Felices juntos

Entradas de Marzo 2007

Piso superior

Marzo 30, 2007 · No hay comentarios

techo1.jpg

Categorías: Fachadas

El día que Dorrego conoció a Poe

Marzo 30, 2007 · 2 comentarios

dorrego.jpg 200px-edgar_allan_poe_2.jpg

¿Y si Manuel Dorrego, exiliado en Baltimore, hubiera conocido a Edgar Allan Poe? Tal la pregunta que cruzó repetidas veces por mi cabeza mientras leía la parte en la que Pueyrredón manda al exilio al primero, en el libro “El loco Dorrego”, reciente publicación de Hernán Brienza.
Revisando, sin embargo, supe que cuando Dorrego llegó a Baltimore, ya adulto, Poe no pudo haber tenido más de 8 años, sin contar que se encontraba, justo en ese momento, en Inglaterra.
Como sea, estas realidades no responden a la pregunta, que puede reformularse así: ¿Y si Dorrego hubiera conocido a Poe, de todos modos? Si hubieran tenido más o menos la misma edad y por casualidad se hospedaban en la misma pensión o conversaban incidentalmente en alguna taberna, ¿qué habría visto el uno en los ojos del otro? ¿De qué podría haber hablado un defensor de los valores federales y de la causa latinoamericana, luchador valiente, herido repetidas veces en combate, socarrón y orgulloso, con el padre del cuento policial, genio de la literatura de terror, poeta musical y torturado, inspiración de miles de escritores -y lectores- que vinieron después de él?

Categorías: Preguntas preguntas...

Nuevo proyecto de Nicolás Cuevas

Marzo 26, 2007 · 2 comentarios

8649058.jpg

¡Qué emoción! Nueva banda de Nick Cave, formada por su larga y reverenciable figura y otros tres bad seeds. De a ratos, un garage (uno más bien elegante). Es todo lo que diré; la crítica musical se me hace aburridísima. Mejor entrar aquí

Categorías: Música

La Coatlicue

Marzo 25, 2007 · No hay comentarios

cuatlicue1.JPG

Hace poco estuve unos días en México D.F. y con Gonzalo dedicamos la mayor parte de uno de ellos al Museo de Antropología, fantástico lugar en el que uno se olvida de todo ante los silenciosos objetos que poblaban las antiguas cosmogonías de esas tierras. En la sala de la cultura Mexica (o Azteca) me encontré con un señor que estaba dando una clase a futuros guías de turismo. Me sumé y aprendí, por ejemplo, que el calendario azteca NO ES un calendario, hombre, y también descubrí a la Coatlicue, la divinidad más extraña de la que he sabido. Es la diosa de la vida y de la muerte, a la vez de la fertilidad y del inagotable instinto violento del hombre. Tuvo 400 hijos -las estrellas-, y una hija, cuya cabeza decapitada se convertiría en la luna. Es madre también del terrible Huitzilopochtli, de quien se embarazó mágicamente, al caerle, mietras barría, unas plumas desde el cielo.
Coatlicue significa “la de la falda de serpientes”, y es que lleva una formada por serpientes entrelazadas, rematada en un cinturón adornado por un cráneo humano.

cuatlicue2.jpg

La figura está decapitada y sobre su cuello emergen dos cabezas de serpientes enfrentadas, que producen el efecto visual de un solo rostro frontal. Sus manos son garras, sus pechos llamativamente flácidos (y es que dio tanto de mamar), y alrededor un collar de corazones humanos. La diosa, además, está menstruando.

Categorías: Muestras

Un ent en Belgrano R

Marzo 24, 2007 · No hay comentarios

arbol_2.JPG

Categorías: Fachadas

¿Cuándo llega?

Marzo 23, 2007 · 2 comentarios

200px-inlandempirepost.jpg

¿A qué horas arriba a Buenos Aires “Inland Empire”, la última película de David Lynch? Un amigo me dijo que son “tres horas de horror puro” y que “Mulholland Drive” es una comedia ligera al lado de ella. Actúa Laura Dern, a quien recordarán en famosas películas del director, como Terciopelo Azul y Corazón Salvaje, y también en otras como Jurassic Park I y III (por qué no sale en la II es un misterio).
Parece que Lynch ha citado el fragmento de un antiguo Upanishad para referirse a Inland Empire. Dice así: “Somos como la araña. Tejemos nuestra vida y luego transitamos por ella. Somos como el soñador que sueña y luego vive en el sueño. Esto es cierto para todo el universo.”

