundial de la Salud (http://www.who.int/es/) y leer su última actualización:

28 de abril de 2009La situación sigue evolucionando rápidamente. A las 19.15 TMG del 28 de abril de 2009, siete países habían notificado oficialmente casos de infección humana por virus de la gripe porcina A/H1N1. El Gobierno de los Estados Unidos de América había notificado 64 casos humanos confirmados mediante pruebas de laboratorio, ninguno de ellos mortal, y México otros 26 casos humanos confirmados, 7 de ellos mortales.

¿No eran como 200, los muertos?
¿Estamos ante una inminente pandemia?
¿De veras es el brote más grave en los últimos 40 años?
¿Por 7 casos?

¿Sabía usted que 12 mil argentinos contraen tuberculosis cada año? ¿Sabía usted que hoy han muerto en el mundo 5700 personas a causa del SIDA, y que mañana serán 11400, pasado 17100…?

¿Nos gustan las cifras?
Entonces sigamos:

¿Sabía usted, por ejemplo, que en Sudáfrica, sede de la Copa del Mundo 2010, se cometen unos 18 mil asesinatos anuales y más de 50 mil violaciones? ¿Sabía usted que en lo que va del año, se han producido más de 3 mil ejecuciones en México (”la capital de la infección”) como resultado de la acción de un crimen organizado tan feroz como incontrolable? ¿Alguien ha cerrado las fronteras de México para evitar que quede uno en medio de una guerra de narcos?

No.

Recuerde que estamos cancelando vuelos internacionales, poniendo música de suspenso en los noticieros y dándole mucha, pero mucha plata a Roche por 7 muertes por fiebre porcina.
7 vidas que se fueron, 7 muertes evitables. Pero 7.

No sé usted, pero yo no quepo en mí de la indignación.

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Dear Henning Mankell en Buenos Aires

Abril 29, 2009 · 3 comentarios

Los periodistas no habían terminado de acomodarse en la sala preparada para el diálogo con Henning Mankell en la embajada de Suecia, cuando el laureado escritor se acercó a saludar a uno por uno de la mano, en un gesto tan inesperado como bienvenido, en tiempos en los que se espera que cualquier figura internacional se suba al estrado de los intocables. El saludo de Mankell dice mucho sobre su literatura, así como su literatura y su trabajo cotidiano dicen mucho sobre él. Como bien lo introdujo el embajador Arne Rodin, “sus obras han sido desde siempre una vigorosa protesta contra los males de la explotación, el saqueo y la humillación. Mankell pone de relieve la necesidad de valorar la dignidad del hombre y la solidaridad por encima de todo lo demás”. Así dio comienzo una conferencia de prensa deliciosa, en la que el escritor, que alterna su vida entre la ciudad sueca de Göteborg, y Maputo, la capital de Mozambique, mantuvo durante casi dos horas la atención de los presentes con la misma efectividad con la que su famoso detective, Kurt Wallander, mantiene en vilo a los lectores. Mankell quiso tomar la palabra antes de cualquier pregunta, para manifestar su alegría por la posibilidad de descubrir Buenos Aires, una ciudad que en su imaginario es “mágica y mitológica”, pero que también, señaló, es la que expulsó durante la última dictadura a buena parte de los argentinos que viven hoy en Suecia.

“El rol del escritor en este mundo debe ser siempre importante, si no lo es, algo está funcionando mal”, dijo Mankell, quien es a la vez un activista literario y social: dirige el teatro Avenida de Maputo, escribió Moriré pero mi memoria sobrevivirá, sobre las cosencuencias íntimas del SIDA en Uganda, y El hijo del viento, una novela acerca de la percepción de los países “civilizados” sobre la temida figura de “el otro”.

“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana y espero vivir para verlo: nos enteraremos de todo lo que ellos nos pueden decir acerca de la humanidad”. Mankell culpó a los medios de comunicación no sólo de distorsionar la percepción de Occidente acerca de África, sino también de entorpecer el trabajo policial, al ocuparse de los elementos más superficiales de una escena del crimen, en lugar de indagar sobre las motivaciones, algo que su antihéroe, Kurt Wallander, ha intentado hacer libro tras libro. “Las historias de crímenes comenzaron con Medea, no con Poe, y para mí la mejor historia de crímenes jamás escrita es Macbeth. Creo que los escritores siempre entendieron que la llamada ‘escena del crimen’ puede decir mucho acerca de las contradicciones de una sociedad, de las contradicciones dentro de un hombre y entre los hombres.” No es casual, pues, que una persona como Henning Mankell haya elegido el género policial como manifiesto de su compromiso social.

Esta nota salió en versión cercenetis en Clarín esta mañana. Ni modo.

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Murakami periodista

Abril 13, 2009 · 5 comentarios

underground Del genial novelista japonés Haruki Murakami, la sorpresa de encontrar uno de los mejores libros periodísticos que he leído. Murakami se interesó por el destino de las víctimas de los atentados con gas sarín en los subtes de Tokyo, en 1995. Con humanidad e inteligencia realizó entrevistas en profundidad a quienes tuvieron la mala suerte de vivir esa violencia inexplicable. El subtítulo del libro es “The Tokyo Gass Attack and the Japanese Psyche”, porque de a poco teje el entramado que hizo posible que un grupo religioso como Aum Shinrikyo, responsable de los ataques, ascendiera en Japón sumando en poco tiempo miles de seguidores. Un libro que todo periodista debería leer, por ser una lección de ética, estilo, honestidad, claridad intelectual y compromiso. Y un libro necesario para quienes estén interesados en la historia contemporánea y entiendan que, si algún sentido tiene comprenderla, está en las experiencias íntimas de los hombres.

