Los periodistas no habían terminado de acomodarse en la sala preparada para el diálogo con Henning Mankell en la embajada de Suecia, cuando el laureado escritor se acercó a saludar a uno por uno de la mano, en un gesto tan inesperado como bienvenido, en tiempos en los que se espera que cualquier figura internacional se suba al estrado de los intocables. El saludo de Mankell dice mucho sobre su literatura, así como su literatura y su trabajo cotidiano dicen mucho sobre él. Como bien lo introdujo el embajador Arne Rodin, “sus obras han sido desde siempre una vigorosa protesta contra los males de la explotación, el saqueo y la humillación. Mankell pone de relieve la necesidad de valorar la dignidad del hombre y la solidaridad por encima de todo lo demás”. Así dio comienzo una conferencia de prensa deliciosa, en la que el escritor, que alterna su vida entre la ciudad sueca de Göteborg, y Maputo, la capital de Mozambique, mantuvo durante casi dos horas la atención de los presentes con la misma efectividad con la que su famoso detective, Kurt Wallander, mantiene en vilo a los lectores. Mankell quiso tomar la palabra antes de cualquier pregunta, para manifestar su alegría por la posibilidad de descubrir Buenos Aires, una ciudad que en su imaginario es “mágica y mitológica”, pero que también, señaló, es la que expulsó durante la última dictadura a buena parte de los argentinos que viven hoy en Suecia.
“El rol del escritor en este mundo debe ser siempre importante, si no lo es, algo está funcionando mal”, dijo Mankell, quien es a la vez un activista literario y social: dirige el teatro Avenida de Maputo, escribió Moriré pero mi memoria sobrevivirá, sobre las cosencuencias íntimas del SIDA en Uganda, y El hijo del viento, una novela acerca de la percepción de los países “civilizados” sobre la temida figura de “el otro”.
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana y espero vivir para verlo: nos enteraremos de todo lo que ellos nos pueden decir acerca de la humanidad”. Mankell culpó a los medios de comunicación no sólo de distorsionar la percepción de Occidente acerca de África, sino también de entorpecer el trabajo policial, al ocuparse de los elementos más superficiales de una escena del crimen, en lugar de indagar sobre las motivaciones, algo que su antihéroe, Kurt Wallander, ha intentado hacer libro tras libro. “Las historias de crímenes comenzaron con Medea, no con Poe, y para mí la mejor historia de crímenes jamás escrita es Macbeth. Creo que los escritores siempre entendieron que la llamada ‘escena del crimen’ puede decir mucho acerca de las contradicciones de una sociedad, de las contradicciones dentro de un hombre y entre los hombres.” No es casual, pues, que una persona como Henning Mankell haya elegido el género policial como manifiesto de su compromiso social.
Esta nota salió en versión cercenetis en Clarín esta mañana. Ni modo.
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3 respuestas hasta el momento ↓
ugeseg // Abril 29, 2009 a 1:00 p04 |
qué linda nota, Anita! no he leído a ese escritor, pero dan ganas, como dan ganas de leer qué se escribe en áfrica -y en cualquier parte del mundo- que se aparte de los que siempre nos dicen cómo ver y qué pensar de lo mismo sobre lo mismo. ah, el monolinguismo del otro, ahora que ese discurso hegemónico se cae, van a empezar a aparecer mil formas de ser y de vivir nuestros tiempos, tantas revoluciones posibles como culturas y seres humanos hayan. después de tanto delirio económico, las vidas que vivimos, lo que podemos hacer con el tiempo con el que contamos, a fin de cuentas, el único bien escaso que realmente debería importarnos.
Mankell destaca la importancia de África en su vida > Poemas del Alma // Mayo 1, 2009 a 1:00 p05 |
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Mike Myers // Mayo 2, 2009 a 1:00 p05 |
Lamento que te hayan cercenado la nota, así está muy bonita.