Categorías: Preguntas preguntas...

Eufemismos

Marzo 21, 2007 · No hay comentarios

inodoro.gif

Presta a ver Futurama, me encuentro con María Laura Santillán proponiendo el “Desafío Activia”. Ya era bastante desagradable tolerar la publicidad testimonial del rosado producto, con mujeres (¿cómo habrán anunciado el casting? Para hablar de caca, eligieron gorditas y señoras que pasan los 55. Las rubias de 1.80 no van al baño); decía, que ya era bastante desagradable escuchar las muchas perífrasis y rodeos en boca de ceñudos testimonios. Ahora te proponen el desafío, que consiste en tomar el yogur durante 15 días “y si no te funciona, te devolvemos el dinero”. ¿Cómo diablos uno puede probar que no le ha funcionado? ¿La Serenísima envía a un empleado que hará las veces de testigo y que convivirá con la familia-objeto durante dos semanas? ¿Ponen un detector en el inodoro de quienes se suman al inefable reto? Preguntas, preguntas…

Categorías: Preguntas preguntas...

Dear Mr. Lovecraft

Marzo 20, 2007 · 4 comentarios

Original de la nota publicada en diario Perfil, Buenos Aires, Argentina, 11/03/07

Quienes hace 70 años tenían por costumbre leer los obituarios de la edición vespertina del Providence Journal, se encontraron con el siguiente resumen: “H.P. Lovecraft de Providence, R.I., falleció ayer en el Jane Brown Memorial Hospital. Tenía 46 años. El Sr. Lovecraft vivió casi toda su vida en Providence. Era escritor”.
La ciudad de Providence es la capital del estado de Rhode Island, el más pequeño de Estados Unidos (cabe varias veces en Tucumán) y también uno de los menos célebres. Ubicado en la costa noreste del país, fue sin embargo la primer colonia en proclamar su independencia de Inglaterra y más tarde la última en adherir a la Constitución de la nueva nación. Sus habitantes deben resignarse a que buena parte de sus compatriotas confunda continuamente su tierra con una isla, o que sólo pueda describirla como el paso obligado entre Boston y Nueva York. Dicen que cobró algún renombre a nivel nacional a partir de la emisión de la olvidable serie de NBC “Providence”, en el aire entre 1999 y 2002 y filmada, en realidad, en Hollywood. Bien lejos de la acotada fama televisiva, la comunidad académica reconoce en la Universidad de Brown a una de las más prestigiosas instituciones educativas de Estados Unidos. Fundada en 1764, se eleva sobre el pintoresco barrio de College Hill, poblado de grandes casas coloniales con torrecillas de cúpulas cónicas u octogonales y no menos de tres chimeneas. Por sus calles, durante la noche, le gustaba caminar al joven Howard Phillips Lovecraft. El obituario del comienzo no podía prever que el escritor sería más adelante traducido a una docena de idiomas, objeto de cientos de estudios y comparado con su admiradísimo Edgar Allan Poe. Lovecraft tampoco podía saberlo.

