Cuando me enteré de la muerte de Michael Jackson envié mensajes de texto a varios amigos que seguramente no estaban ante la computadora o la tele en ese momento. Ya hacía como una hora que los rumores estaban apareciendo en los status de facebook, pero “hasta que no lo publique el NY Times yo no me creo nada”, y no porque vaya uno a creer a ciegas en el NY Times, sino porque a los rumores contagiosos que se arman en fb hay que tomarlos con cuidado. Como sea, quería transcribir algunos de los mensajes que me llegaron en respuesta al celular.
“Nos estamos quedando sin excéntricos”
“¡Viva Madonna!”
“Mansos baños de leche se pegaba”
“Pobre tipo”
“¡Qué noticia! Toda una época”
“Al final tanto barbijo y oxígeno para la vida eterna y se muere a los 50″
“Buena noticia para los niños”
Yo no sé si era un pobre tipo, yo no sé cuán torturado estaba realmente, quiero decir por dentro. Se puede especular tanto acerca de la interioridad de alguien que hace cosas como tratamientos para volverse blanco y movidas extrañísimas para convertirse en un hombre de familia. En mi imaginario sobre Michael Jackson, yo tengo la foto congelada de un niño precioso con un enorme halo crespo de pelo y toda la gracia del mundo; tengo unos peldaños iluminándose bajo sus pies en Billy Jean, y mi cara de 10 años frente a la tele, intentando entender lo que pasaba en “Thriller”. Tengo su moon walk y esas bandas que se ponía en las puntas de los dedos y nunca supe por qué. Tengo el video “Leave me alone”, que me encantaba, y la reflexión al vuelo que hizo mi hermana mientras pasaba frente a la tele: “bueno si quiere que lo dejen en paz, que deje de cantar”. Y creo que fue por esas épocas que empezó a construir un enorme parque de diversiones. Neverland. Para él y para los niños, porque, decía, amaba a los niños.
Él tuvo una infancia horrible.
Tengo también la imagen de Michael Jackson sosteniendo a su último hijo en un balcón frente a los fans; no se le podía ver la cara y pataleaba y se le empezó a deslizar desde el abrigo que llevaba. Unos segundos más y el bebé se le iba de los brazos, y él sonriente, él no se enteraba de nada. Tengo imágenes sueltas de un video exagerado, con una enorme estatua de sí mismo en el medio de fans llorones en un futuro que estaba lleno de signos fascistillos. Pero supongo que toda grandilocuencia futurista es fascistilla.
Su vida pública, aparte de su carrera artística, estuvo hecha de shocks y de rumores. Primero la cirugía en la nariz, luego esa piel que se clareaba de año en año. ¿Duerme de verdad en una cápsula oxigenada? ¿De verdad tiene cientos de dobles? ¿De verdad tuvo hijos? ¿Si fue así, tuvo sexo o fue pura inseminación artificial? ¿De verdad abusó de niños? ¿De verdad le dio sumas millonarias a los padres para que se callaran la boca?
Lo que seguramente sí quería era vivir en Neverland. Pero en el de verdad, o debería decir, en el de mentira, en el de Peter Pan. Un lugar donde el tiempo no pasara y donde cualquier conflicto terminara siempre en una fiesta, terminara bien, la garantía de los finales felices. En esta realidad, tan precaria para él, sólo pudo reemplazar ese deseo por “mansos baños de leche” y barbijos y oxígeno”.
Y desde luego, por su música.
En fin, es verdad, qué noticia, toda una época.
RSS - Posts

3 respuestas hasta el momento ↓
Bonnie // Julio 2, 2009 a 1:00 p07 |
Qué lindo texto, Ana.
Yo también tengo esta imagen de un “niño precioso con un enorme halo de pelo crespo y toda la gracia del mundo”, -así precisamente. Rompe el corazón pensar que a este niño lo abusaban, lo mandaban a predicar de puerta en puerta los discursos de los Testigos de Jehovah y lo explotaban de mil maneras. Las transformaciones de la apariencia son un rasgo típico de esos niños cuando crecen, así como el culto a una infancia idealizada, y la falta de referencias para manejarse eficazmente por el mundo. Que haya sido tan raro no es extraño. Lo que es milagroso es que durante un tiempo haya podido convertir eso en arte.
Panoramix // Julio 4, 2009 a 1:00 p07 |
Ana: quizas te interese leer este excelente comentario de Bob Herbert sobre arte, psiquis y sociedad en relacion a MJ.
Saludos
http://www.nytimes.com/2009/07/04/opinion/04herbert.html
Ana // Julio 28, 2009 a 1:00 p07 |
Gulp Panoramix. Muy bueno el artículo, muchas gracias.
¿Y Murakami en qué anda? Yo acabo de terminar de leer “Sputnik, mi amor”, libro rarísimo…