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Radiohead 24/3

Marzo 26, 2009 · 6 comentarios

Radiohead es, digo, la última banda. También está Portishead, ponele. Pero Radiohead es la última banda masiva. Banda. Me refiero a canciones. Lo que pasa con Thom Yorke es que tiene la canción dentro; la canción es una especie de núcleo esencial que sale a través de él. Él no canta la canción, simplemente la deja salir. Tuve una energía de 16 años, hacía tiempo que no daba saltos tan altos; hace poco intenté correr alrededor de parque Saavedra y no hubo caso, diez metros y resoplando como Homero cuando quería subir al monte Springfield. Pero cuando Radiohead largaba el primer acorde, la primera de sus sincopitas, su bajo BOUMMM BOUMMM, una electricidad me levantaba, como los rayos, de abajo hacia arriba. Los adjetivos suenan zonzos, tampoco me voy a andar poniendo solemne. Algo notable: tocaron todos, todos los temas que quería que tocaran, salvo I might be wrong, salvo uno solo. Whataprivilege. La referencia al 24 de marzo, en perfecto castellano, fue perfecta, sobre todo verdadera. Uno se da cuenta de esas cosas.
Mi amiga Cecilia prendió el encendedor, genial actitud pre-celular. Única llamita entre las miles y miles de mini pantallas blancas.
Un agradecimiento sentido al piadoso muchacho que me subió en Idioteque.
Las pantallas a los costados del escenario, resultado de la más simple de las ideas. Fue todo perfect. Fucking perfect night. So fucking special.

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Qué descuido

Marzo 11, 2009 · 3 comentarios

Hombre, cómo estoy descuidando mi blog. ¡Se está llenando de polvo! Ya voy, ya voy, tengo la loca impresión de que mis 3 o 4 seguidores se preguntan dónde estoy (¿lo hacen?), pero vamos que yo también me pregunto lo mismo (no dónde estoy yo sino dónde están ellas y ellos, yo bien sé dónde estoy, entre subtes y errands y trabajo, facultad y sudokus, ay de mí, qué adictivos son los sudokus).  Bueno, que ya vuelvo. Voy a ir finalmente a ver a Radiohead,  aunque está carísimo, no hay derecho, y finalmente me está gustando mucho In rainbows, era cuestión de escucharlo un poco más y leer las letras. Un amigo mío de EE.UU. siempre me preguntaba cómo era que los latinos escuchábamos música en inglés sin importar si entendíamos la letra o no. Pregunta extraña. No recuerdo qué le contesté, pero imaginate, él se quedará por siempre sin escuchar “Toma la ruta” de Soda Stereo, por ejemplo. Bueno, lueguito vuelvo.

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Wrong

Febrero 28, 2009 · 2 comentarios

Primer corte del último trabajo de Depeche Mode. Tremendo.

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Oscar Alemán 1909-2009 ¡Que vuelva el swing!

Febrero 20, 2009 · 2 comentarios

AlemanSwingQué verdad tan grande lo de que nadie es profeta en su tierra cuando se piensa en Oscar Alemán, en su tiempo uno de los mejores guitarristas del mundo, hoy uno de los mejores de todos los tiempos. Nació hace cien años en el Chaco, un 20 de febrero de 1909, y su infancia parece haber salido de la imaginación de un escritor que podía pasar de la festividad a la desolación con la misma soltura con la que Alemán aprendía a bailar y daba shows de niño junto a sus hermanos y su padre, del Chaco a Buenos Aires, de Buenos Aires a Brasil. Sus primeros pasos tuvieron el ritmo del malambo, y su precoz pulsión artística lo llevó a apropiarse de la guitarra, el instrumento que tocaba su papá, fascinando en Francia, España, Dinamarca, Portugal, Alemania, Italia, Grecia; fascinando a músicos tremendos, fascinando a quienes lo veían, un hombre con todo el swing, un hombre hot jazz.

Fue autodidacta pero tuvo mentores e influencias que marcaron por siempre su estilo, como el brasilero Gastón Bueno Lobo. Nunca aprendió a leer música, pero sus improvisaciones lo distinguieron siempre de los músicos “educados” de las bandas que integró. También podía cantar en varios idiomas, bailar y sabía cómo dar un espectáculo en los agitados y europeos años de entreguerras.

En 1932 Oscar Alemán se unió en París a los Baker Boys de Josephine Baker, la “diosa de ébano”, y fue su primera guitarra. Duke Ellington quiso sumarlo a su orquesta, se ganó la admiración de Louis Armstrong y fue amigo y compañero de escenario de Djiango Reinhardt, con quien compartió la capacidad de desarrollar un estilo de tocar la guitarra que imprimió en el jazz un carácter completamente nuevo.

De vuelta a la Argentina durante la II Guerra Mundial, Alemán formó un Quinteto de Swing (también Quinteto de Jazz), con el que grabaría numerosos discos. Participó en algunas películas: “Buenos Aires canta” (1947), “El ídolo del tango” (1949), e “Historia de una carta” (1957) y realizó los arreglos musicales de “El ángel desnudo” de Carlos Hugo Christensen (1946). Grabó su último disco, “Sí, otra vez!” en 1979, un año antes de su muerte.

Vale, en serio que vale la pena redescubrirlo. Sus discos se consiguen y están muy baratos. Y su biografía, quién sabe, tal vez alguien llegue a escribirla.

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El armario chino – Encuesta II

Febrero 13, 2009 · 5 comentarios

armariochinojpgEl otro día leí un relato muy divertido de Woody Allen que se llama “El experimento del profesor Kugelmass” y está incluido en su libro Perfiles. Empieza así:

“Kugelmass, un profesor de humanidades en el City College de Nueva York, no había encontrado la felicidad en su segundo matrimonio. Daphne Kugelmass era estúpida e inculta. Los dos hijos habidos con su primera mujer, Flo, eran también unos patanes. Mantenerlos y pasarle una pensión a Flo hacía definitivamente precaria su situación económica”.

Kugelmass quiere conocer a otra mujer y tener una aventura; olvidarse por un momento de sus problemas financieros y flirtear a la luz de las velas con alguna muchachita de ávidos ojos. Por eso acude al mago Persky, o mejor dicho, al Gran Persky, quien le ofrece la solución discreta que el profesor busca, a través de un armario chino viejo y de lo más vulgar. “Si yo echo cualquier libro dentro del armario donde está usted, cierro la puerta y doy tres golpecitos, saldrá usted proyectado hacia ese libro”, le dice el Gran Persky a un incrédulo profesor, quien finalmente admite que no tiene nada que perder, salvo los 20 dólares que el mago cobra, y se decide por Madame Bovary. Se introduce al armario y Persky lanza dentro el libro de Flaubert en edición de bolsillo.