Providence

A H.P. se le han adjudicado varias funciones: padre de la ficción macabra, mentor del horror cósmico, creador de una de las cosmogonías más excéntricas del siglo XX. Cómo un hombre conservador, puritano y enamorado de los valores dieciochescos, llegó a concebir a esos seres Primordiales que poblaron la tierra hace millones de años, dotados de una sabiduría completa y de un aspecto aterrador, será siempre parte del misterioso proceso de la creación humana. Sin embargo, aparecen algunas pistas cuando se conocen ciertos datos sobre su vida. Lovecraft nació en la calle Angell 454, en casa de su abuelo paterno, el 20 de agosto de 1890. Casi no conoció a su padre, quien fue internado en un sanatorio para enfermos mentales cuando Howard tenía tres años. Su madre, Susie, vivió la locura y muerte de su esposo con enorme dramatismo y volcó todas sus neurosis en su pequeño hijo. A la vez que lo sobreprotegía y lo consentía en todo, le decía a la gente que era “feo” y le contagiaba de toda su imaginería sobre enfermedades nerviosas y debilidad congénita. Como consecuencia de esta peculiar crianza, Lovecraft se convirtió en una criatura nocturna con gran afición a los dulces y que detestaba los platillos “difíciles”, como el pescado. A la vez sufría recurrentes crisis nerviosas y síntomas de hipersensibilidad, previsiblemente de origen psicosomático, que le impidieron terminar el colegio y entrar en la universidad de Brown, como había soñado. Esto no impidió que fuera una persona asombrosamente precoz y culta. Creció rodeado de la enorme biblioteca de su abuelo, Whipple Phillips, hombre instruido y aficionado a la astronomía. A los cinco años Las mil y una noches se convirtió en su lectura favorita, y por esos tiempos se dio el apodo de “Abdul Alhazred”, que en su obra adulta se convertiría en el árabe loco, autor del libro maldito Al Azif o Necronomicon. También le gustaban los libros antiguos y de ellos conservó para su propia literatura los arcaísmos ingleses. En esa biblioteca, además, descubrió tempranamente a Edgar Allan Poe.
Tiempo después se entusiasmó con la química y la astronomía, llegando a publicar boletines científicos que repartía entre parientes y compañeros de juego. Su vida sufrió un traumático giro a la muerte de Whipple; la decadencia de la fortuna familiar y la acotada herencia llevó a su madre a mudarse al piso bajo de una casa cercana. Respecto de esta mudanza, años después Lovecraft escribía: “sentí que había perdido mi completo ajustamiento en el cosmos”. Dicen que por entonces contempló la idea del suicido, pero también fue por entonces que inició, sin saberlo, su legado literario. En 1905 dio forma a “La bestia de la cueva” y en 1908 a “El alquimista”. Ese año abandonó la escuela secundaria, y se convirtió prácticamente en un recluso, pasando largos períodos de embotamiento hasta 1913. Susie nunca hizo nada por que su hijo se preocupara por obtener medios de vida y éste, convencido de que su falta de salud le impediría sostener cualquier empleo, nunca se ocupó de emprender seriamente un oficio. Por entonces ambos gozaban en el vecindario de una fama de, por lo menos, “raros”. A Lovecraft le gustaba dar largos paseos nocturnos por College Hill. Su figura era tan larga y su tez tan transparente que solía asustar a los niños que jugaban por ahí. Su paso, sin embargo, era animado, y es que las casas solariegas, las cúpulas de mármol o bronce enmarcadas por los antiguos árboles y el silencio casi espectral que se cernía sobre toda la colina, le hacían entrar en una especie de trance mágico; dicen que perdía la noción del tiempo y que no reconocía a nadie que se le atravesara. Susie, por su parte, y ya mostrando los signos de locura que la llevarían años después al mismo sanatorio en el que muriera su marido, decía nerviosa a algunas vecinas que había criaturas misteriosas detrás de los edificios, acechando en cada esquina.

Sus aventuras

En 1913 Lovecraft abandonó felizmente su etapa de postración, cuando armó un debate epistolar respecto de una publicación en la revista pulp The Argosy. Su prosa llamó la atención de la Asociación Nacional de Periodistas Aficionados, que lo invitó a formar parte. De esta manera H.P. publicó durante ocho años su propio diario, The Conservative y colaboró con ensayos y poemas en muchos otros. También retomó la literatura con “Dagon” iniciando el verdadero mundo de ficción lovecraftiana. Aceptó trabajos de edición y corrección de textos, que le supusieron algún ingreso aunque siempre fue demasiado generoso a la hora de cobrar.
Mantuvo una nutrida correspondencia con otros aficionados y recibió visitas. Éstas cuentan que cuando su madre estaba por casa, Lovecraft se mostraba retraído y nervioso; en cambio cuando los encuentros eran fuera, era locuaz y dueño de un excelente sentido del humor.
Su madre fue internada con una crisis nerviosa en 1919 y en 1921 fallecía tras una operación. La muerte fue un duro shock para Lovecraft, pero las dos hermanas de Susie, Lillian y Annie, decidieron cuidar del no tan joven de 31 años que, una vez más, no tuvo que hacerse cargo por completo de sus medios de vida.
En julio de 1921 conoció en Boston a su futura esposa, Sonia Greene, una mujer judía siete años mayor que él. El racismo y antisemitismo en Lovecraft son tan reales como contradictorios, y su enlace con Greene, una de las pruebas más evidentes de lo laxas que podían ser sus afirmaciones. Durante sus últimos años Lovecraft abandonaría o moderaría sus ideas reaccionarias, fruto tanto de la sociedad conservadora en la que había crecido y de su crianza de niño mimado, como también, tal vez, de sus propias inseguridades e impotencia para hacerle frente a los deberes más básicos de la vida.
Se casó con Sonia en Nueva York y era ella quien sostenía económicamente el hogar. Él entretanto había logrado colocar algunos cuentos en la revista Weird tales y escribía para el escapista Houdini. Al principio estaba muy entusiasmado con la ciudad y tuvo una vida social activa. Pero al cabo de dos años volvió a Providence sin su mujer, hastiado del progreso irrefrenable de la gran urbe y de todas las “etnias” que llegaban a asentarse día a día.

