Felices juntos

La entrevista que no fue

Septiembre 1, 2007 · 2 comentarios

conwoody.jpg En el ADN de hoy sale Woody Allen en la tapa. Cada vez que veo a Woody Allen me da un no sé qué en el estómago. Porque en febrero estuve a punto de entrevistarlo… Fui a verlo al Café Carlyle de Nueva York, justo el lunes que empezaba la temporada de toques de la Woody Allen & The New Orleans Jazz Band. Las entradas estaban agotadas hasta mayo, pero si llegabas temprano podías sentarte en uno de los 6 o 7 banquitos de la barra, y ver el show por 30 dólares menos. Lo hice, reservando un lugar para mi amiga Gise que llegó al rato. Había que consumir algo. Lo más módico: copa de vino a 20 dólares. Lo hacemos. Entró finalmente Woody con su clarinete y yo con la idea fija de encontrar el momento de solicitarle una entrevista. A pesar de los nervios de no haberme dado otra opción que salir a su encuentro al término del show, disfruté mucho el concierto. Siete músicos sobre el pequeño escenario (en efecto, el lugar es pequeñísimo. Es el café de la planta baja del exclusivo Hotel Carlyle en Madison Avenue; un rincón art decó con muy poca capacidad. Puede verse en Hannah y sus hermanas, allí Woody Allen -Mickey- lleva a Holly a ver a Bobby Short en una muy malograda cita). Anyway, el show termina, y el barman ecuatoriano, con quien había trabado una casual amistad, me señala la puerta trasera por la que tendré que apurarme cuando Woody salga. Yo empiezo con las dudas “¿lo hago? ¿no lo joderé? ¿y si me trata horrible?” Entonces el barman perdió la paciencia y agitó su brazo en dirección a la puerta con un gesto autoritario de “¡APURATE MUJER!” Era lo que necesitaba, salgo corriendo. “Mr. Allen?, Mr. Allen?” y él disminuye el ritmo neurótico de sus pasos y se da vuelta para escucharme. Le digo que disfruté mucho el show, me agradece, le digo que quiero entrevistarlo para Ñ en Argentina, que soy periodista de cultura freelance, etc. Me dice que bueno, que tengo que llamar a su representante para ver si soy quien digo que soy, me dicta el teléfono, etc. Nos despedimos; mi amiga Gisela toma la foto, él se sube a un auto y parte.
Me pongo en campaña dos días después, llamo, escribo, me contacto con su representante en Londres, le mando muestras de notas, conversamos, etc. Me dan la entrevista finalmente, un mes después. Tal día, tal hora, tal calle. Emoción. Había estado ya trabajando, por las dudas. Tengo media hora para hablar con él así que hay que jerarquizar, sintetizar, pensar. Una fotógrafa amiga será quien capture íntimas instantáneas de la charla. Todo listo, all set. Falta un día, yo estoy almorzando frente a una computadora, haciendo otra cosa. Y entonces me escribe la representante “Llamame, ha habido un problema”. La llamo. Bueeeeno, resulta que en nuestro querido país comenzaba la campaña de promoción de Scoop; de algún modo Clarín Espectáculos se entera de que había una entrevista programada para Ñ. A a través de otros canales (la distribuidora de la película en Argentina y demás), había gestionando una entrevista (telefónica) y que Clarín tiene más tirada que Ñ y que sería absurdo darle al mismo medio dos entrevistas, me dice. Me azoro, insisto, que podemos publicarla cuando Scoop no esté en cartel, que no será una entrevista de coyunturas. La representante se disculpa mucho, nada que hacer. Nos despedimos, corto el teléfono con dignidad y sigo con mis cosas dignamente. Después ya no; al día siguiente estuve hecha una pichiruchi, llorona y contándole mi mal a quienquiera que tuviera delante. Me quedaban muy pocos días en Nueva York así que no había manera de gestionar una nueva entrevista para otro medio (lo intenté con Gatopardo, pero Woody Allen había sido tapa hacía no mucho).
La entrevista telefónica de Clarín Espectáculos salió cuando yo ya estaba de vuelta en Buenos Aires. No quise leerla, hasta que lo hice, unos días después. Ya por entonces se me había pasado la bronca, aunque no puedo decir que la publicación no la reavivara. Claro que no hubo zancadillas ni malas intenciones personalizadas. Lo que hubo fue la caja registradora del mercado cinematográfico, “que hace *chin chin* cada vez que se compra un boleto” a decir de mi hermana. Lo que hubo fue monopolio y el imperativo del rating. De cualquier modo, pienso, para consolarme, que después de todo a la entrevista la conseguí. Y a la vieja usanza periodística: yendo a buscar al entrevistado sin mediadores, sacando un valor de no sé dónde para hablar con él de la nada, gestionar todo sola y sin carnet, con el sólo antecedente de publicaciones y entrevistas previas, sin tener que vérmelas con multimillonarios y deseando con toda el alma poder conversar media hora con mi director de cine favorito.

Categorías: Freak-lance

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