que hicimos con Eugenia, aquí.
Entradas de Diciembre 2007
Una entrevista a Pedro Mairal…
Diciembre 24, 2007 · 2 comentarios
Categorías: Freak-lance
Como por ejemplo, Tailandia
Diciembre 21, 2007 · 2 comentarios
Entre los muchos programas insufribles que ofrece el cable, hay dos paricularmente insufribilísimos. Son “Wild on!” y otro que se llama “Sin cities”. En el primero, una american girl de lo mas boba viaja gratis a todas las fiestas del mundo, preferentemente en países miserables que a ella se le hacen exóticos, como por ejemplo, Tailandia. Se mete a bares repletos de turistas con la libido pegajosa a mil, entrevista a sus borrachísimos compatriotas y todo son luces intermitentes, caderas resbalosas, tragos de colores y agudos “Uuuuuuh!” “Yeaaaah baby!” “Way to go, buddy!”.
El otro, Sin cities, tiene como anfitrión a un inglés alto y sin gracia. También hace el tour mundial de la pobreza para ver cómo se la pasan los ricos allí. Y si en Wild on! el sexo es una promesa que disfrutarás después de partying all night long, en Sin cities el conductor se mete a lugares donde se ofrecen práctias sexuales exóticas, preferentemente y desde luego, para turistas. Ya bastante feo es verlo a él todo semidesnudo y lechoso ante una vietnamita sadomaso o metido en un jacuzzi con una oaxaqueña. Pero lo peor es ese halo de superioridad imperial que tiene él y todo el programa. Como Wild on!, se eleva sobre el convencimiento de que todos los espectadores son losers que no saben divertirse. Pero sobre todo, de que el mundo sólo transcurre en tres o cuatro países, y el resto es un lugar de recreo donde las frutas saben mejor y las putas son baratas.
Categorías: Preguntas preguntas...
Dear Mr. Salinger
Diciembre 15, 2007 · 6 comentarios
Dentro de unos días J.D. Salinger cumplirá 89 años.
Si le escribiera una tarjeta de felicitación, le pondría: Estimado J.D., perdone mi caligrafía. Quería agradecerle por haberme salvado de un aeropuerto, por atraer casualidades y por no dar entrevistas. Quería agradecerle por Holden Caulfield, por el cuento “El pececillo secreto” que me gusta imaginar, por ciertas descripciones suyas que se me quedaron para siempre y a las que vuelvo con gran deleite. El auto lleno de gente tras la ceremonia nupcial en “Levantad carpinteros…”, por ejemplo. Gracias por los ojos y oídos que me presta cuando lo leo.
Espero que pase un buen día, que los cumpleaños no lo depriman mucho. Lo espero de verdad, no miento, palabra.
Categorías: Ocurrió un día
Jaque se anuncia
Diciembre 8, 2007 · 1 comentario
En la provincia de Mendoza, un individuo llamado “Celso Jaque” está por asumir la gobernación. Ante una serie de críticas, ha declarado lo siguiente:
“Tengo la suerte de ser contador y en mi vida escribí
una poesía así que menos recité. Al ser contador sé lo
que significa pensar en grande, tener acción, tener
decisión. No quiero caer en estas cosas que no tienen
sentido porque a mí, como se dice, no me cabe el
saco…”
Categorías: Ocurrió un día
Palermo Halt!
Diciembre 7, 2007 · 6 comentarios
Ayer he ido al Alto Palermo con una amiga y su bebé. Ella tenía que cambiar unas prendas en una tienda de ropa. La tienda era bastante cara, digamos, en el orden de los $280 una remera a la cadera con un cosido de lentejuelas moradas. Me puse a mirar minis, camisas, zapatos, con el crío sonriente en brazos. Mi mano se encontraba una y otra vez con la de otras señoras, con la de otras chicas, todas como yo, en sintonía coreográfica toqueteando telas, extendiendo vestidos, poniendo caras de horror o gestos orgásmicos, concentradas en un mini trance mujeril, con los ojos bien abiertos a 20 cm de las prendas, haciendo esfuerzos por imaginar cómo nos quedarían. Una mujer se acercó y le hizo monerías al niño, pensando que yo era la madre y no la contradije.