Su regreso

Lovecraft se mudó con sus tías al nro. 10 de la calle Barnes, y lejos de encerrarse en sí mismo viajó bastante, continuó escribiendo cartas (unas diez por día) e inició la etapa madura de su literatura, la que más adelante su protegé, amigo y editor post-mortem August Derleth daría en llamar “Los mitos de Cthulhu”. Relatos como “El caso de Charles Dexter Ward”, “La sombra fuera del espacio”, “El morador de las tinieblas” y “El llamado de Cthulhu” transcurren por completo en Providence y en casas de College Hill, donde sus personajes, en su mayoría científicos eruditos, se ven forzados a rendirse ante la evidencia de que antiquísimos horrores pueblan el cielo, y su prole las oscuras profundidades del mar, esperando el momento en que alguien de nuestra especie –diminuta, insignificante- abra la puerta dimensional que despierte a sus dioses y les permita volver. Según Lovecraft, la gran epopeya de estos seres fue escrita por Abdul Alhazred en el Necronomicon hacia el año 700. Varios de sus corresponsales más estrechos, como Robert E. Howard, Clark Ashton Smith y Robert Bloch escribieron en la misma línea, en lo que se conoció más adelante como “El círculo de Lovecraft”, y en el que abundaron muchos otros libros ficticios (De Vermis Mysteriis, el Libro de Eibon, los Manuscritos Pnakóticos). Lovecraft es puntilloso al describir las gigantescas ciudadelas en las que vivían estos Primordiales, y el género bizarro está en deuda con sus tentaculares criaturas. Los años transcurrieron. Su querida tía Lilian murió y se mudó por última vez de casa, con su tía Annie, al 66 de College Street, en 1933. Cada vez se le hacía más difícil vender sus relatos, largos y demasiado complejos para las revistas de ciencia ficción, por lo que se ganó la vida corrigiendo e incluso escribiendo para otros autores. Muy tarde le diagnosticaron cáncer intestinal; fue internado en el hospital Jane Brown el 10 de marzo de 1937, donde fallecía 5 días después.

Sobre sí

¿Qué tan en serio se tomaba Lovecraft a sí mismo? Una sola mala crítica contra diez buenas lo obsesionaba; un rechazo lo devastaba. Recurrentemente pensó en abandonar el oficio pero nunca pudo, del mismo modo que nunca pudo ser feliz lejos de Providence. Sus extrañas fantasías eran acaso el tributo a la ciudad que tanto amaba. En su ensayo “Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos” de 1934, escribe: “Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol”. Providence era para él ese mismo sueño vuelto vigilia. En sus relatos, la vividez con la que describe las ciudades, las cúpulas, las iglesias y los retorcidos árboles, son más inquietantes que los Primordiales, los soggoths o los descendientes malformados. En una carta que escribió a su tía en 1926 admitió: “Mi vida no está entre la gente, sino entre el entorno físico. Mis afectos locales no son personales, sino topográficos y arquitectónicos. Soy dogmático sólo en la medida en que digo que debo tener a Nueva Inglaterra, de una manera o de otra. Providence es parte mía: Soy Providence”.

