Felices juntos

Entradas clasificadas como ‘Freak-lance’

Un par de días con Ian McEwan*

Noviembre 20, 2009 · 2 comentarios

Camino a Valparaíso, Annalena McAfee dice que su esposo sólo contó  la mitad de la historia. “No dijo que la guitarra eléctrica que le regalé también incluía clases”. Y baja la voz, entornando apenas sus ojos azules, para agregar: “Pero a Ian el profesor no le gustó; le pareció un engreído que sólo quería lucirse con sus punteos”.

- ¿Por eso dejó la guitarra en un rincón y no volvió a tocarla?

- Sí, pero le regalamos una de aire-. Y Annalena tiene que explicar que la llamada “guitarra de aire” es un juguete con un sistema de sensores y un pequeño amplificador que permite al usuario hacer de cuenta que toca, y sonar como un experto.

De alguna manera no resulta imposible imaginarse a Ian McEwan rasgando cuerdas invisibles al son de “Smoke on the water”. El escritor que pobló sus primeros relatos de personajes retorcidos, siniestros y depravados, y que saltó a la fama como la pluma maestra de lo macabro, se pone colorado y sonríe cuando se da cuenta de que las ocupantes del asiento trasero del auto cuchichean sobre su corta y malograda carrera como guitarrista. (más…)

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¡Vienen las águilas!

Septiembre 9, 2009 · 1 comentario

Tal el grito de Bilbo Bolsón cuando, a punto de perder las esperanzas y la fuerza por centésima vez, ve a lo lejos unas formas oscuras que se trazan contra el atardecer anaranjado que marca el fin de la Batalla de los Cinco Ejércitos. Eso ocurre en el penúltimo capítulo de El Hobbit y viene a cuento porque Cristian Alarcón, maestro de la crónica y al momento mi maestro también, acaba de inaugurar un espacio para que todos sus alumnos y él mismo vuelquen el trabajo que vienen haciendo con puntillosa pasión, a veces frustrándose como el pobre hobbit, y a veces con el ímpetu de esas águilas, que es el mismo ímpetu que Bilbo siempre llevó dentro aunque no lo supiera.

Pasen y lean: http://www.aguilashumanas.blogspot.com

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Dear Henning Mankell en Buenos Aires

Abril 29, 2009 · 3 comentarios

Los periodistas no habían terminado de acomodarse en la sala preparada para el diálogo con Henning Mankell en la embajada de Suecia, cuando el laureado escritor se acercó a saludar a uno por uno de la mano, en un gesto tan inesperado como bienvenido, en tiempos en los que se espera que cualquier figura internacional se suba al estrado de los intocables. El saludo de Mankell dice mucho sobre su literatura, así como su literatura y su trabajo cotidiano dicen mucho sobre él. Como bien lo introdujo el embajador Arne Rodin, “sus obras han sido desde siempre una vigorosa protesta contra los males de la explotación, el saqueo y la humillación. Mankell pone de relieve la necesidad de valorar la dignidad del hombre y la solidaridad por encima de todo lo demás”. Así dio comienzo una conferencia de prensa deliciosa, en la que el escritor, que alterna su vida entre la ciudad sueca de Göteborg, y Maputo, la capital de Mozambique, mantuvo durante casi dos horas la atención de los presentes con la misma efectividad con la que su famoso detective, Kurt Wallander, mantiene en vilo a los lectores. Mankell quiso tomar la palabra antes de cualquier pregunta, para manifestar su alegría por la posibilidad de descubrir Buenos Aires, una ciudad que en su imaginario es “mágica y mitológica”, pero que también, señaló, es la que expulsó durante la última dictadura a buena parte de los argentinos que viven hoy en Suecia.

“El rol del escritor en este mundo debe ser siempre importante, si no lo es, algo está funcionando mal”, dijo Mankell, quien es a la vez un activista literario y social: dirige el teatro Avenida de Maputo, escribió Moriré pero mi memoria sobrevivirá, sobre las cosencuencias íntimas del SIDA en Uganda, y El hijo del viento, una novela acerca de la percepción de los países “civilizados” sobre la temida figura de “el otro”.