Mi amiga estaba en el probador con un jean, una camisa, un cinturón y un vestido lila que ya había visto y que quería codiciosamente para mí. Ella me dijo “si nos queda bien, nos llevamos uno cada una”. Salía $118, una ganga comparado con el de junto, que estaba a $320. Pero $118 son $118 y yo una pobre trabajadora freak lance. Free lance pero con una tarjeta que me encajó el banco. Una tarjeta de crédito azul, brillante, impoluta, que dice mis dos nombres y mis dos apellidos en letras sobreimpresas plateadas. La tarjeta no tiene una sola deuda cargada. Y si pasás el índice por arriba, sin presionar demasiado, estarás tocando tu nombre.
¿Iría a cometer un tarjeticidio? ¿Iría a animarme por ese vestido de flores que caería como cascada por mi cintura, saltando sobre la cadera en un paroxismo de texturas suaves y redondeces, de deseos de ser vista, hasta alcanzar, satisfecho, mis rodillas?
Sí, iría.
Mi amiga se lo probó y no la convenció. Me lo probé y tampoco. El vestido, por fortuna, se veía mejor en la percha acolchada con florecitas. El negocio tenía perchas a lo Sarah Key, que te hacían sentir toda femenina y dulce. Luego salís y la luz del shopping te ofende y todo el fondo acopla, especialmente ahora que han puesto los adornos de navidad. Estábamos tomando un capuccino, y a dos metros volaba inmóvil una avioneta con un ayudante de Papá Noel encima. La hélice berreta de seis kilos daba vueltas, por encima de mi cabeza. Eran las cinco de la tarde. El shopping estaba lleno. “¿Nadie labura?”, nos preguntamos y luego nos callamos porque el burro hablando de orejas. Y muchas, muchas bolsas de compra. Gente tarjeteando por todas partes, endeudándose dos, tres, cuatro veces por encima de sus posibilidades. Los shoppings son la perversión a colores.
Al rato una mujer atravesó el patio de comidas, con la panza al aire, un niño de dos años en brazos, pidiendo monedas de mesa en mesa. A la nuestra no se acercó y yo me pregunté cómo había hecho para llegar hasta el tercer piso sin que la sacaran a patadas. Cuando se había perdido de vista aparecieron dos tipos de la Federal, con cara de que estaban a punto de enfrentarse con el núcleo duro del Cartel de Juárez. Un guardia botón, de traje blanco y negro, afeitado y de ojos azules, les señaló el rumbo que había tomado la mujer. Y ahí se fueron detrás, casi corriendo, a ahuyentar a la peste, para que dentro todos sigan celebrando la gran fiesta la deuda, de la ropa con spray floral, de los duendes de Papá Noel en los que nadie cree, de los ceniceros con arena.
Pensé intensamente en La máscara de la muerte roja de Poe.
Categorías: Ocurrió un día
I want the poem not to mean that much
Diciembre 3, 2007 · No hay comentarios
Anoche, muy anoche, enganché una película en el rosadísimo canal Cosmo, llamada “Chelsea walls”. Quedé fascinada, con ganas de volver a caminar por ese puente que caratula a este blog directo hacia Manhattan, sientiendo mucho frío, total qué. Hay un poema en la película, contado entero, con una cadencia preciosa, por la muy guapa actriz Rosario Dawson. Dice así:
“I want to be a lost poem in a stranger’s coat pocket
that conveys the importance of you.
To assure you of my desire, to assure you of dreams.
I want all the possibilities of you in writing.
I want to give you your reflection, I want your eyes on me. (más…)
Categorías: Películas