l_pida.jpg

El mejor corresponsal de la historia

Para alegría (o pánico) de los biógrafos, Lovecraft llegó a escribir por lo menos 100 mil cartas y a mantener simultáneamente entre cincuenta y cien corresponsales. Generalmente respondía a las misivas que recibía el mismo día y si se demoraba un poco se excusaba en todo el primer párrafo. Buena parte de su epistolario se encuentra hoy en la biblioteca John Hay, de la universidad de Brown y cualquiera puede acceder a su lectura, pero a través de ordenadas fotocopias. Su letra es apretada, achatada y no del todo legible en un primer momento. Solía terminar las cartas con un “¡Dios salve al Rey y a las plantaciones de Providence!”, o firmando con un “Abuelito”, en lugar de su nombre. A su tía Annie la llamaba “Mi querida nietecita” y a sus compañeros escritores les ponía apodos, como “M. le Comte d’Erlette” a August Derleth (nombre utilizado en sus ficciones para el autor del Culte des Goules) o “Mortonius” a James F. Morton, quien a su vez se llamaba a sí mismo “Plantagenet” y llamaba a Lovecraft “Glorioso Guardián de Glamorosa Grandeza Georgiana”. Buena parte de sus cuentos se encuentran en dorsos de cartas recibidas, como el manuscrito completo de “El que susurra en las tinieblas”. Las notas iniciales de “En las montañas de la locura”, están en un sobre en el que ya no puede distinguirse el remitente. Allí incluso dibujó el diseño de los “soggoths”, con puntillosas descripciones de su fisonomía y de sus colores.

love4.jpg love41.jpg

Categorías: Libros

El itinerario Dostoievski

Marzo 17, 2007 · 3 comentarios

Le recomendé a Fede comenzar por “Crimen y castigo”, seguir con “Los hermanos Karamazov” y terminar con “Los demonios”. Cuando uno termina con “Los demonios” está listo para no leer nunca más nada de Dostoievski, y también preparado para releerlo cuando le venga en gana, digo. No he tenido en cuenta el orden cronológico de las obras como criterio de mi recomendación; de hecho sospecho que “Los hermanos Karamazov” ha de haber sido escrita después de las otras dos. Tampoco soy una experta en su obra ni mucho menos; aparte de esas tres novelas he leído la cortísima “Corazón débil”, que me partió el corazón, y “Nietochka Nezvanova”, novela inconclusa, con un protagónico femenino sufrido y probablemente homosexual, ay ¡si hubiera terminado de escribirla!
No. Mi criterio de recomendación se ajusta más bien al orden en el que yo casualmente leí los tres libros. Pero además se ajusta a un itinerario en el que, desde mi entendimiento, el autor fue capaz de redimir a todas sus criaturas, a todos sus atormentados seres, de una manera o de otra, a través del amor, a través de Dios, a través de una profunda invocación moral que ilumina el camino que se abandonó. Pero llegó un punto en el que ya no pudo hacerlo. Porque los demonios son demonios. Period. Hay gente irredimible: los fanáticos y los que son capaces de tomar la vida más inocente, la de un niño. Ahí están sus demonios. Ahí están los demonios.

Categorías: Libros

Artefactos para mejorar la vida

Marzo 16, 2007 · No hay comentarios

keyfinder.jpg
Se han inventado este aparato. Si uno silba, el llavero responderá “bip bip”, facilitando su encuentro. También seguro que viene el perro, pensando que lo van a pasear. Según el mail que me llegó, te lo regalan con la compra del “Spy ear”, un audífono que te permite escuchar conversaciones hasta a 20 metros a la redonda. Vuélvase loco en el subte con la compra del spy ear. Sea el hipócrita mas impune con la compra del spy ear. Igual seguro que no funciona.