“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana y espero vivir para verlo: nos enteraremos de todo lo que ellos nos pueden decir acerca de la humanidad”. Mankell culpó a los medios de comunicación no sólo de distorsionar la percepción de Occidente acerca de África, sino también de entorpecer el trabajo policial, al ocuparse de los elementos más superficiales de una escena del crimen, en lugar de indagar sobre las motivaciones, algo que su antihéroe, Kurt Wallander, ha intentado hacer libro tras libro. “Las historias de crímenes comenzaron con Medea, no con Poe, y para mí la mejor historia de crímenes jamás escrita es Macbeth. Creo que los escritores siempre entendieron que la llamada ‘escena del crimen’ puede decir mucho acerca de las contradicciones de una sociedad, de las contradicciones dentro de un hombre y entre los hombres.” No es casual, pues, que una persona como Henning Mankell haya elegido el género policial como manifiesto de su compromiso social.

Esta nota salió en versión cercenetis en Clarín esta mañana. Ni modo.

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Terror y TV

Enero 4, 2009 · 7 comentarios

Salió en la revista Ñ la nota que escribí sobre terrorismo y medios de comunicación. La versión digital está aquí.

Dos libros, setenta páginas de apuntes, decenas de recortes periodísticos,  sesenta y un tazas de café, once litros de cerveza, ocho recargas de batería y dos masajes en las cervicales fueron necesarios para su realización.

Fuera de joda, me voy a leer las noticias. ¿Quién condenará lo que está pasando en Gaza? Lindo principio de año.

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“Seriecita”

Julio 17, 2008 · 14 comentarios

Hace no tanto me dijeron que me falta picardía y que soy una “periodista de cultura seriecita”. Es decir: me está faltando un desacartonamiento a lo cool que la prensa actual exigiría. Psé, un desacartonamiento que a veces se parece bassstante al amarillismo; un desacartonamiento que pone la fé en el dinero y no precisamente en el talento o el crecimiento profesional del staff. La verdad que me está friendo la paciencia esto de no dar casi nunca en el clavo con las notas que propongo. A veces es muy ingrato ejercer el periodismo freaklance. Hay quienes atribuyen todo a la competencia (“y, es difícil: en Buenos Aires levantás una piedra y salen veinte periodistas”). Otros atribuyen la mala pata a cuestiones monetarias o al amiguismo (“me dijeron que no porque no tienen presupuesto” o “claro, pero a aquél le publican todo porque es amante de la editora”). Otros se lo toman como algo personal (“ese editor no me quiere” o “nadie me quiere”). Otros están a punto de tirar la toalla (“soy poco interesante” o “¿quién me manda a mí? Tendría que haber estudiado gastronomía”). Y ahora me entretendré haciendo una clasificación de editores:

El mudo: no contesta nunca.

El conciliador: un no rotundo, pero agrega que reconoce el esfuerzo y la ingratitud del oficio, gracias, vuelva pronto.

El zalamero mala onda: te ha dicho que no, pero agrega que inisistas porque tu material le interesa. Al insistir, proponiendo una vuelta de tuerca, te dice cosas como “mirá, amor, acá pedimos otra cosa” o “no, corazón, así no es” o “chiquita, ya te dije que no”.

El adicto a Martín Caparrós: hasta que no leas a Martín Caparrós, copies su estilo y te dejes crecer el bigote, no podrás colaborar en su medio.

El horroroso: acepta la nota con entusiasmo. Y al editarla le vuela una página entera.

El hijo del rigor: te encarga o acepta una nota que ofrecés. Mientras la escribís te llama unas cinco veces para decirte de mal modo cómo encararla. Al recibirla te reta feo por haber hecho algo sin consultarle. Al responderle poniéndolo en su lugar (“¡no me grites!”), te tratará bien para siempre.

El chiflado: le conseguís una exclusiva digamos, con Woody Allen o Salman Rushdie, y te contestará con igual entusiasmo a que si le hubieras ofrecido un saquito de té la virginia.

El maniatado: siempre tiene que hablarlo con un “superior”. Jamás contesta.

El comparador compulsivo (también conocido como el “Si no es primicia universal no sirve”): “Algo así escribió Juan de los Palotes para Babelia hace cuatro años”; “Algo parecido salió publicado en el suplemento cultural del octavo diario con mayor tirada de Lisboa”; “Pero eso salió en un blog de Idaho la semana pasada”.