“Kugelmass apareció en el dormitorio de Charles y Emma Bovary en su casa de Yonville. De espaldas a él, una hermosa mujer doblaba unas sábanas de lino. No puedo creerlo, pensó Kugelmass, mirando embelesado a la mujer del médico. Parece un sueño. Estoy aquí, es ella.

Emma se volvió sorprendida.

- ¡Qué susto me ha dado, válgame Dios! – exclamó-. ¿Quién es usted?”

Y comienza la gran aventura que nuestro héroe esperaba. Claro que, con él dentro de la novela, el libro sufre unas leves alteraciones:

“Kugelmass ignoraba que, en aquel momento, estudiantes en aulas de todo el país preguntaban a sus profesores: -¿Quién es ese personaje de la página cien? ¿Cómo puede ser que un judío calvo esté besando a Madame Bovary?”

En fin, que la encuesta de hoy consiste en eso. ¿A qué libro viajaría usted si pudiera entrar al armario chino del Gran Persky? Puede elegir entre las opciones que proponemos más abajo, o idear una nueva. Si clickea en “Other”, tipee su elección sobre la cintilla gris oscuro que figura abajo. Y si la cosa no funciona, puede dejar su decisión en los comentarios. Y no olviden: su presencia se pondrá en evidencia con nombre y apellido en el libro y los lectores lo descubrirán. Hay que bancarse la exposición. Y también se agradece una breve explicación de lo que espera al participar en el libro. Me marco primero. Elegiría “El Hobbit”, pero es tan masculino, y está bien que lo sea, que no quiero que a los lectores les haga ruido que de pronto entre una argentina a  cenar a la casa de Beorn. En cambio elijo “Entrevista con el vampiro”. Voy a ser una suerte de “misteriosa sudamericana” que sigue a Louis y a Lestat por las calles de Nueva Orleáns y voy a salirme del armario justo antes de que me muerdan. O no. ¡Buena suerte!


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Feliz happy joyeux

Febrero 7, 2009 · 6 comentarios

CumpleHace dos días este blog cumplió dos felices años, y creo (cree) que la edad le hace bien. ¡Feliz cumpleaños a él! Y un beso grande a todos los que acompañan.

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¿Dónde estás, Richard Yates?

Febrero 6, 2009 · 8 comentarios

He estado floja para postear. Anoche fui a ver la última película de Clint Eastwood. Siempre me ha gustado Clint Eastwood como director, pero “El sustituto” me ha parecido espantosa. Le sobran situaciones por todas partes y está llena de golpes bajos.

Y la semana pasada fui a ver “Revolutionary Road”, que maltradujeron “Sólo un sueño”, pavotes. Me gustó muchísimo, todos se pasan, es una historia intensa, compleja, maravillosamente contada, la he hecho girar en mi cabeza una y otra vez.

Pero… es que nunca faltan las decenas de conciudadanos que salen a decir que la película no sólo no responde ex-ac-ta-men-te al libro de Richard Yates, sino tampoco a su ideario general, a su conciencia creativa, a sus anhelos más profundos, a la mar en coche, con una soltura que a cualquiera le haría pensar que tienen un postdoctorado en la vida y obra de Richard Yates. Y en parte dicen cosas así, intuyo, porque el director, Sam Mendes, es hollywoodiano, entonces la conciencia intelectual porteña progre no puede tolerar ni tomar en serio a un Leonardo Di Caprio -que en la vida real tiene millones de dólares y usa gorrita de beisbol, ¡no nos olvidemos de eso!-, que lleva los ojos anegados de enojo y golpea paredes en una película en la que hace estupendamente el papel de frívolo. Qué aburrimiento me están dando las reseñas de todo, de libros, de películas, de todo. Cada vez leo menos de eso. En fin, que desde hace más de una hora intento descargarme el libro de alguna parte porque está inconseguible en la ciudad. No está ni en español ni en inglés. Sencillamente no está. Y uno tiene que tolerar adjetivadas reseñas que dicen “Richard Yates esto o lo otro, la película es floja aquí y allá”. Qué aburrimiento. Yo quiero leer a Richard Yates, no a alguien a quien tenemos que creerle que lo leyó en tal nivel de conciencia astral que es capaz de especular acerca de lo que Richard Yates anhelaba en la más profunda intimidad de su alma.

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“Para la opinión pública, la coherencia es algo del todo prescindible…”

Enero 24, 2009 · 11 comentarios

haruki“Hace tres años, cuando tenía treinta y cuatro, terminó de escribir un grueso tomo y lo publicó. Era un tratado de economía para especialistas y, aunque me esforcé en leerlo, sinceramente, no conseguí entender nada. Podría decirse que no entendí una sola página. Intenté seguir leyendo, pero no logré descifrar el sentido de aquellas frases. Me sentía incapaz de juzgar si el contenido del libro era abstruso o si, simplemente, estaba mal escrito. Pero entre los especialistas causó sensación. Algunos críticos se hicieron lenguas calificándolo de ‘doctrina económica radicalmente nueva escrita desde un ángulo radicalmente nuevo’ y escribieron sobre él, pero yo ni siquiera entendía las críticas. Pronto los medios de comunicación empezaron a presentarlo como a un héroe de la nueva era. Incluso se escribieron libros interpretando el suyo. Expresiones como ‘economía sexual’ y ‘economía escatológica’, acuñadas por él, se convirtieron aquel año en expresiones de moda. Periódicos y revistas publicaron suplementos sobre él, señalándolo como intelectual de una nueva era. Yo no podía creer que uno solo de ellos hubiera entendido su tratado de economía. Dudaba de que lo hubieran abierto una sola vez siquiera. Pero eso, a ellos, les tenía sin cuidado. Para ellos, Noboru Wataya era un hombre joven, soltero, con una mente lo suficientemente lúcida como para escribir un libro que nadie podía entender. En cualquier caso, a raíz de la publicación del libro, Noboru Wataya saltó a la fama. Seguir leyendo →

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Jo! Hay encuestas…

Enero 21, 2009 · 13 comentarios

Acabo de enterarme de que puedo hacer encuestas en el blog, ñaca, ñaca. A ver cómo funciona esto. Va una de prueba:

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Tras ocho años

Enero 20, 2009 · Deja un comentario

buch

So long, farewell, auf Wiedersehen, goodbye
I leave and heave a sigh and say goodbye
I’m glad to go, I cannot tell a lie
I flit, I float, I fleetly flee, I fly

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Once upon a midnight dreary

Enero 19, 2009 · 2 comentarios

poe

Feliz cumpleaños, Sr. Poe.

