En mi caso, los dementores vienen sobre todo los domingos. Para ahuyentarlos es preciso pensar intensa y sostenidamente en algo feliz. Los boggarts son, en cierto modo, más sencillos: para combatirlos hay que mirarlos y ridiculizarlos en el tiempo que lleva una instantánea fotográfica, *click* y el boggart baila cumbia en calzoncillos arriba del escritorio del profesor de cívica de 4to año, *click* y el boggart comete torpezas encantadoras a lo Buster Keaton. El dementor no, a ese hay que atajarlo rápido. Ante las señales de su pronta aparición (el propio ceño se frunce, la mente se acalla antes del caos, la respiración se agita, el corazón se acongoja), hay que manotear la primera -y verdadera- memoria feliz que se tenga a mano, o varias, o todas, intensa y sostenidamente y ahuyentarlo al muy cabrón que viene a desesperanzarte el domingo.
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2 respuestas hasta el momento ↓
mauro // Agosto 15, 2007 a 1:00 p08 |
que loca fanática de Harry Potter
Ana // Agosto 15, 2007 a 1:00 p08 |
Bah, y eso que todavía no hablé del hombre con cabello como vilano de cardo que suele asomarse por encima de mi hombro cuando me miro al espejo los jueves por la mañana.