El maravilloso: te encarga o acepta una nota que ofrecés, y al recibirla te llama para felicitarte. O al menos, para avisar que la recibió. Hay uno entre mil.

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Bella bella Annemarie

Mayo 17, 2008 · 7 comentarios

Para mi alegría precumpleaños, con resfrío y todo, hoy publicaron en revista Ñ mi nota sobre Annemarie Schwarzenbach. Puede leerse acá

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Annemarie

Marzo 27, 2008 · 3 comentarios

annemarie.jpg No, bueno, qué cansancio. Por suerte, menos mal, a dio’ gracias que no me hago cargo de las muchas décadas de burocracia capitalista que le muerden la cola a la gestión pública que a la vez le muerde la cola a los mohosos resortes burocráticos y así para siempre. Resuelvo lo que se puede e intento no homologar determinados modos de organización en mi propio cerebro. Eso ya comporta todo un trabajo de por sí. Y luego creo que la cabeza me dará para seguir en casa con otras cosas. Al final me está dando: conseguí vender una nota sobre Annemarie Schwarzenbach, ya la levantaré cuando la publiquen, en mayo. Annemarie era una escritora suiza, adicta a la morfina y rabiosamente triste. Parece que sacudía a quienes la miraban con una sensación parecida al extraño vacío que deja imaginarse el infinito. Un escritor (que no fue Klaus Mann, como se dice por ahí), le agradeció por pasear en este mundo “su bello rostro de ángel devastado”. Y mientras la Segunda Guerra latía bajo Europa, ella viajaba intermitentemente a Persia. A otros lugares también, pero sobre todo a Persia. Todavía intento averiguar por qué, por qué quiso ir tanto ahí. En eso estoy, leyendo y leyendo y leyendo sobre ella, asomándome a su ventana, escudriñándola en fotos viejas. Conseguí finalmente Muerte en Persia, su único libro traducido al castellano. Huidizo el libro, como ella. Bueno, me voy a cenar.

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Inspiraciones I

Marzo 11, 2008 · 4 comentarios

marvin.jpg Automáticamente pienso que hice algo mal y que me van a echar. Si entra el jefe de mal humor, o el jefe de él pasa sin saludar, es porque han estado hablando mal de mí la noche anterior. Si una de las secretarias no me sonríe, es porque acaba de recibir la noticia de mi despido y da cuenta de la prolongación jerárquica que le toca poniéndose antipática conmigo. Si la gente de mesa de entradas no responde con un “buenos días” a mi mismo exacto volumen, es porque no acaté alguna tácita forma protocolar y de eso no se vuelve. Tampoco se vuelve de la fama de ratera. Ayer el chico que tengo al lado se pidió dos cafés; quería uno doble, pero no había tazas grandes, así que vengan dos pequeñas. Y yo vacié una pensando que era para mí, pero qué amable colega, pensé, muchas gracias, le dije. Y él tuvo la delicadeza de explicarme el malentendido primero, y de no arrebatarme la taza después. En fin, que cada día puede ser el último en el puesto de trabajo, estoy al borde del peligro todo el tiempo, en la mera, mera cornisa. Es divertido, no crean. Cuando la neurosis se pone así hiperactiva, se anula a sí misma para volverse una muy inagotable fuente de imaginería a utilizar -ojalá- en propósitos menos zonzos.