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Hasta que me agarró Ibope

Enero 17, 2009 · 2 comentarios

Qué barbaridad!

Estaba, como buena loser que soy, computadoreando a las 23.30 hs. de un viernes a la noche cuando suena el teléfono. Yo pensando que era la amiga A., que bien necesitada está de diálogo en este momento, pero no, era una voz masculina y grabada diciendo que me va a hacer una encuesta sobre la TV. “¡Al fin me enteraré de las cosas que preguntan para hacer el ponderarísimo rating que toman como referente nacional y por el que los medios tan prosaicamente se pelean!” pensé, y seguí al pie de la letra las instrucciones. Primero preguntan la edad, después preguntan si la tele está encendida en casa en ese-preciso-momento (opción #2, no. Estoy en Internet you morons!). Despues preguntan cómo veo TV, si es por cable o qué, luego nivel de educación, y luego sexo y luego… “muchas gracias” y me cortan.

Es decir, en esa entrevista telefónica vienen a enterarse de que una mujer de entre “29 y 41 años” cuyo proveedor es “Multicanal” y tiene “universitario completo o más” no está viendo televisión a las 23.30 hs. de un viernes a la noche.

Ellos sabrán qué hacer con ese irrelevante pedazo de información.

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Preferiría no hacerlo

Enero 16, 2009 · 3 comentarios

Me dejé estar mes y medio y luego me fui de vacaciones, entonces me está tocando revisar más de sesenta clarines y la naciones en busca de información estrictamente relevante para el lugar en que trabajo, a los fines de armar una carpeta de prensa. Cuando agarro las pilas de diarios, de diez en diez, mis colegas, todas mujeres, me dicen cosas como: “¿Todavía no terminás?” o “Qué cosa más horrible, hacer eso…” Tienen razón. Pero lo más horrible no es el dolor de espalda (la búsqueda la hago de pie), ni la tinta negra que me tiñe las yemas, ni el ardor en la palma de la mano cuando llevo ya más de veinte minutos pasando hojas, ni estar armando una carpeta desprolija, no porque no consiga la información relevante, sino porque recorto torcido y me está quedando llena de pegotes, igual que la carpeta de manualidades de cualquier año de mi primaria.

No. Lo horrible es revivir todas las noticias de noviembre a esta parte. F. me dice que tengo que ser más expeditiva, que ha notado que me quedo leyendo las policiales o las internacionales, donde de seguro -quiera dios- no habrá información de relevancia para la oficina. Pero es difícil no hacerlo. Una nena desapareció en noviembre y en enero siguen sin encontrarla. Adolescentes secuestrados y sus familias destrozadas. A los antentados en Bombay le siguen los desastres en Gaza. Cortes de luz, suben los colectivos, sube el subte, las predicciones acerca del calor y la sequía nacional se cumplen. Salí nerviosa y atontada hoy del trabajo, y mientras iba por Florida -pensar que cuando no vivía aquí a veces decía “¿Vamos a pasear por Florida?” y ahora de veras desearía evitarla- me acordé del libro Bartlebly, el escribiente, de Herman Melville, donde el oscuro personaje oficinesco dice en respuesta a cualquier encargo: “preferiría no hacerlo”. Finalmente nos enteramos de que Bartleby ha trabajado, antes, en una oficina de “cartas muertas”, y su tarea era clasificarlas para quemarlas. Cartas que nunca llegaron a su destino pues el destinatario había muerto entretanto. No sé por qué asociación me acordé de eso, supongo que por el bajón de andar manipulado, de pronto, en tres días, kilos y kilos de papeles llenos de desesperanza. ¿Qué hígado tienen los correctores para leerlos todos los días? ¿Qué hígado tienen los que cubren las policiales? De qué hígado carecen los de AFP, Reuters y demás agencias mandando cables y cables de masacres desde sus bonitas oficinas en bonitos edificios de bonitas capitales del mundo… “Es un trabajo”, dirán, “como cualquier otro”.

Anoche vi, por no se cuánta vez, “Deconstructing Harry”. Allí Woody Allen  pone en un nivel del infierno a “the media. Sorry, that floor is all filled up…”

Última vez que me dejo estar para hacer este horrible trabajo. Es un trabajo, como cualquier otro. Pero de veras preferiría no hacerlo.

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Terror y TV

Enero 4, 2009 · 7 comentarios

Salió en la revista Ñ la nota que escribí sobre terrorismo y medios de comunicación. La versión digital está aquí.

Dos libros, setenta páginas de apuntes, decenas de recortes periodísticos,  sesenta y un tazas de café, once litros de cerveza, ocho recargas de batería y dos masajes en las cervicales fueron necesarios para su realización.

Fuera de joda, me voy a leer las noticias. ¿Quién condenará lo que está pasando en Gaza? Lindo principio de año.

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Vacaciones!

Diciembre 20, 2008 · 6 comentarios

Qué alegrón, mañana me voy de vacaciones, no más compu por un rato; grillos, río y a ver las constelaciones que aprendí en el planetario, y escuchar a mi mamá y a mi hermana que cómo Ana otra vez te traés una malla de viuda en lugar de una bikini. No más deadlines por un tiempo, una bendición para nosotros, los ansiosillos. No más subte B ida y vuelta ida y vuelta ida y vuel por unas semanas. Etc. Y se viene el 2009. Cuando era chica para este entonces  yo tendría que estar siendo una astronauta, pero qué vamos a hacerle. Pronto reemplazaría tal sueño por leer las crónicas marcianas, 2001, etc. Voy a hacer un balance. Al final los balances en los blogs son a los fines de incitar los comentarios, así que quien lea siéntase libre de no hacerlos.

