Es medio triste comer un pancho de parada en Florida a las tres de la tarde. También lo es comer un dudoso triple de pollo, a la vuelta del kiosco que vende los panchos. Es como la soledad mal llevada. Pero se cede a eso o se desembolsan 28 pesos en un restaurante con entrada y postre, y se vuelve tarde y culposa al puesto de trabajo. No más la tarta que había preparado la noche anterior, con un vaso de vino o un licuado, sobre mi propia mesa en mi alquilada casa, con mis propios platos, cubiertos, ingredientes y timing. Ahora siempre será almorzar afuera, hasta que le agarre el ritmo a la oficina, la confianza a los colegas, y pregunte cuál es el mejor lugar para pedir el almuerzo delivery que comeré frente a la computadora. Ahora ya no más regodearme silenciosamente en el hecho de que nunca tengo que tomarme subtes en hora pico, porque empecé a tomarlos. Ahora voy al centro todos los días, antes sólo cuando quería o cuando tenía que facturar alguna cosa que había hecho desde casa. Ahora tengo un jefe de a de veras, de esos que están tras una puerta tras una secretaria. Durante ocho años trabajé así como escribo ahora, descalza, despeinada y levantándome cada cinco minutos a hacer otra cosa. Mail, teléfono y word era todo lo que necesitaba. Ahora tengo que hablar mucho, saludar, sonreír, ir bien vestida… No me quejo, no me molesta realmente ni peinarme ni vestirme ni bañarme todos los días a las 8 am. Es que estoy un poco en shock con todo esto porque yo vivía de otra forma. Y me pregunto qué cambiará en mí. Forzosamente ha de cambiar algo; aparte de mi situación financiera a fin de mes, me preguntó qué cosa más profunda comenzará a gestarse con la nueva rutina, con ver a Buenos Aires así de cerca todos los días.
The system
Marzo 6, 2008 · 5 comentarios
Categorías: Freak-lance
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5 respuestas hasta el momento ↓
Cass // Marzo 7, 2008 a 1:00 p03 |
No se preocupe, mujer. No cambiará demasiado, si todavía es capaz de aferrarse a esa vieja rutina que era la que le daba placer.
Hace tiempo ya que estoy en su situación y todavía no me cachó la parca de las oficinas.
(PD Lita de Lazzari: Hay un buen restaurante vegetariano, económico, que es sólo take-away. Yo suelo ir por ahí, Chacabuco al 90, creo. No es tan lejos de Florida y una se siente más en casa, aunque termine comiendo frente a la compu o en el banco de alguna plaza)
estrella // Marzo 7, 2008 a 1:00 p03 |
No sé en qué te cambiará, pero acá nos lo podés ir contando.
No creo que quedes inmune después de convivir con la linda Buenos Aires.
Ana // Marzo 9, 2008 a 1:00 p03 |
Gracias muchachas, le voy a quitar solemnidad al asunto. Es cierto, ninguna parca de oficina tiene por qué atraparme, y el efecto de la ciudad siempre puede ser para mejor… El dato Lazzari me viene muy bien.
Saludos y siembre bienvenidas.
ojos de suri // Marzo 9, 2008 a 1:00 p03 |
Lo del precio de los almuerzos es todo un tema… termino comiendo empanadas o cortado en jarrito con mediaslunas, después llego a mi casa Muerta de Hambre (a propósito muy buen libro).
Besos!
(Y lo de ir bien vestida es solo al principio…después te ponés casi lo mismo…yo hasta me planchaba el pelo! ja! ja! ahora prefiero dormir 15 minutitos más)
Renata // Marzo 10, 2008 a 1:00 p03 |
Mmmm….seguro que muchas cosas, pero no es tan grave. Ojalá que disfrutes el cambio. Yo lo viví hace algunos años cuando cambié mi Bernal natal (zona sur del gran Buenos Aires) y colegial, por Caballito univesritario. Viaje de una hora en todos los transoportes públicos incluido. Pero se viaja y se vive, la vida cambia, y uno cambia con ella. Sólo hay que saber encontrarle la vuelta, y no desesperarse cuando la vuelta tarda en llegar. Pero que llega, llega.