Felices juntos

“Para la opinión pública, la coherencia es algo del todo prescindible…”

Enero 24, 2009 · 11 comentarios

haruki“Hace tres años, cuando tenía treinta y cuatro, terminó de escribir un grueso tomo y lo publicó. Era un tratado de economía para especialistas y, aunque me esforcé en leerlo, sinceramente, no conseguí entender nada. Podría decirse que no entendí una sola página. Intenté seguir leyendo, pero no logré descifrar el sentido de aquellas frases. Me sentía incapaz de juzgar si el contenido del libro era abstruso o si, simplemente, estaba mal escrito. Pero entre los especialistas causó sensación. Algunos críticos se hicieron lenguas calificándolo de ‘doctrina económica radicalmente nueva escrita desde un ángulo radicalmente nuevo’ y escribieron sobre él, pero yo ni siquiera entendía las críticas. Pronto los medios de comunicación empezaron a presentarlo como a un héroe de la nueva era. Incluso se escribieron libros interpretando el suyo. Expresiones como ‘economía sexual’ y ‘economía escatológica’, acuñadas por él, se convirtieron aquel año en expresiones de moda. Periódicos y revistas publicaron suplementos sobre él, señalándolo como intelectual de una nueva era. Yo no podía creer que uno solo de ellos hubiera entendido su tratado de economía. Dudaba de que lo hubieran abierto una sola vez siquiera. Pero eso, a ellos, les tenía sin cuidado. Para ellos, Noboru Wataya era un hombre joven, soltero, con una mente lo suficientemente lúcida como para escribir un libro que nadie podía entender. En cualquier caso, a raíz de la publicación del libro, Noboru Wataya saltó a la fama. Publicó artículos en diferentes revistas, salió incluso por televisión como comentarista de temas políticos y económicos. Y pronto se convirtió en invitado habitual de los programas debate. Quienes lo conocíamos jamás nos lo imaginamos desplegando actividades tan llamativas. Siempre lo habíamos considerado el típico investigador neurótico al que sólo le interesa su especialidad. Pero, una vez se hubo introducido en el ambiente de los medios de comunicación, desempeñó a las mil maravillas el papel asignado, tanto que nos dejó a todos boquiabiertos. No se sentía en absoluto intimidado cuando le apuntaban las cámaras. Frente a ellas, parecía más relajado incluso que en el mundo real. Nosotros contemplábamos mudos de asombro aquella acelerada metamorfosis. Noboru Wataya aparecía en pantalla enfundado en un traje de buen corte que debía costar un ojo de la cara, corbata a juego y elegantes gafas con montura de concha. Se cortó el pelo a la moda. Posiblemente le asesorara un estilista profesional. Hasta entonces jamás lo había visto con ropa tan elegante. Aun suponiendo que saliera del guardarropas de la emisora o algo así, parecía sentirse muy cómodo con ella. Como si la hubiese llevado siempre. ‘¿Quién diablos es este hombre?’, pensé yo entonces. ‘¿Dónde diablos estará el auténtico Noboru Wataya?’  Ante las cámaras asumía una postura más bien discreta. Cuando le pedían su opinión, daba una explicación precisa, con palabras sencillas y una lógica fácil de entender. Incluso cuando los invitados discutían acalorados, él permanecía sereno. No respondía a las provocaciones, dejaba hablar a su oponente tanto como quisiera y, al final, con una sola frase, le daba la vuelta a sus razonamientos. Dominaba el arte de asestar, con expresión sonriente y voz serena, puñaladas por la espalda a sus contrincantes. Y la imagen que salía reflejada en la pantalla, no sé cómo lo lograba, lo hacía parecer mucho más inteligente, más digno de confianza que en la realidad. No era especialmente guapo, pero era alto, esbelto y exhibía un aire indiscutible de hijo de buena familia. En una palabra, Noboru Wataya había hallado en la televisión su ámbito ideal. Los medios de comunicación lo acogieron con entusiasmo y él, a su vez, acogió a los medios de comunicación con entusiasmo. Pero yo detestaba leer sus escritos, ver su imagen en televisión. Tenía ingenio, sin duda, y también talento. Eso lo reconozco incluso yo. Con cuatro palabras dejaba en un santiamén fuera de combate a su oponente. Poseía un instinto animal para saber a cada instante la dirección del viento que soplaba. Pero cuando escuchabas sus opiniones o leías sus escritos con atención, comprendías enseguida que Noboru Wataya carecía de coherencia. No tenía una visión del mundo asentada en convicciones profundas. Era un mundo construido combinando diversos sistemas superficiales de pensamiento. En un instante podía cambiar a su gusto la combinación según la necesidad del momento. Unas combinaciones y permutaciones intelectuales muy ingeniosas. Tanto, que casi podría calificárselas de artísticas. Pero para mí, si se me permite decirlo, no eran más que un simple juego. La única coherencia en sus opiniones era la sistemática falta de coherencia, y la única visión del mundo era una visión del mundo que no precisaba visión del mundo. Esta vaciedad constituía, paradójicamente, su patrimonio intelectual. Coherencia y una firme visión del mundo no eran necesarias en la lucha operativa intelectual de los medios de comunicación cuyo tiempo se fragmenta en segundos. Estar libre de esta carga era un gran punto a su favor.”

