Felices juntos

World Press Photo 2007

Noviembre 10, 2007 · 1 comentario

platt.jpg Bueno, esta tarde finalmente fui al Centro Cultural Borges a ver las fotos ganadoras del concurso anual World Press Photo. Las categorías son múltiples: vida cotidiana, noticias, deportes, arte y espectáculos, retratos, naturaleza y alguna se me escapa. Cada categoría está dividida en foto reportajes y fotografías individuales.
La muestra es difícil, siempre es difícil. La foto ganadora fue tomada por el estadounidense Spencer Platt en agosto del año pasado. Muestra a un grupo de jóvenes libaneses que recorre, sobre un convertible rojo, un barrio devastado del sur de Beirut, tras el cese de bombardeos por parte de las fuerzas israelíes. La foto es compleja; uno no puede dejar de mirarla por la cantidad de historias que allí se entrecruzan. En el primer plano vemos el coche, moderno, divino, brillante. El chico al volante, de perfil, con pelito largo y lentes oscuros. A su lado una chica rubia, con lentes oscuros también, una remera blanca apretada, aros redondos y grandes, mira la devastación con curiosidad. En el reflejo de sus lentes, si uno se fija bien, se ve al fotógrafo capturando la imagen. En el asiento trasero, una chica con un gesto difícil de descifrar, entre asqueada y nerviosa, toma una foto o manda un mensaje de texto desde su celular. A su lado, otra chica con lentes de sol se cubre la nariz con un pañuelo, y detrás de ella, vemos apenas a la última acompañante, también con lentes, también con remera blanca apretada. El segundo plano muestra todo el desastre: un edificio venido abajo, algunas personas que caminan, una mujer de espaldas, con el pañuelo tradicional sobre su cabeza. El jurado describió así esta fotografía: “Muestra la complejidad y las contradicciones de la vida real entre el caos. Esta fotografía te hace ver más allá de lo obvio…”.
¿A qué conclusiones llega uno tras mirar esa foto? Bueno, uno podría, con la intención de aprehenderla, hacer una comparación algo fuera de lugar. Pensaba entonces en un grupo de chicos de La Lucila yendo a ver un bombardeo en La Boca. O en Mendoza, lugar donde he vivido por años y que por tanto “aprehendo” mejor que Buenos Aires, un grupo de chicos del Dalvian yendo a ver un Dorrego bombardeado. Lo que cuesta son las caras en esa foto, qué diablos estarían pensando, qué se dijeron después, qué significa “capturar” una imagen, qué nos enseña, qué nos dice, por qué hipnotizan, por qué algunas fotos pueden meterse en el alma y no dejarte dormir. Eso de que “una foto vale más que mil palabras”, sobre todo cuando hablamos de fotoperiodismo, marca un límite tan borroso como peligroso. Una fotografía terrible, como las que algunos periódicos publicaron cuando la masacre en la escuela de Beslan, Rusia, en 2004, apela a nuestras emociones, a esa “primeridad” sin filtro que entra a nuestros corazones. Una fotografía que se enquista como una pesadilla tumorosa; yo todavía no puedo olvidar algunas imágenes que, sin querer, vi ese día y que todavía hoy me duelen. Una foto no vale más que mil palabras, es otra cosa, es otro registro. Y luego, también, están sus usos. ¿Para qué publicar tanta sangre, tanto dolor? ¿Para concientizar? Lo dudo. Dudo que Crónica publique lo que publica para concientizar acerca de nada. El poder de la foto ganadora de World Press Photo 2007, pienso, está en todo lo que no muestra. La razón instala su filtro antes que la emoción.
Por lo demás, una buena crónica periodística no necesita ninguna fotografía para ilustrarse.
Decía que buena parte de la muestra es dura. Hay fotos donde seguí de largo tras apenas un vistazo, como la de una mujer asesinada en Guatemala. Hay estilos distintos, marcas evidentes de un fotógrafo más artista que periodista, si cabe la distinción. Hay reportajes rodeados de silencio, como el de un hospital psiquiátrico en Burundi, para personas traumatizadas por la guerra. Hay reportajes desde el ruido, como las redadas de soldados estadounidenses en Irak o las violentas elecciones en Haití. Las fotos tienen -en general, cualquier foto- cualidades sonoras. Tienen esa extraña magia.
En la categoría “retratos” el primer premio se lo llevó un suizo que fue a Turkmenistán, a tomar fotos de la presencia constante en la ciudad del fallecido presidente Saparmurat Niyazov, que estuvo en el poder 20 años. Gigantografías por todos lados, su rostro contento hasta en los baños, imperdible. Imperdibles también las de Denis Darzacq tomadas en París a chicos que combinan capoeira, breakdance, hip hop y que vuelan sobre el papel fotográfico.
En deportes, vemos toda la secuencia del cabezazo de Zidane en el último Mundial. También, como reportaje, ganaron las imágenes del gimnasio Garrido, de São Paulo, Brasil, donde se entrena box con los recursos más insospechados. En fin, la muestra es grande, mínimo una hora para verla entera, dos horas para verla bien. La categoría “naturaleza” es bellísima, y de algún modo alivia. Porque uno recuerda que en el mundo también hay pingüinos, árboles y aves que no tienen idea de los horrores que habitan el planeta.

Categorías: Muestras

1 respuesta hasta el momento ↓

  • mike myers // Noviembre 12, 2007 a 1:00 p11 | Responder

    yo creo que los pinguinos y las aves e incluso los arboles, sì saben de los horrores que habitan este mundo. lo saben a travès de la poluciòn, el calentamiento y todos los males que el “progreso” de nuestra civilizaciòn le hace a la naturaleza. por lo demàs, buena la muestra y buena tu muestrario de la muestra. saludos.

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