Soñé que estaba por ir a un recital de Pixies y que tenía que explicarle a alguien que era la mejor banda del mundo y que jamás jamás se habían vestido para la ocasión. Que la bajista era muy alta, el vocalista un iluminado, que el baterista a veces cantaba temas (como este maravilloso), que tenían toda, toda la onda del mundo, todos los gritos, todo el romanticismo y la desfachatez menos afectada de la historia del rock. Lindo sueño. Y un día voy caminando por una calle de lo más barrial y me encuentro con la persona de la foto, que al verme verlo se tapa la cara y se da vuelta, temiendo acaso que yo le salte encima con la libido al tope y le ruegue me firme un autógrafo en el escote. Pffff. Aguante Pixies.
Entradas de Marzo 2008
Hay cada nabo
Marzo 28, 2008 · 5 comentarios
Categorías: Ocurrió un día
Annemarie
Marzo 27, 2008 · 3 comentarios
No, bueno, qué cansancio. Por suerte, menos mal, a dio’ gracias que no me hago cargo de las muchas décadas de burocracia capitalista que le muerden la cola a la gestión pública que a la vez le muerde la cola a los mohosos resortes burocráticos y así para siempre. Resuelvo lo que se puede e intento no homologar determinados modos de organización en mi propio cerebro. Eso ya comporta todo un trabajo de por sí. Y luego creo que la cabeza me dará para seguir en casa con otras cosas. Al final me está dando: conseguí vender una nota sobre Annemarie Schwarzenbach, ya la levantaré cuando la publiquen, en mayo. Annemarie era una escritora suiza, adicta a la morfina y rabiosamente triste. Parece que sacudía a quienes la miraban con una sensación parecida al extraño vacío que deja imaginarse el infinito. Un escritor (que no fue Klaus Mann, como se dice por ahí), le agradeció por pasear en este mundo “su bello rostro de ángel devastado”. Y mientras la Segunda Guerra latía bajo Europa, ella viajaba intermitentemente a Persia. A otros lugares también, pero sobre todo a Persia. Todavía intento averiguar por qué, por qué quiso ir tanto ahí. En eso estoy, leyendo y leyendo y leyendo sobre ella, asomándome a su ventana, escudriñándola en fotos viejas. Conseguí finalmente Muerte en Persia, su único libro traducido al castellano. Huidizo el libro, como ella. Bueno, me voy a cenar.
Categorías: Freak-lance
Anoche
Marzo 16, 2008 · 2 comentarios
ANTES
A: Qué lindo, no hay rolingas…
N: ¿Cómo así estamos en la cola con señores de cabello pintado por los años? Y mirá el pantalón ochentosísimo de esa mujer…
DURANTE
N: Me enamoré de un sexagenario.
A: Seh…
MÁS TARDE, tras hipnosis musical
N: Lo que acaba de pasar es hermoso.
A: Maravilloso.
HACIA EL FINAL
N: ¿Qué harías si Bob Dylan viene y te…
A: Me desnudo.
FIN:
A: No me gustó la versión de “Blowin’ in the wind”.
N: Igual está buena.
A: Mm, es que yo había soñado con ver otra cosa.
N: ¿Y el “Thank you, Buenos Aires”?
A: Tal vez le dé pereza andar saludando.
N: ¿Vos decís que disfruta lo que hace?
A: ¿Hacer música?
N: No, shows
A: …
Categorías: Música
Inspiraciones I
Marzo 11, 2008 · 4 comentarios
Automáticamente pienso que hice algo mal y que me van a echar. Si entra el jefe de mal humor, o el jefe de él pasa sin saludar, es porque han estado hablando mal de mí la noche anterior. Si una de las secretarias no me sonríe, es porque acaba de recibir la noticia de mi despido y da cuenta de la prolongación jerárquica que le toca poniéndose antipática conmigo. Si la gente de mesa de entradas no responde con un “buenos días” a mi mismo exacto volumen, es porque no acaté alguna tácita forma protocolar y de eso no se vuelve. Tampoco se vuelve de la fama de ratera. Ayer el chico que tengo al lado se pidió dos cafés; quería uno doble, pero no había tazas grandes, así que vengan dos pequeñas. Y yo vacié una pensando que era para mí, pero qué amable colega, pensé, muchas gracias, le dije. Y él tuvo la delicadeza de explicarme el malentendido primero, y de no arrebatarme la taza después. En fin, que cada día puede ser el último en el puesto de trabajo, estoy al borde del peligro todo el tiempo, en la mera, mera cornisa. Es divertido, no crean. Cuando la neurosis se pone así hiperactiva, se anula a sí misma para volverse una muy inagotable fuente de imaginería a utilizar -ojalá- en propósitos menos zonzos.
Categorías: Freak-lance
The system
Marzo 6, 2008 · 5 comentarios
Es medio triste comer un pancho de parada en Florida a las tres de la tarde. También lo es comer un dudoso triple de pollo, a la vuelta del kiosco que vende los panchos. Es como la soledad mal llevada. Pero se cede a eso o se desembolsan 28 pesos en un restaurante con entrada y postre, y se vuelve tarde y culposa al puesto de trabajo. No más la tarta que había preparado la noche anterior, con un vaso de vino o un licuado, sobre mi propia mesa en mi alquilada casa, con mis propios platos, cubiertos, ingredientes y timing. Ahora siempre será almorzar afuera, hasta que le agarre el ritmo a la oficina, la confianza a los colegas, y pregunte cuál es el mejor lugar para pedir el almuerzo delivery que comeré frente a la computadora. Ahora ya no más regodearme silenciosamente en el hecho de que nunca tengo que tomarme subtes en hora pico, porque empecé a tomarlos. Ahora voy al centro todos los días, antes sólo cuando quería o cuando tenía que facturar alguna cosa que había hecho desde casa. Ahora tengo un jefe de a de veras, de esos que están tras una puerta tras una secretaria. Durante ocho años trabajé así como escribo ahora, descalza, despeinada y levantándome cada cinco minutos a hacer otra cosa. Mail, teléfono y word era todo lo que necesitaba. Ahora tengo que hablar mucho, saludar, sonreír, ir bien vestida… No me quejo, no me molesta realmente ni peinarme ni vestirme ni bañarme todos los días a las 8 am. Es que estoy un poco en shock con todo esto porque yo vivía de otra forma. Y me pregunto qué cambiará en mí. Forzosamente ha de cambiar algo; aparte de mi situación financiera a fin de mes, me preguntó qué cosa más profunda comenzará a gestarse con la nueva rutina, con ver a Buenos Aires así de cerca todos los días.
Categorías: Freak-lance