Nueva sección el Felices Juntos: “Desbaratando mitos urbanos que tienen credibilidad porque, como buenos mitos urbanos, siempre le ocurrieron al hermano de la novia, al amigo del primo cercano, al hijo de vecino pero nunca a uno mismo”. Veamos qué tan ciertos son… Hace tiempo que tengo ganas de hacer esta prueba. Y si bien este blog no es, lo que se dice, generosísimo en visitas, con una sola persona que diga que ha escuchado lo mismo o casi, tendremos pruebas suficientes para desterrar el mito de una vez por todas. Comencemos entonces. Contaré el primero tal y como me lo contaron a mí:
La tragedia del perro y la pelotita
Mi hermana me contó que a un amigo de su amiga Socorro le ocurrió lo siguiente: estaba en Chile, no se sabe si en Santiago o Viña del Mar, y había pasado a buscar a la muchacha con quien pretendía liarse amorosamente durante esas vacaciones. Mientras esperaba a que ella terminara de arreglarse para ir a tomar algo, se puso a jugar con su perrillo, arrojándole una pelotita saltarina encontrada oportunamente en el piso. Con graciosas cabriolas, el animal atajaba el juguete en el aire y lo devolvía al recién llegado. Movía la cola, babeaba y era una risa verlo. Durante varios minutos el chico siguió con el juego, no obstante el creciente desinterés en la mascota y la proporcional impaciencia por ver a la muchacha bonita. Podemos suponer que estaba planeando cómo hacer su “first move”, o que sencillamente se distrajo con el recuerdo del sabor de los ñoquis que hacía su abuelita o de un sketch de los Monty Python, quién sabe, el caso es que de pronto lanzó la pelota con más fuerza; la misma realizó un rebote no premeditado y salió por la ventana, y el perro, enceguecido en su propia excitación, se aventó detrás y puf, cayó cinco pisos, tal vez cuatro. Inverosimilitud. Impotencia. Parálisis. Finalmente la decisión de escaparse sigilosamente.
Fin del mito. Apuesto que es un mito.
Próximamente: la novia y el microondas.