Categorías: Ocurrió un día

El niño borrasca

Marzo 15, 2007 · 5 comentarios

060309_conelviento.jpg
El caso de los denominados “niños borrasca” probablemente se remonte a los tiempos del imperio astro-húngaro, cuando el pequeño Heinz Bekunin se vio sin querer envuelto en una masiva estampida de eslovenos mientras repartía golosinas a sus compañeros de juego. Los registros de su hermana mayor, dueña de un dispensario de alimentos, dan cuenta de la experiencia: “Heinz sustrajo peladillas y bastones de anís de la vitrina de mi pequeño negocio de la calle K. aprovechando mi diálogo con la señora Taaffe. Debo decir que no era la primera vez que el diablo de Heinz me robaba resguardándose en la sombra que el enorme trasero de la Taaffe proyectaba sobre el escaparate. Si bien me di cuenta del hecho, no reprendí a mi hermano porque era la víspera de su cumpleaños. Unos instantes después se oyeron gritos y corridas y ambas quisimos ver qué ocurría. Unos 100 eslavos, incluyendo al joven Farkas, que alcanzó a lanzarme un beso con la mano mientras yo me empeñaba en desatorar a la señora Taaffe del marco de la puerta, corrían calle abajo al grito de ‘¡Abajo Auersperg!’ No vi a Heinz por ningún lado y temí que su pequeño cuerpo hubiese sucumbido al paso de los manifestantes. Sin embargo, cuando éstos se alejaron, pude distinguir a Heinz erguido e ileso en el centro mismo de la calle. No parecía haber notado lo ocurrido, salvo por el hecho de que sostenía las manos repletas de golosinas en alto, en un evidente esfuerzo de protegerlas de los empujones”.
No obstante este impopular precedente, la secreta institucionalización de los niños borrasca llegaría varias décadas después. Su primer responsable intelectual fue Gilles, fanático parisino de los Rolling Stones durante los ’80, quien, a la edad de 18 años, le ofreció un trago de su agua mineral a una atractiva joven que tarareaba “Angie” en una presentación en vivo de la banda. Los lentos compases de la canción no evitaron que Gilles perdiera el equilibrio entre la multitud y volcara el agua encima del cabello de la chica, lo que le valió una masiva golpiza de los muchachos que la acompañaban, infiltrados fans de Motorhead. Recuperado de su hospitalización, Gilles mantuvo una reunión secreta con el Ministro del Interior, quien tras intenso diálogo, tres botellas de vino y la promesa de conseguirle el teléfono de la chica que tarareaba “Angie”, accedió a crear en el ala izquierda de la neonatología de P. el primer proyecto piloto de lo que se denominó entonces “chicos sostén”. Tras intenso diálogo y tres botellas de vino, los padres primerizos accedían a colocar vasos en las manos de sus bebés, bajo la atenta mirada de Gilles, quien, provisto de un cronómetro y ajeno al bullicio dado por las apuestas que comenzaron a correr entre los padres, hacía anotaciones diarias en su libreta gris. Al cabo de un mes comprobó que sólo Sebastian, un niño de complexión robusta, era capaz de sostener su vaso por más de tres segundos seguidos. “Esto no marcha”, solía suspirar Gilles por los pasillos, sin que los familiares presentes, embargados ya en partidas de dados y chanzas de todo tipo, le prestaran atención alguna.
Fue la agudización de la Guerra Fría, unos meses después, lo que dio el impulso definitivo a la idea de Gilles. Un contraespía norteamericano, vestido de enfermero, que investigaba la actividad comunista en la neonatología de P., se hizo con la libreta gris del joven mientras éste jugaba “Simón dice” con los padres de Sebastian. Al comprobar que, salvo el teléfono de una tal Anne Marie la libreta carecía por completo de interés, secuestró a Gilles y lo interrogó en el cuarto de la limpieza. So pena de apropiarse de su camiseta de los Rolling Stones, le hizo confesar los alcances del proyecto. De vuelta en Estados Unidos, este hombre, a quien llamaremos en adelante Mike, abandonó el espionaje y creó en Miami el Primer Centro de Atracción, Elección y Entrenamiento de Niños Sostén del mundo, que se vino abajo el día de su inauguración tras el paso del huracán Henrietta. Ante el desastre y casi vencido, alquiló para distraerse “El Imperio Contraataca” con el poco dinero que le quedaba. Las sabias palabras de Yoda “Usa la fuerza, Luke” convencieron a Mike de que podría utilizar los caprichos de la naturaleza a su favor. Esa noche en individual ceremonia, rebautizó el proyecto de niños sostén al más apropiado de “niños borrasca”. A la mañana siguiente telefoneó a Anne Marie quien se trasladó de inmediato, junto con los fans de Motorhead, a Miami. En la primera sesión de brain storming llegaron a la conclusión de que los escasos 20 dólares y 18 centavos que habían reunido entre todos no alcanzarían para levantar de nuevo la institución. La idea de Anne Marie de redactar un informe y elevar un proyecto al Congreso para que se incluya la selección de niños borrasca en el presupuesto nacional de 1986 tuvo gran acogida en el grupo, pero fue rechazado por la cámara de diputados por contener “vergonzosas faltas de ortografía”. Decidieron, pues, volcar sus esfuerzos hacia el ámbito privado. Tamaña decisión requería en primer lugar una investigación de mercado, por lo que hicieron un detallado relevo de todos los recitales a tener lugar en Miami, Seattle, Washington D.C. y Nueva York. A Paul, quizás el más aguerrido de los amigos de Anne Marie, no le hizo gracia tener que asistir a la presentación de Michael Jackson. Salvo su incontenible llanto y la seguida comprobación de que no contaban con dinero suficiente para viajar a ningún lado, la investigación fue un éxito. Mike asistió emocionadísimo a la popular de Mike and the Mechanics en el Civic Center de Miami y pudo comprobar en carne propia lo que Gilles le dijera en el cuarto de limpieza, casi un año atrás: “El expendio de bebidas es un desastre. Necesitamos hombres que puedan hacerlo”
Fue así como convocaron a las firmas de bebida cola más importantes del mundo, y no fue poca su decepción al comprobar que sólo dos respondían al llamado. Sin embargo, con los aportes y el entusiasmo de ambas, que acordaron no competir salvajemente hasta que la primera generación de chicos borrasca estuviese lista, se reestableció el instituto que recibió el curioso pero comprensible nombre de “Mike and his mechanical project”. Con semejantes inversores no fue difícil llegar a instancias gubernamentales, con lo que finalmente se instauró a nivel nacional la Prueba Infantil Obligatoria (IOT por sus siglas en inglés) para la selección de chicos borrasca. Inspirados en las primitivas ideas de Gilles, sus gestores dieron rienda suelta a una creatividad más osada al diseñar bandejas que, aferradas desde su centro con una sola mano, pudieran contener a la vez veinte vasos de bebida cola.

