Todavía hay gente que cree que si ponés los ojos bizcos y tenés la mala suerte de que el viento justo se levante o de que un amigo te sople la cara, quedarás así para siempre.
La verdad es que yo tampoco dejo que me soplen a los ojos cuando me pongo así. En los momentos en que me entran ganas de ponerme bizca, que a decir verdad ya no son frecuentes, me voy a dar una vuelta, me cubro el rostro con las manos o me escondo en el baño. Pero ponerse bizca a solas, la verdad, no tiene mucha gracia.





Es una tentación, como asustar a uno que está distraído.
Yo he bizqueado toda mi vida, con el viento de frente, de espaldas and etcétera y nunca me pasó nada. Bah, no puedo acusar a ese bizqueo por mi hipermetropía/astigmaticosa, no?
no???