Películas: no vi muchas, la verdad. Recuerdo My blueberry nights, que me gustó mucho. Me encantó The happenning the Shyamalan, me encantó Quémese después de leerse de los hermanos Cohen. ¿No country for old men es de este año? Esa también me gustó mucho. Emmm… Vi Sex & the City con la amiga Nats y salimos sintiéndonos pobres y mal vestidas pero igual nos reímos bastante con la película y de nuestros harapos. Seguir leyendo →

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Direcciones

Diciembre 13, 2008 · 6 comentarios

Sabés que una ciudad ha finalmente aceptado tu presencia cuando te preguntan por una calle y podés dar hasta dos alternativas para llegar a ella.

Mujer del auto: Disculpame, ¿ubicás Olazábal?

Quien escribe: (mirando de lado a lado) Sí, tenés que… tenés que doblar…

Mujer del auto: En realidad quiero ir a Monroe.

Quien escribe: Ah, ¿ubicás Elcano?

Mujer del auto: Sí.

Quien escribe: Bueno, tomás Elcano hasta Superí, ahí doblás a la izquierda y le das derecho hasta Monroe.

Mujer del auto luce dudosa.

Quien escribe: ¿Ubicás Forest?

Mujer del auto más entusiasta: ¡Sí!

Quien escribe: Bueno, entonces tomás Forest, hacés el codito y le das hasta Echeverría, ahí tomás a la derecha hasta Superí, doblás a la izquierda y llegás directo a Monroe.

Mujer del auto duda: ¿O sea que sólo llego a Monroe por Superí?

Quien escribe: es que sino, topa.

Ouch, a quien escribe le salió la mendocinada. Mujer duda.

Quien escribe: es que cualquier otra calle se corta por las vías; la única que no se corta es Superí.

Mujer del auto: bueno, gracias.

Y quien escribe queda entre satisfecha y tristona porque la ciudad ya la ha admitido de tal forma irrevocable que puede dar hasta dos alternativas, sin temor a equivocarse, para llegar a un mismo sitio.

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Dear Mr. Salinger bis

Diciembre 12, 2008 · 3 comentarios

Publiqué más o menos lo mismo hace un año. Va de nuevo porque lo único que pasó fueron todos esos días, algunos cargados, algunos sosos, algunos muy tristes, otros más contentos, otros medio zombies, y él siempre allí, sentadito en la biblioteca de mi casa.

radiocity Dentro de unos días J.D. Salinger cumplirá 90 años.
Si le escribiera una tarjeta de felicitación, le pondría: Estimado J.D., perdone mi caligrafía. Quería agradecerle por haberme salvado en un aeropuerto, por atraer las casualidades y por no dar entrevistas. Quería agradecerle por Holden Caulfield, por el cuento “El pececillo secreto” que me gusta imaginar, por ciertas descripciones suyas que se me quedaron para siempre y a las que vuelvo con enorme alegría. El auto lleno de gente tras la ceremonia nupcial en “Levantad carpinteros…”, por ejemplo. Gracias por los ojos y oídos que me presta cuando lo leo.
Espero que pase un buen día, que los cumpleaños no lo depriman mucho. Lo espero de verdad, no miento, palabra.

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Uoa!

Diciembre 6, 2008 · 3 comentarios

Suspendido el recital del miércoles, me tocó ir anoche a ver a Madonna. Uau uau uau. Es sábado y comienza a hacer ese calor que ralenta el movimiento global de la ciudad, con lo que, para ahorrar energías, a este cerebro mío sólo se le ocurren adjetivos. Quisiera agradecer el hecho de que haya cantado La isla bonita (en versión acopio-balcánico, pero bueh);  mi versión a capella es desde hace años un hito obligado en mi festejo de cumpleaños. Me emocionó saber que la canción existe; tras manosearla tanto uno ya pierde la referencia. Like a prayer fue fabulantástico. Joder, en un momento emerge un piano de cola como por arte de magia, al final de la pasarela. Como por arte de magia también desciende un cilindro que reproduce lluvia y viento y fuego con Madonna cantando dentro.  La digitalización y las posibilidades de la magia. Al final, tanto ha andado el hombre, tanto se ha alejado de los hechizos y de los dioses paganos, y ya ven, las técnicas digitales sirven para reproducir todo aquello en lo que ya no creemos. En fin, estoy contenta por haber tenido la posibilidad de ver uno de los mejores shows del mundo en stock. Y es bello, ¿eh? No es sólo *punchi pum uh ah oh cuántas luces cuánto vestuario*, no. Es redondito y precioso. Bueno, me voy a trabajar (*sigh*). Pero ya pronto estaré panza arriba en el campo, con la flia, de vacaciones. Ah, recomiendo la mujeril crónica del show que han hecho las amigas perezosas.

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Adiós a los campos

Diciembre 2, 2008 · 9 comentarios

Todo el tiempo se me está olvidando que mañana voy a ver a Madonna. Esta puntual ausencia de memoria a corto plazo me hace preguntarme si no será que el tiempo de los recitales ya ha pasado para mí. Supongo que no haber elegido campo es ya un indicio claro  (aunque después de tener a todo River aplastándote contra una reja y ser sacada por la cruz roja te queda lo que yo llamo “campo-panic”). En fin, que se trata de un parteaguas en mi vida pues si hay algo de lo que no puedo quejarme es de casi no haberme quedado con ganas de ver a *mis bandas favoritas*.

La primera de relevancia fue A-ha, Luna Park 1989. No vivía en Buenos Aires entonces, no había siquiera empezado la secundaria, y venirse era toda una movida de entradas, micros, hospedaje. Cuando una de mis hermanas preguntó “Quélepasalanita” (habré revoleado algo y encerrádome en mi pieza a lágrima viva) mi mamá, que de buenas a primeras no otorgó el permiso, largó una de las frases familiares más memorables: “¡Está enojada porque quiere ir a ver a los Ju-jú!”