Categorías: Libros

11 respuestas hasta el momento ↓

  • Panoramix // Enero 27, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Nunca lei nada de Mr. Murakami. Muy hueno. Alla fueron unos sestercios hacia Amazon. Thnx drlng.

  • Ana // Enero 28, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Bien invertidos esos sestercios! ¿Cuál de Murakami, el de la cita? Yo estoy fascinada. No puedo esperar a llegar cada día a casa por la tarde para tumbarme a leerlo.

  • Panoramix // Enero 28, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Sim, y After dark, por unos sestercios extras. No se, tratare de leerlos caminando, ya que tengo otros tres o cuatro bookos empezados que estoy leyendo en subtes, colectivos y ascensores.
    Bx

  • Ana // Enero 28, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Si se me permite meter las narices, léase After dark un domingo en el Tea Lounge que está en 254 Court St., Brooklyn. :)

  • Panoramix // Enero 28, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Acepto redondamente la naso-sugerencia. A nombre de quien envio la cuenta? :)

  • Ana // Enero 28, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    A nombre de Rudolph Giuliani.

  • Cass // Enero 29, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Tengo que leer a Murakami, cuando termine la parva de pendientes de mi estante-mesa-de-luz.
    Nos debemos unas cervezas, así te damos la bienvenida a este caos!

  • Cristian // Enero 30, 2009 a 1:00 p01 | Responder

    Me gustó el señor ese… Por ahí hasta me lo compre, pero será sólo para que adorne mi biblioteca, porque ultimamente el pirateo de música me ha chupado el alma y las horas.

    Te alegrará saber que ya estoy casi totalmente reconciliado con dorothy parker, somos casi dos buenos amigos, así que ya podés dejar de sentir culpa por haberme hecho gastar treinta pesos en su libro y podés también revocar tu amenaza de: “no te recomiendo nunca más un puto libro!”

  • Panoramix // Febrero 8, 2009 a 1:00 p02 | Responder

    Ana: debido al clima glacial (solo faltan los mamuts correteando por las calles), se suspendio la excursion al Tea Lounge, que quedara para cuando vuelvan los patos. Para no traicionar tu consejo totalmente, empece a leer After dark en una panaderia al ladito de CP, hasta que se hizo tarde y me echaron amablemente. Y lo termine de una sentada en mi casa. Un librito adictivo con una historia semicircular atrapante. “La noche como lugar lleno de presentimientos” (!), como metafora de la soledad, del vacio. O de la culpa? Que es lo que atormenta a Eri? Quien es esa presencia que todo lo observa, sin juzgar? No quiero ser plomo aqui, este librito fascinante lo llena al lector de preguntas merecedoras de ser discutidas largo y tendido. Gracias por acercarme a este narrador fenomenal.
    Bxs.

  • Ana // Febrero 13, 2009 a 1:00 p02 | Responder

    Pan Oh Ramix, ¿esa panadería al lado de CP es por casualidad una a la que entra Holden Caulfield y se encuentra a las monjas? Mm, ¿o esa en realidad está cerca de la estación central? Como sea, me alegra mucho cómo funcionan estas cosas, y haberte hecho descubrir así a un escritor que te gusta. No sé qué es lo que atormenta a Eri, pero intuyo que algo profunda y sórdidamente femenino; cierto papel tácito e impuesto de una intensidad mundana que sencillamente no pudo resistir. Hermoso y adictivo, tú lo has dicho, y creo que resulta así por esos finos hilos que traza el autor, tan sutiles y bien escritos, que le permiten al lector enredarse como pueda. ¿Cómo vas con “El pájaro…”? ¿No es bellísimo? Todavía no lo termino, me faltan unas cien páginas. Paralelamente, porque lo degusto lentamente, leo en los subtes uno que compré en Kel aquí, la librería inglesa. Se llama “Underground. The Tokyo gas attack and the japanese psyche”, un libro periodístico que se mandó Murakami un tiempo después de los atentados con gas sarin en los subtes de Tokyo en 1995. Tantos periodistas deberían aprender de ese libro, y en el prólogo te lo explica todo: por qué quiso escribir sobre ese tema, cómo lo abordó, qué tuvo que ceder como escritor de ficción para poder meterse en historias reales. Es apasionante. Saludos desde este calor hasta ese frío y un abrazo a Strand, cómo extraño esa librería, en fin.

  • Panoramix // Febrero 14, 2009 a 1:00 p02 | Responder

    Ana del reino de Siam: Ojala se viniera el boom de las “panaderias literarias”! venta de libros y pan caliente, no puede fallar. No hubo avistaje de monjas, quizas se las vea en algunos cafes de la Septima que tanto se parecen a donde entro Holden y no desayuno.
    Lo digo otra vez: que genial el libro de Murakami. Me resulto muy familiar porque he sido medio fana de Y. Kawabata. De hecho, me parecio ver en la historia de Eri algo de la joven de “La casa de las bellas durmientes”. Sospecho que con Murakami me va a pasar como con JM Coetzee: me va a inducir a la lectura serial. “El pajaro…” esta en viaje, lo tenian en backorder en Amazon…asi andan las cosas.
    Uh, hace un toco que no recorro Strand, pero, hasta que vengas, y porque me lo pedis, voy a entrar y abrazar a la primera empleada que se me cruce :-) .
    Bs

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