Me llamó para ir al cine. Todo un evento, todo un “Uuuuy, me llamó para ir al cine. Esto va en serio”. Me pasó a buscar en su auto. Todo un evento, todo un “Uuuuy, me pasó a buscar en el auto, mirá que vive lejos y se toma el trabajo. Esto va en serio”. No hablamos mucho en el trayecto. Yo hacía comentarios intrascendentes: “Ah, no sabía que se podía doblar por acá”, o “Qué bárbaro el zanjón con tan poca agua, ¿no? ¿O se dirá ‘poco’ agua? Je je”. Él manejaba todo hecho una seriedad, despacio, sin prestarle atención al poco tiempo que teníamos para llegar en horario a la película. “Uuuuuy, un desapegado de la realidad…”, habré pensado. En ese entonces no sabía si eso era bueno o era malo. Llegamos tarde, pero yo me hice la que no me importaba. La única película que estaba por empezar era La llamada. Yo sabía que era una yanqui de terror, pero como nada me había aterrado desde Los Otros, y antes de esa La profecía de los ‘80, o las gemelitas de El Resplandor, me dije qué bodrio, una de dizque miedo con hachas y boludeces. Pero era lo único que había para ver y lo de menos, en verdad, era la película.
La sala estaba llena. Empezó la cosa. Un video que mata. Qué bolazzzzzzo, pensé, pero en lugar de decirlo miré a mi acompañante con mi gesto especial de qué bodrio. No hubo reciprocidad; de hecho, ni siquiera me miró. Estaba bien erguido, las manitas entrelazadas sobre su regazo y cara de nada. “Uuuuy, un desapegado de la realidad”, habré pensado otra vez y me fui de nuevo a la pantalla, total a qué otra cosa iba a dedicarme. No me dio miedo la deformidad de la chica en el placard, y era la primera vez que veía a Naomi Watts, por lo que no sabía todavía lo buena actriz que era. No sabía muchas cosas en ese entonces y de pronto la película se empezó a poner jodidita… Cuando pasaron el corto fatal, ese que si lo veías te mataba a los siete días, cuando vi las imágenes del video con esa escalera hacia el altillo y la mujer peinándose frente al espejo oval, me empezó a dar miedo en serio. Luego sonó el teléfono y la voz de la niñita (“Seven dayssssss”), y yo ya de lleno en la trama y a medida que pasaban los minutos y avistabas a Samara con ese pelo que le cubría la cara sin sentido alguno, sólo para los efectos del terror y la puta que lo parió, a medida que avanzaba Naomi Watts por la historia de esa horrible niña de orfanato y se adentraba en el misterio para salvar a su hijo de una muerte segura, la gente del cine empezaba a retorcerse, lo mismo que yo. Y estaban todos en pareja o con grupos de amigos, y la única solita era yo, porque cuando en un impulso le apreté el brazo a este chico porque la niña esa empezaba a emerger del pozo (con su movilidad de cámara para atrás, mierda, con su plano por plano en un stacatto deformado), decía, le apreté el brazo, y él siguió impasible, las manitos entrelazadas una con otra sobre su regazo de jean, y la misma cara de estar viendo una campera en un perchero, el agua que queda cuando se sacan los fideos, ¡el colador mismo de los fideos!, la misma cara de nada, siempre, y ninguna reacción al apriete de mi mano. Ya cuando Samara se salió de la tele arrastrándose, me ganó el gemido lastimero: “¡Aaauugaahh!” Y me tapé la cara y elevé las rodillas para tapármela más. ¿Alguna señal de empatía?
No.
Me quedé así un rato. La película siguió, me cubrí los ojos varias veces más, la película terminó, me llevó de nuevo a mi casa, hablé casi nada en el camino esta vez, porque no podía dejar de pensar que Samara saldría de la acequia y se nos abalanzaría no bien el primer semáforo en rojo. Y ahí me dejó en casa. Sola. Me-fue-a-buscar-y-me-volvió-a-dejar. Nunca voy a entender esa cita. Me acosté en mi cama que daba justo a mi televisor y al cabo tuve que cambiarme de pieza. Y hasta hace no mucho le tuve terror a Samara; miedo a meterme a la tina y que de pronto emergiera Samara, miedo a andar por el pasillo oscuro y ver el ojo tras los pelos de Samara, en fin, siempre me ha gustado el terror, pero se pueden ir bien a la mierda con esa película que me dejó traumada, y ahora que ya todo pasó y hasta puedo googlear una foto de ese bicho para ponerla en este post, me pregunto si tanto miedo no habrá provenido en realidad de la amenaza de volver a salir con anodinos de semejante calaña.
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7 respuestas hasta el momento ↓
Cass // Septiembre 26, 2008 a 1:00 p09 |
Jajajajaja!
Glorioso post. Qué bien explicada la sensación que a muchos nos produjo “La Llamada”. Y eso que todavía no veíamos “Ringu”!
Qué te puedo decir del remate. Es TODO.
Gran abrazo, y ojalá el anodino haya tenido lo que se merece (mínimo, seis años sin sexo)
estrella // Septiembre 26, 2008 a 1:00 p09 |
Mucha chispa le pusiste, ana, a esta salida calamitosa. ¿Tenía sangre en las venas el hombre?
Me encantó tu intento de diálogo fecundo en el auto: ay, qué feo es tener que hablar por hablar.
Me hiciste reír!
Gabo // Septiembre 26, 2008 a 1:00 p09 |
Y quién, quién era? Ah! Me pueden las historias con tintes biográficos y sobre todo, si uno andaba por esas mismas acequias en esos mismo días. Saludos Ana.
PsicoZen // Septiembre 26, 2008 a 1:00 p09 |
cheee, gran relato! y qué ganas de sacudirlo de las solapas al pibe… qué mal le hace al gremio masculino esta gente! Me lo imaginé como Jaime, el robot del súper agente 86. Espero que no tengas muchos de estos episodios en tu haber, pero si los hay, compartilos!!! beso Ana.
Ana // Septiembre 27, 2008 a 1:00 p09 |
Jaaaaaaaaaaa! Qué buenos los comentarios. Cass, ni modo con esa gente, nunca se hace justicia. Estrella, no tenía sangre, tenía agua de fideos nomás. Gabo, te quedarás con la duda, mirá si todavía un día se googlea a sí mismo y se encuentra aquí. Jaime el roboooot, jjajajaj!! Beso a todos y gracias por pasarse.
El pastelero trotskista // Octubre 3, 2008 a 1:00 p10 |
Hiciste negocio: te lo sacaste de encima en sólo una salida.
Bertita // Octubre 8, 2008 a 1:00 p10 |
Querida Ana, siempre me sorprendes, no porque no espere que escribas tan bien, sino porque vos misma no lo sabes… Quién será “ese”, que andando por zanjones y acequias te llevó y te trajo tan despectivamente, seguro que quería vengarse de algo que a él le pareció atroz y vos ni siquiera te diste cuenta. Ya sabes lo histéricos que son algunos montañeses, creo que es como una marca de fábrica.
Bueno eso es todo
un beso de ida y vuelta a la luna