Pero no, antes de A-ha fui a Amnesty International, con todo y mi mamá. Tocaron en Mendoza porque no podían tocar en Santiago de Chile, y así vi a Sting, a Peter Gabriel, a Tracy Chapman … a Bruce Springsteen!

Después fui a ver a Soda Stereo, primera y última vez. Creo que era la gira Signos. Después vi a los de Def Leppard en un aeropuerto (fuchi).

Y luego ya la seguidilla de la adolescencia que inauguró felizmente Siouxie and the Banshees en enero de 1992, luego The Cure (gira Wish), Violent Femmes, Duran Duran (tocaron en 1993 en Buenos Aires. Al poco tiempo también tocaba Nirvana, tenía que elegir y elegí Duran Duran “en honor a mi infancia, total Nirvana va a volver” y ya ven lo que pasó). 1994: Depeche Mode Devotional Tour. En un momento voló una zapatilla desde el campo, directo a la ejem entrepierna de David Gahan, que después de sostener la nota se fue del escenario. El recital lo terminó Martin Gore. No volvieron al país. Yo volví a Buenos Aires para ver a Dead Can Dance y cuando llegué las entradas estaban agotadas. Me quedé humillándome frente a la puerta de Dr. Jeckyll, e intenté sobornar al patovica con 50 pesos y un perfumito. No recuerdo en qué año vino Smashing Pumpkins, pero estuvo bastante malo, una lástima. Vi a Nick Cave en 1996 (Ferro, Festival de Rock Alternativo), una de las mejores experiencias de mi vida.

Entretanto mi banda nacional preferida era Los Peligrosos Gorriones. Y de Mendoza Los hermanos Karamazov, la rompían, y luego STD, y luego, desde luego, Glamour.

Después vi a U2 (tres veces seguidas, gira Pop Mart, ahí fue el incidente de la cruz roja) y hasta me encontré con Bono en el boliche al que fui después… Estaba en Av. de Mayo, un antro subsuelar cuyo nombre no recuerdo. ¿El panteón? Capaz. Bueno, después… tengo un blanco. Creo que igual dejaron de venir bandas. Fui a por la hermosa PJ Harvey (Personal Fest 2004), Nine Inch Nails (Luna Park 2005, uf, uno de los mejores que vi). Bob Dylan 2008.

Y Radiohead el año que viene. Creo que tampoco voy a elegir campo. Al costado, sentadita, a tararear, emocionarse y lagrimear por todo lo que esa gente ha hecho por una.

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Memoriacasán

Noviembre 26, 2008 · 7 comentarios

Me pide the boss que elabore una memoria de este año de trabajo. Le pido ayuda a mi papaíto, que en eso es ducho, y me responde por mail de manera clarísima, con copia a toda la familia. Muchas gracias. De veras no hubiera podido comprender mejor el proceso con unotra explicación.

Mi hija menor (me refiero a su edad…) me pide consejos para hacer una memoriacasán. La tarea es por demás sencilla: se consiguen las publicaciones de los últimos 55 años para ver fotografías y comparar labios, el mismo procedimiento para otros puntos del organismo, de frente, de perfil, de espalda, con ropa, con menos ropa, desabrigada. Se realiza una minuciosa revisión de cada parte para ver si se puede reconocer algo propio, porque si no es sobre algo propio, ¿en qué queda una memoria?
Una vez reunidos los retazos de lo que un día fue un cuerpo propio, se los coloca en orden sobre la mesa: 1% de labios originales, 0,00001/2 por ciento de tetas y así sucesivamente. Esta reunión permite elaborar una memoria original, la cual siempre será breve y rica en sentido,  lo demás es superfluo, no hay por qué  especular sobre el valor de cada siliconazo. Se trata de una memoria sobre lo esencial, si es que a mejante mujer se le puede reconocer algo de esencia.
Así se resuelve el camino más válido para hacer una memoria.
Pero hay otras alternativas, porque nunca faltan las y los jefes con otros puntos de vista que dicen: Ah no! No me interesa la memoria de lo propio, de lo esencial, quiero la de las siliconas. Y ahí sí que te quiero ver! ¿Cómo moverse en medio de operaciones hechas sobre otras, de capas sobre capas, de vericuetos de artificio…? Nada más complicado, hija mía, que una memoria del no ser de un ser.
Moraleja: cuando hagas una memoria trata de colocar lo esencial; si te piden artificios, trata de ir de lo esencial a los artificios; si te piden puro artificio…, pues tendrás que describir algunas cosas e imaginarte otras.

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Sushi con Duchamp

Noviembre 23, 2008 · 7 comentarios

mutt Cuando paso ante la vidriera de una tienda cara, a veces me asalta un pensamiento filantrópico. Por ejemplo: “Pobre señor Sarkany, ha de estar a punto de quebrar al precio al que vende sus sandalias. ¿Quién pagaría 560 pesos por ese parcillo color salmón?” O bien “Hay que hacer algo por María Vázquez; su colección primavera-verano será un fracaso; con lo caros que están los alquileres, por no hablar de la canasta familiar ni de la recesión en Japón, ¿quién desembolsará semejante cantidad por un vestido que usará sólo una vez, oh, María Vázquez, quién?”

Y así.

Cuando S. preguntó a voz en grito, con ese timbre encantador que tiene, quién quería ir a la inauguración de la muestra de Marcel Duchamp en Proa, me anoté de inmediato. Y allá nos fuimos con mi jefa, mi subjefa y sub sub jefa en el batimóvil estatal. Hacía más de un año que no iba a la Boca, más de dos que no pasaba por Caminito o me acercaba al Riachuelo. El auto comenzó a apestar y pregunté si eso era por el agua estancada que se extendía a nuestra izquierda y me respondieron que sí, y recordé el Pantano del Hedor Eterno de Laberinto, y también al jefe de gobierno -cuyo nombre no pondré aquí porque mirá si se atuogooglea y termina echándome- y su promesa de limpiar el riachuelo. ¿Cuánto puede costar una cosa así? ¿Eh?