156753.JPG
La Prueba Infantil Obligatoria consistía en lo siguiente: el patio trasero del instituto se diseñó de manera tal que no estuviera al resguardo de los fuertes vientos tropicales. Cuando el niño o niña estaba en edad de caminar, se lo depositaba en el centro del patio con la mencionada bandeja sobre alguna de sus manos y se le pedía que caminara hacia sus padres (por quejas de organismos de derechos humanos, no se permitió llenar los vasos durante las pruebas ni realizarlas durante huracanes que superaran el grado 2). Hay que decir que sólo una ínfima minoría concretaba el objetivo, pues casi todos tropezaban al dar el primer paso, ya sea porque el viento los tumbaba o por alguna imperfección del suelo. Tales chicos eran despedidos de inmediato. No obstante, aquellos que sólo veían alterado su peinado, pues ni su gesto se veía influenciado por las particularísimas circunstancias, y que caminaban impávidos hacia sus progenitores, eran separados y entrenados, prácticamente desde su nacimiento para formar las flamantes huestes de chicos borrasca.
Años después los chicos borrasca se han globalizado. En cualquier lugar del mundo en el que tenga lugar un recital de rock, van con su bandeja, ora de una firma de bebida cola, ora de otra, sorteando la muchedumbre sudorosa, adentrándose en sitios que hasta los jóvenes menos uiciosos se niegan a pisar. Las conocidas avalanchas no parecen tocarlos, el mosh y el pogo no los intimidan. Valientes persiguen ese único objetivo de vaciar la bandeja para llenarla de nuevo. Como Heinz con sus bastones de anís, poseen un don primigenio que sólo unos pocos pudieron avizorar, y otros tantos supieron explotar comercialmente. No sólo la saciedad les debemos, sino también un eximio ejemplo de templanza y sobriedad.

En una próxima entrega: De por qué los chicos borrasca siempre tienen cambio.