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The system

Marzo 6, 2008 · 5 comentarios

florida.jpg Es medio triste comer un pancho de parada en Florida a las tres de la tarde. También lo es comer un dudoso triple de pollo, a la vuelta del kiosco que vende los panchos. Es como la soledad mal llevada. Pero se cede a eso o se desembolsan 28 pesos en un restaurante con entrada y postre, y se vuelve tarde y culposa al puesto de trabajo. No más la tarta que había preparado la noche anterior, con un vaso de vino o un licuado, sobre mi propia mesa en mi alquilada casa, con mis propios platos, cubiertos, ingredientes y timing. Ahora siempre será almorzar afuera, hasta que le agarre el ritmo a la oficina, la confianza a los colegas, y pregunte cuál es el mejor lugar para pedir el almuerzo delivery que comeré frente a la computadora. Ahora ya no más regodearme silenciosamente en el hecho de que nunca tengo que tomarme subtes en hora pico, porque empecé a tomarlos. Ahora voy al centro todos los días, antes sólo cuando quería o cuando tenía que facturar alguna cosa que había hecho desde casa. Ahora tengo un jefe de a de veras, de esos que están tras una puerta tras una secretaria. Durante ocho años trabajé así como escribo ahora, descalza, despeinada y levantándome cada cinco minutos a hacer otra cosa. Mail, teléfono y word era todo lo que necesitaba. Ahora tengo que hablar mucho, saludar, sonreír, ir bien vestida… No me quejo, no me molesta realmente ni peinarme ni vestirme ni bañarme todos los días a las 8 am. Es que estoy un poco en shock con todo esto porque yo vivía de otra forma. Y me pregunto qué cambiará en mí. Forzosamente ha de cambiar algo; aparte de mi situación financiera a fin de mes, me preguntó qué cosa más profunda comenzará a gestarse con la nueva rutina, con ver a Buenos Aires así de cerca todos los días.

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Una entrevista a Pedro Mairal…

Diciembre 24, 2007 · 2 comentarios

mairal.jpg que hicimos con Eugenia, aquí.

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La entrevista que no fue

Septiembre 1, 2007 · 2 comentarios

conwoody.jpg En el ADN de hoy sale Woody Allen en la tapa. Cada vez que veo a Woody Allen me da un no sé qué en el estómago. Porque en febrero estuve a punto de entrevistarlo… Fui a verlo al Café Carlyle de Nueva York, justo el lunes que empezaba la temporada de toques de la Woody Allen & The New Orleans Jazz Band. Las entradas estaban agotadas hasta mayo, pero si llegabas temprano podías sentarte en uno de los 6 o 7 banquitos de la barra, y ver el show por 30 dólares menos. Lo hice, reservando un lugar para mi amiga Gise que llegó al rato. Había que consumir algo. Lo más módico: copa de vino a 20 dólares. Lo hacemos. Entró finalmente Woody con su clarinete y yo con la idea fija de encontrar el momento de solicitarle una entrevista. (más…)

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CV freak-lance

Junio 14, 2007 · 5 comentarios

freelancers.jpg En Estados Unidos hay un sindicato de freelancers, que ahora está, por ejemplo, luchando por conseguir nuevos seguros médicos. Su página define este tipo de trabajadores como “individuos que trabajan freelance (vale), o son contratistas o consultores independientes, o ’self-employed’ o empleados de medio tiempo/ temporarios o que se desempeñan en varias empresas a la vez”.
Yo entro en las categorías freelance y “self-employed” y podría formar parte del sindicato sin problemas. Le exigiría, eso sí, que brindara asesoramiento respecto del armado del CV correspondiente, ya que el currículum de un freelance es una cosa dificilísima de hacer. Después de la parte de “estudios” se entra a la nebulosa categoría de “experiencia laboral” de la que se desprenderá un complejo ramaje de nuevas categorías para que quepa todo lo que uno ha hecho. Allí muchas ‘changas’ han de dejarse irremediablemente de lado (aunque te haya llevado un año, no vale poner que pasaste a formato digital todas las obras de teatro de tu vecina). Ahora bien, ¿para qué quiere armarse un CV un freelance? ¿Para obtener un trabajo “de verdad”? No siempre. Yo he armado CVs para obtener otros trabajos freelance, o para aplicar a becas. De cualquier modo, nadie dijo que un CV sea determinante… para ninguna cosa.
¿Jubilación? No pensé en eso todavía. ¿Aportes? Ídem. ¿Vacaciones pagas? Ah, ¿existen todavía?. ¿Obra social? Una que me quedó de antes. ¿Sueño de la casa propia? No. ¿Créditos? En este país ni loca. ¿Y la fluctuación en los ingresos? Cierta, pero tengo tiempo para leer y puedo hacer un picnic en Plaza Francia un martes a las 3 de la tarde . ¿Crecer laboralmente? Sí, por empezar, hace rato dejé de llamar a mis múltiples trabajos “changas”. Y casi nunca tengo que tomarme el subte en hora pico.

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