Nos bajamos del auto y nos aguijoneó un viento helado en los albores del verano. El clima se está yendo al quinto carajo. Entramos rápido a la fundación-galería, me pidieron el nombre para comprobar si estaba en la lista, y cuando fui admitida me separé de mis múltiples jefas y me apresté a ver la muestra, que recomiendo altamente; está maravillosamente puesta. Pero quisiera ir otra vez porque una inauguración te distrae de la obra, es un evento social; es, literalmente “una obra que no es una obra de arte”, justamente el injusto -aunque justificable- título que le han puesto a la gran exposición de Marcel Duchamp en Buenos Aires.

No voy a hablar de Duchamp porque poco sé de él, pero las vidrieras horizontales bajo las que se extienden sus escritos de puño y letra están vivos, y sospecho que si uno se queda allí observándolos, intuirá el quiebre; sabrá hacia dónde iba le monsieur aunque no comprenda del todo esos trazos arañescos. El Gran Vidrio emociona, y sus videos de techos parisinos, proyectados sobre las paredes. Y sus dibujos y especialmente sus  fotografías; las que sacó él y las que le sacó Man Ray. En fin, que vayan.

Un piso, dos, y tres. Intercepté la copa de Malbec; la moza era más chica que yo (edad, no tamaño), pero me trató con ese respeto insoportable al que conminan las empresas. Proa celebraba no sólo la inauguración de la megamuestra, sino también su reinuguración como edificio ampliado, luminoso y apto para muestras de-gran-envergadura. En el tercer piso encontré el baño. Me quería retocar la cara de oficina que traía, a saber: lavármela y volverme a pintar los labios y de paso acomodarme el pelo y esas cosas que hacen las mujeres en los baños. ¡Y qué baño! Jabón líquido súper trooper, canillas de diseño, inodoros en los que da lástima hacer pis, tan bien puestitos que están, y una señora con cara de rana, no tanto por sus genes sino por los de su cirujano, allí detenida, mirándose intensamente al espejo. Al salir y avanzar hacia la magnífica terraza, trazada por sillones blancos y mesas negras revestidas de objetitos sin ningún uso posible, descubrí el banquete que estaban preparando para los invitados. Lo primero que vi fue la mesa de sushi, sobre la que se afanaban tres japonesas con atuendos y peinados (¿típicos?) y un japonés que coreaba sus órdenes y nos sonreía a todos menos a ellas. A mí me encanta el sushi. Unos pasos más allá, una gran pasarela de la que emergían racimos de baguettes y grisines de tamaños imposibles, para acompañar siete tipos de ensaladas con ingredientes como:

alcaparras, aceitunas, moñitos fríos, lustrados pimientos, uvas, albahaca, quesitos redondos, tomates cherry, pavo, repollo colorado, mayonesa casera, camarones.

Frente al bar des salades, el de los platillos calientes, con todo y cocina, para que nadie ose decir que lo que se sirve no está recién hecho. Y ya no hay quién se interese por Duchamp, ya el tercer piso se atesta. Cuánto stress el de los chefs, el de los japoneses, el de las mozas y mozos con la bandeja de copas de vino y jugo de naranja y coca regular o light. Al final los únicos que se lo pasan bien son los barmen de la terraza, licuando daikiris de frutilla o durazno y extendiendo capirinhas a las altísimas chicas que sí usan zapatos de Ricky Sarkany, oh revelación, para algunos el mundo se recorta desde tantísimo dinero, y en eso entra el jefe de gobierno con sus patovicas y yo ya voy por el segundo plato de sushi y el Malbec -thank God- no ha logrado envalentonarme tanto como para ir a decirle “qué tal, yo trabajo en una de sus múltiples dependencias, ¿qué onda con el Riachuelo, míster?”, no señor, me quedo en el terracero sillón blanco tratando de no oler la mierda del pantano y concentrada en mi dominio de los palillos, convencida de que aquel muchacho que de a ratos mira por sobre su hombrera de ¿Armani? ¿Calvin Klein? No sé, la ropa masculina es siempre tan igual, en todo caso, ese joven especulador des arts en todo su trilingüismo jamás se fijaría en una chica como yo. Y no es una expresión de deseo, nah, es puro juego de la especulación que suelen inspirarme esos eventos; porque así como mi anteción serpeaba indefectiblemente en las mujeres caras de rana y en los vestidos de miles de pesos, aquel chico acaso estaría atento a las pinturas de labios marca pichiruchi y a las sandalillas compradas en Florida aprovechando el aguinaldo, antes de subirme al subte que felizmente me llevará a casa.

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Una tarde con Villoro

Noviembre 21, 2008 · Deja un comentario

villoroana Conocí personalmente a Juan Villoro hace una semana, cuando vino para el Festival de Literatura de Buenos Aires. Es muy alto y está todo el tiempo contando historias, haciendo de cada anécdota una novela y de cada observación una fiesta de las palabras. Del lugar en el que trabajo depende la biblioteca Miguel Cané, en Boedo, donde Borges catalogó libros y escribió cuentos entre 1937 y 1946. Allí estuvimos con Villoro.

Los extranjeros suelen maravillarse con la pequeña belleza de las llaves argentinas; su forma anticuada anticipa doradas promesas, cierto esplendor secreto que todavía reverbera en los rincones. Emocionan de sólo mirarlas. No sé si esto es lo que sintió Villoro cuando le entregaron la llave de la piecita del piso superior en la que Borges escribió. Pero sí estaba emocionado al abrir la puerta. Entró  y durante unos segundos su rostro se abstrajo de todas nuestras miradas y le perteneció por completo al escritorio, a la silla, a la máquina de escribir de Borges, a la disposición de los cuadros, a la luz oblicua que pintaba el piso; unos segundos de absorción concentrada en la que tanteó la textura de los muebles, de los libros, y sus pupilas voraces guiaron el movimiento del cuerpo, no al revés: derecha, izquierda, asomarse aquí, volverse allá. La mirada de un arqueólogo del lenguaje.

Después volvió en sí y volvió a nosotros. Dentro de él habrá quedado esa habitación de Borges procesándose solita y tal vez pronto escriba algo sobre ese espacio minúsculo en el que se gestó (porque fue una gesta) una parte del legado literario universal.

Aquí una de las notas que más me gustan de Villoro.

