Felices juntos

Hordas en la feria del libro… ¿pa qué?

Mayo 7, 2007 · 2 comentarios

“La noche de la feria” fue un evento organizado por la muy culturosa administración Telerman. Miles y miles de personas pudieron entrar gratis a la rural el 27 de abril, entre las 21 y las 2 am. Yo había ido a trabajar; tras asistir a la charla convenida me fui a la sala de prensa a escribir y enviar el artículo (a propósito, la “sala de prensa” si así podemos llamarla, estuvo muy mal ubicada y administrada y contaba con 4 computadoras que carecían de word y en cambio tenían uno de esos procesadores básicos de texto que escriben todo en una línea que dura metros y que no se puede editar, what the hell…). Cuando hube terminado, ¡zas! comprobé que se habían hecho las 9 de la noche con el mismo horror con el que Cenicienta escuchaba las campanadas de la medianoche, con el que E.T. veía a su nave alejarse hacia el espacio, etc. Durante minutos y minutos no pude entrar ni salir, no pude moverme de donde estaba. Porque miles y miles de personas que “de pronto leen” entraban en masa, desbocadas por ingresar al predio híper-iluminado, colorinchemente alfombrado, altamente pabellonizado, a empujarse y atolondrarse. Me resulta muy anti-libro toda esa historia. Voracidad de la fea. What-the-hell…

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2 respuestas hasta el momento ↓

  • Cristian // Mayo 11, 2007 a 1:00 p05 | Responder

    No es de extrañar semejante comportamiento… Ya todos sabemos lo débil que es nuestra especie ante todo aquello que sea gratis… Es quizá el espíritu ventajero que tenemos, que nos hace creernos unos simpáticos vivarachos por haber conseguido algo gratis, mientras los demás giles lo pagaban… Aunque sea algo que no usamos, como pañales para adultos o botas de nieve… Aunque sea sólo en apariencia gratis, y a la larga después salga mucho más caro que si lo hubéramos pagado en el momento… Como esas remeras que decían “Menem Presidente” que regalaban por ahí… ¿Alguno se puso a pensar lo caro que nos salieron esas putas remeras? Yo no quiero ni pensarlo… En fin, para combatir esta epidemia de gratarofílicos, propongo distribuir stands estratégicamente ubicados, en los que se regalen vasitos con arsénico… El sentido común invitará a los paseantes a alejarse. Pero el instinto ventajero será más fuerte “¡Mirá, arsénico gratis!”. Y así lograremos dismunuir esta legión, creo yo, de una manera considerable… El detalle, el problema gravísimo, es cómo haremos nosotros, que mal que nos pese somos humanos, para no tentarnos también, como todos, y pegar el trago fatal. Habrá que pensarlo seriamente…

    PD: me da cosa usar este espacio tuyo cuyo objetivo calculo que es la eternidad virtual para hacer comentarios de entrecasa, que pierden validez en un segundo… pero he descubierto que este medio es más seguro que mandarte mails. avisote entonces que ya volví a mandarte el que se te había traspapelado… tratá esta vez de ser más cuidadosa, ni que fuera gratis el correo…

  • Ana // Mayo 11, 2007 a 1:00 p05 | Responder

    Jajajja Christian, te aseguro que este lugar no tiene otra aspiración que la de ser un cómodo y alegre espacio de entrecasa. A la eternidad virtual se pasa de otra manera (por ejemplo, siendo un famoso hacker y haciendo pedazos Microsoft). Tus comentarios me hacen reír mucho, lo que no es poco. Lo del arsénico gratis es genial, escribilo.

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