Categorías: Relatillos

Fabulario

Marzo 12, 2007 · No hay comentarios

otra-vez2.jpg castroso.jpg

Con Gonzalo fuimos a la Casa del Lago, en los Bosques de Chapultepec, México D.F. Hicimos bien, porque conocimos la obra del mexicano Marcos Castro. Una extraña, bella y delicada pesadilla; la naturaleza animal frente al abismo de la soledad, a la amenaza de muerte, a la hermosura del paisaje. Las criaturas que no pueden volar frente a las que sí, los fuertes engendrando a los más débiles, y los más débiles devorándolos. Naturaleza animal como naturaleza humana. Cada cuadro, un cuento maravilloso.

osofoto031.jpg

Categorías: Muestras

Sobre los cuidadores de arte

Marzo 12, 2007 · No hay comentarios

Psé, yo también me estreso en los museos. Siempre me da un no sé qué en la panza cuando meto las manos a los bolsillos y rozo las llaves de casa, con las que tan sencillamente podría arruinar “Las damiselas de Avignon” o “Las meninas” o ¡ups! perdón, y un Rodin al suelo o qué barbaridad, me pasé con el vino tinto y derramé un poco sobre la obra vedette de la inauguración y así. El Guernica tiene a dos mujeres con faldita azul y camisa blanca flanqueándolo. Ellas están pensando en cualquier cosa; están fritas de ese cuadro y de las multitudes y los tours y los contingentes de estudiantes y muy especialmente de los sujetos que pontifican ante la obra. Están fritas de no permitir que la gente se siente en el piso o se acerque a menos de 3 metros. “Noche estrellada” de Van Gogh tiene a un policía a su izquierda, y la colección más oscura de El Greco, en El Prado, tiene de cuidadora a una simpática y correcta mujer con anteojos y trajecito. Es un trabajo extraño. Si una persona destinada a cuidar determinada obra de arte no tiene ninguna sensibilidad artística -puede pasar-, ¿qué opinará de su trabajo? ¿Qué piensa sobre tanta gente embelesada ante la obra que él o ella mira sin interés y eventualmente con rencor cada mañana? ¿Y qué tan rápida sería si pasara un loco por allí con su manojo de llaves y se arrojara de repente sobre la obra? Yo también estaría estresada y pediría aumento de sueldo si fuera una de esas personas. De todos modos me pregunto cuánto ganarán, y quiénes ganarán mejor, ¿Louvre, Prado, Reina Sofía, Metropolitan, Moma…, Malba?

Ved este link

Categorías: Preguntas preguntas...

Si no te dan el arma a tiempo…

Marzo 11, 2007 · No hay comentarios

selby.jpg

Estoy leyendo un libro llamado “Waiting period”, de Hubert Selby Jr., autor de “Requiem para un sueño” entre otras muchas amenidades. Va bien; escrito en primera persona (una que se hace pesada de a ratos, hay que admitir), trata de un suicida que tras analizar las desventajas de tomar pastillas para dormir o cortarse las venas, decide pegarse un tiro. Pero cuando va a comprar el arma se entera de que no se la darán de inmediato, que hay un “tiempo de espera”, en el que nuestro héroe, al final, decide que mejor que matarse sería matar a quien lo ha hecho miserable durante tanto tiempo.
Va y lo hace.
Y luego de matarlo… ¿qué? Bueno, justo estoy en esa parte.

Categorías: Libros

Instrucciones para decirlo todo

Marzo 10, 2007 · No hay comentarios

confes3.jpg

Categorías: Ocurrió un día

Museo de cera

Marzo 10, 2007 · 2 comentarios

El museo de cera del México D.F. está desde hace varias décadas. Fui por primera vez por el año 1980. Recuerdo que salí aterrada con el subsuelo, que es una galería de terror. El piso de arriba casi que también: está lleno de políticos y figuras de la farándula. Acá va una muestra del mismo, comenzando por quienes te dan la calidísima bienvenida:

presis.jpg

¡Nada menos que Felipe Calderón con Obrador mirándolo con recelo…!
También vemos a la reina de Inglaterra:

reina.jpg

¿Es ella o Jimmy Carter con peluca, una vez que Jimmy Carter pasó de moda?
Después tenemos al subcomandante Marcos. No adjunto foto porque podría ser también cualquier otra figura pasada de moda, total que tiene puesto un pasamontañas.
También podemos encontrar al señor Buch. Ouch.

buch.jpg

Categorías: Muestras