Felices juntos

Preferiría no hacerlo

Enero 16, 2009 · 3 comentarios

Me dejé estar mes y medio y luego me fui de vacaciones, entonces me está tocando revisar más de sesenta clarines y la naciones en busca de información estrictamente relevante para el lugar en que trabajo, a los fines de armar una carpeta de prensa. Cuando agarro las pilas de diarios, de diez en diez, mis colegas, todas mujeres, me dicen cosas como: “¿Todavía no terminás?” o “Qué cosa más horrible, hacer eso…” Tienen razón. Pero lo más horrible no es el dolor de espalda (la búsqueda la hago de pie), ni la tinta negra que me tiñe las yemas, ni el ardor en la palma de la mano cuando llevo ya más de veinte minutos pasando hojas, ni estar armando una carpeta desprolija, no porque no consiga la información relevante, sino porque recorto torcido y me está quedando llena de pegotes, igual que la carpeta de manualidades de cualquier año de mi primaria.

No. Lo horrible es revivir todas las noticias de noviembre a esta parte. F. me dice que tengo que ser más expeditiva, que ha notado que me quedo leyendo las policiales o las internacionales, donde de seguro -quiera dios- no habrá información de relevancia para la oficina. Pero es difícil no hacerlo. Una nena desapareció en noviembre y en enero siguen sin encontrarla. Adolescentes secuestrados y sus familias destrozadas. A los antentados en Bombay le siguen los desastres en Gaza. Cortes de luz, suben los colectivos, sube el subte, las predicciones acerca del calor y la sequía nacional se cumplen. Salí nerviosa y atontada hoy del trabajo, y mientras iba por Florida -pensar que cuando no vivía aquí a veces decía “¿Vamos a pasear por Florida?” y ahora de veras desearía evitarla- me acordé del libro Bartlebly, el escribiente, de Herman Melville, donde el oscuro personaje oficinesco dice en respuesta a cualquier encargo: “preferiría no hacerlo”. Finalmente nos enteramos de que Bartleby ha trabajado, antes, en una oficina de “cartas muertas”, y su tarea era clasificarlas para quemarlas. Cartas que nunca llegaron a su destino pues el destinatario había muerto entretanto. No sé por qué asociación me acordé de eso, supongo que por el bajón de andar manipulado, de pronto, en tres días, kilos y kilos de papeles llenos de desesperanza. ¿Qué hígado tienen los correctores para leerlos todos los días? ¿Qué hígado tienen los que cubren las policiales? De qué hígado carecen los de AFP, Reuters y demás agencias mandando cables y cables de masacres desde sus bonitas oficinas en bonitos edificios de bonitas capitales del mundo… “Es un trabajo”, dirán, “como cualquier otro”.

Anoche vi, por no se cuánta vez, “Deconstructing Harry”. Allí Woody Allen  pone en un nivel del infierno a “the media. Sorry, that floor is all filled up…”

Última vez que me dejo estar para hacer este horrible trabajo. Es un trabajo, como cualquier otro. Pero de veras preferiría no hacerlo.

Categorías: Miss Elanias · Preguntas preguntas...

3 respuestas hasta el momento ↓

  • Gabo // Enero 19, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Buenas Aneta, a mi me tiene a mal traer la revisión diaria de los diarios y demás medios. La hora del “noticioso” como dice mi madre, es el peor momento del día. A mi chica en cambio le gusta verlo, ella es impermeable al desastre del mundo. La envidio. En ocasiones opto por cambiar de canal, por no leer, intento ser el mismo tipo despreocupado y feliz que era antes. Y caminar por las noches y beber y escribir frases grandilocuentes y ver películas y reírme más, pero creo que la vejez hace de los hombres personajes aprensivos y solitarios. Dolidos y un poco asustados. Es jodido che, ver como todo se desmorona, y si, ya se que se desmorona desde hace 1500 años, pero igual. Eso no me alcanza. En fin, leo el comment y me pasa lo de siempre. Lo noto fatalista y exagerado. Ja, es como ser alguien que recuerda haber sido otro. Como vivir en añoranza. Como un jubilado.

    Hace unos días encontré en un blog unos párrafos de Tomasz Piatek que se parecen a lo que te paso con los kilos de malas noticias:

    “Mientras trabajé como periodista estuve cerca de la locura porque recibía demasiada información. Después leí que el periodismo es el oficio en el que más aparece la depresión, por la imposibilidad de metabolizar tanta información. El periodismo es destructivo para el periodista. Y no es ético. Porque no es ético consignar información que uno no pueda vivir, verificar, sentir. La esencia de nuestra vida es lo que sentimos. Si la información no les sirve a los sentimientos, es como comer algo que no es comestible.”

    Saludos!

  • Ana // Enero 20, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Uf, es fuerte lo que dice Tomasz Piatek, bien a tono con tu comentario también. ¿Qué vamos a hacerle? Ha habido hechos lejanos que me han hecho llorar en serio, golpear cosas, esa onda. Y con ello no solucioné nada, y ahí es donde entra el psicólogo a explicarte los niveles de preocupación, una cosa rarísima, que si no lo podés solucionar o hacer algo al respecto debería estar fuera del ámbito de tu preocupación, bla bla. Nunca entendí bien. Pero bueno, Gabo, son sensibilidades. Yo la “solución” que voy encontrando, cuando me toca escribir sobre un tema que me duele, es lograr un cierto equilibro entre la subjetividad y el cientifisismo… Beso!

  • Mike Myers // Enero 24, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Otra referencia memorable de Woody en Deconstructing es acerca de las meseras, que debe ser el peor trabajo del mundo ya que hasta las putas – Cookie, en este caso – están todo el tiempo diciendo “Bueno, al menos no trabajo de mesera”. Saludos.

Dejar un comentario