Y para el que quiera leer, aca va uno de sus cuentos. Enjoy… Seguir leyendo →

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Los mundos posibles

Noviembre 13, 2008 · 3 comentarios

new_york_times_falso

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Boring boring boring

Noviembre 12, 2008 · 6 comentarios

guitakey1 No, no, no, no está bueno el último disco de The Cure. Yo los quiero mucho, pero que ya se retiren dignamente. El último de Tricky tampoco me gustó. El último de Radiohead no cumplió esas espectativas, viste, altísimas que uno ya se había puesto para la banda. Lo mismo me pasó con el último de Portishead. Tampoco fue muy de mi agrado el último de Nine Inch Nails, es que luego de The Downward Spiral, ¿qué te queda por hacer? Desde 1999 más o menos que no me quedo con ninguna banda. Salvo con PJ Harvey, pero a ella la conocí antes de 1999. El último de Depeche Mode, que ya tiene su par de años, es hermosísimo, ese sí. Pero ellos son un clásico dese que aparecieron. Los dosmiles llegaron con bandas como Coldplay, muchachos altos y exangües con look “soy joven y no sonrío”, pero no al estilo Blur, cuyos integrantes no tenían vergüenza de dar saltos y poner caras. ¿Dónde estás, Kurt Cobain?

Bueno, eso tenía para decir por hoy. No, algo más. ¿Qué habrá pasado con las ochentosísimas guitarras-teclado?  ¿Se dejaron de fabricar después de los 80s? Creo que Smashing Pumpkins usó una. Pero esa banda también dejó de sacar discos buenos.

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Mitos urbanos IV: la singular relación entre el estrabismo y la ventisca

Noviembre 7, 2008 · 2 comentarios

estrab Así es. Todavía hay gente que cree que si ponés los ojos bizcos y tenés la mala pata de que el viento justo se levante o de que un amigo perverso te sople la cara, quedarás así para siempre.

La verdad es que yo tampoco dejo que me soplen a los ojos cuando me pongo así. En los momentos en que me entran las ganas de ponerme bizca, que a decir verdad ya no son frecuentes, me voy a dar una vuelta, me cubro el rostro con las manos o me escondo en el baño. Pero ponerse bizca a solas, la verdad, no tiene mucho sentido.

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La antena en el cuello

Octubre 30, 2008 · 8 comentarios

Mi hermana me cuenta: “Aquí (en México D.F.) creen (de verdad, es una creencia) que los temperamentos ansiosos se deben a que en la “nuca” o parte trasera del cuello, existe una antena de energías, a la que se pegan otras energías. La gente muy sensible, o genéticamente predispuesta a hablar con los espíritus (pero que no lo saben, porque el tiempo ha pasado y ya nadie sabe de esas cosas), tiene ese canal más abierto que el resto: son los ansiosos. Es como si tuvieran un enchufe en el cuello. ¿Solución?, pues se hacen “limpias”. Por eso el zócalo se llena de gente humilde y chetos, a los que los indios les pasan unas hojas, huevos etc. por el cuerpo. De ese modo “limpian” la antena, de exceso de fantasmas y energías pegados. ¿No es interesantísimo?, así se calma el ansioso. Cada día una cosa nueva, de esta enorme cultura popular, que difícilmente sale en los libros”.

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Allá abajo

Octubre 28, 2008 · 5 comentarios

El subte es un tren de los bajos del asfalto que sirve para no llegar tarde a todas partes. Es sólo una cuestión de tiempo -dicen- para que un accidente avale la muy arraigada idea de que en este país no hay modo de mantener la vida salva ad infinitum. Es una especulación populi que la catástrofe ocurrirá en la línea B, que goza de la triste reputación de poseer la menor cantidad de extintores por furgón. Durante las mañanas que el subte estira, la gente lee preferentemente La Razón y Clarín, es decir, lo mismo. Hoy Clarín titulaba “Crecen 80% los delitos cometidos por menores”; la tapa de La Razón ponía: “Lo asesinaron frente a su novia en La Reja”. Esas lecturas ofrece el subte cada día; un loop que va de las policiales a las tetas hinchadas de la tele con la misma naturalidad con la que llega de Catedral a Congreso de Tucumán, ida y vuelta, ida y vuelta. Hay una cierta cualidad de infinitud en los subtes; será por eso que un extraño ideario de marketing ha llevado a un cementerio a promocionar sus servicios en las estaciones, sus servicios en el más acá para el más allá. En Florida, el stand que ofrece brochures con las promos por parcela también ofrece hierbas aromáticas. “Reclamá tu hierba aromática”, dice, y podés elegir bolsitas con romero o menta. En la estación José Hernández de la línea D todos los martes hay dos chicas vestidas de verde y blanco que preguntan si conocemos los servicios del lugar en cuestión (o no lugar en cuestión) y la verdad es que nadie las quiere escuchar. Curioso que la empresa no sepa, por ejemplo, que los panicosos la pasan mal en los bajos del subte; es el peor momento para venir a hablarles de la muerte.

Yo leo bastante en el subte, ahí leí completo Salvatierra de Pedro Mairal, El legado de la pérdida de Kiran Desai, hago crucigramas y duermo. Hago sudokus a veces. Siempre voy sentada, no aguanto ir parada. Si es necesario vuelvo a la estación terminal para poder sentarme. La otra mañana apareció una mujer ciega pidiendo monedas; tanteaba con su bastón el piso que se escapa, porque así es el piso del subte: se escapa, y hay que ser valiente realmente para caminar sobre un piso que se está yendo siempre y que no se puede ver. Casi no se notaba que la mujer iba llorando, venía ya con el llanto desde quién sabe cuántos vagones, venía ya con el llanto subterráneo de su alma cuando tropezó con un hombre que dejaba lápices en los regazos y volviendo en sí del llanto le gritó que se fuera, que le dejara el vagón a ella. Para unos el subte es un pasaje, para otros el subte es un destino. Ella, él, yo, aquel, policiales y las tetas de tinelli, caramelos, celulares, maletines, marginales, ex adictos, promociones, hierbas, libros, estaciones, estaciones, estaciones.

Cuando el subte entra en paro los pasajeros emergemos como bichos y desordenamos toda la ciudad.

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