Felices juntos

Entradas clasificadas como ‘Libros’

Películas post-office

Junio 28, 2008 · 1 comentario

He visto varias películas últimamente. Estoy siendo el experimento ideal para los teóricos de la recepción: alguien que llega del trabajo y prende la tele. Bueno, la primer película que comentaré no la vi en la tele sino en el cine: The happenning, traducida como El fin de los tiempos de M. Night Shyamalan, qué nombre, ¿ese es su verdadero nombre? Es maravilloso. De todas las películas que he visto de Shyamalan, la que menos me ha gustado ha sido Sexto sentido, y las que más La aldea y La dama del agua, hasta ahora que vi ésta sobre un fenómeno extraño que consiste en que la humanidad se deshaga de sí misma. Salí contentísima de la sala, como si hubiese visto algo alegre y esperanzador, tipo Amélie, pero no, es todo lo contrario. Pasa que Shyamalan… no sé cómo le hace para que la sordidez y el pesar pasen a ser una cosa intrigante, atrayente y casi bella. Luego vi en la tele Jhonny y June, una parte de la vida del gran Jhonny Cash. Las actuaciones son conmovedoras. Una tarde que llegué con ganas de echarme porque se acercaba un resfrío, enganché Misión imposible, pero no sé cuál. Actuaba Philip Seymor Hoffman, emocionante, qué lindos aparatitos, final pésimo. Me habían recontra recomendado la película española El milagro de P. Tinto, pero recontra recomendádola, así que la alquilé anoche y no sólo me pareció una película muy mala sino también desagradable.

Lo mejor igual, es apagar todo eso y seguir con la lectura de El enigma de París de Pablo De Santis. Dan ganas de llamarlo y agradecerle por su enorme cultura, por su humor, por Sigmundo Salvatrio, por haber escrito un clásico, por ser tan buen escritor.

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La herencia china de Euge

Mayo 26, 2008 · 3 comentarios

El Señor de abajo ha posteado algunos de los poemas de Herencia china de Eugenia Segura, una de las patronas de este blog. Contemplación que estalla en  imágenes puras, precisas, blancas, a un ritmo que parece contener algún secreto. Imagino sus poemas dentro de un imprescindible bolso de viaje, a punto de encarar un ascenso difícil o un sendero que asusta por lo silencioso y virgen. Pueden leerse aquí y pronto en su librería amiga.

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Khazars

Febrero 13, 2008 · No hay comentarios

khazars.jpg Agradecida eternamente a Lela por haberme regalado el Diccionario de los Khazars, una novela serbia escrita por Milorad Pavic. Me consiguió la versión femenina, que sólo difiere en unas pocas líneas -al parecer cruciales- de la masculina. Alguna vez encontraré esa versión y la revisaré. Yo no puedo creer tanta belleza. El diccionario tiene tres vertientes, la cristiana, la judía y la musulmana; cada una reconstruye la historia del pueblo extinguido de los Khazars, antes de su decadencia, que comenzó cuando eligió una de esas tres fes, nadie sabe cuál. Como el formato es el de un diccionario, se puede leer como sea, empezando por donde a uno le parezca, saltando de referencia en referencia. El Ulysses y Moby Dick, las únicas novelas que me había propuesto leer este año, tendrán que esperar hasta por lo menos mayo. Porque cada hoja del Diccionario tiene tal intensidad que sólo puede leerse muy despacio, y mejor en la cama, antes de dormir, porque la prosa tiene la profundidad casi mágica de los sueños.

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Los tres estigmas de Palmer Eldritch - I

Octubre 2, 2007 · 2 comentarios

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Leo por segunda vez “Los tres estigmas de Palmer Eldritch” de Philip Dick. Voy por la parte en la que seis colonos del desolado Marte mastican la droga “Can-D”, que los mete en un mundo ilusorio que ellos mismos confeccionan en la vigilia con los diseños de moda en miniatura que le compran a la fábrica “Perky Pat”. “Pat” es por “Patricia” y Patricia es una suerte de muñeca barbie que tiene a un Walt como pareja. Una mujer que mastica Can-D, se traslada al rato al cuerpo de Pat: anda en su auto, come su comidita, duerme en su camita, se relaciona con Walt. Se puede hacer de a varios. Entonces, en el capítulo en el que estoy, hay tres hombres metidos en Walt y tres mujeres metidas en Pat, que está usando un traje de baño de diseño sueco. Desde luego, la fábrica de los diseños Perky Pat es la misma que trafica clandestinamente la droga Can-D. ¿Cuál es la joda de masticar Can-D? Estos colonos, expulsados de la Tierra híperpopulada, con nada más que ver que a los otros colonos y la arena roja de Marte, se sienten de nuevo en casa gracias al Can-D. Pero en una casa mejor: bajo los efectos de la droga, “siempre es sábado”. Y a Pat y a Walt les gusta la buena vida. Hay muchas teorías acerca del funcionamiento del Can-D: al parecer, mientras más precisas y preciosas sean las cositas que comprás a la empresa Perky Pat, más realista y fabuloso será tu viaje. Otros dicen que es más bien como un sueño lúcido, y que el efecto depende del alcance de tu imaginación. Otros dicen que al dejar el cuerpo para meterse en Pat o Walt, éste muere, con lo se pierde el peso del pecado. Philip Dick era un genio. En la portada de mi libro, esto dice Terry Gilliam sobre él: “A todos los que se extravían en las realidades que se multiplican infinitamente en el mundo moderno, recuerden: Philip K. Dick llegó primero”.

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El Hobbit cumple los 70

Septiembre 23, 2007 · 4 comentarios

Nota publicada en revista Ñ, Buenos Aires, 22/09/2007

El 21 de septiembre de 1937 J.R.R. Tolkien publicaba su primera novela, “El Hobbit”. Este pequeño pero sorprendente personaje y sus aventuras han habitado desde entonces en la imaginación de generaciones enteras, convirtiéndose en un clásico de la literatura fantástica. Aquí recordamos la fascinante histoira detras del autor y esta obra.

Tenía una esposa y cuatro hijos que mantener y su posición de filólogo y profesor de anglosajón en Oxford no lo libraba de la necesidad de emplearse en tareas nada gratificantes, como la corrección de los exámenes que los estudiantes británicos debían rendir para graduarse del secundario. En esto se ocupaba J.R.R. Tolkien una tarde de verano, cuando se topó con la hoja que un alumno desaplicado había dejado en blanco. La observó unos instantes y sobre ella escribió en un impulso: “En un agujero en el suelo vivía un hobbit”.
Muchos años después, cuando el éxito de El Señor de los Anillos le permitió prescindir de engorrosos trabajos independientes, Tolkien diría: “Siempre que escribo, empiezo por un nombre. Deme un nombre y éste produce una historia; no al revés”. Por eso, tras garrapatear aquella frase en una fecha que nunca pudo precisar (aunque seguramente fue después de 1930), este austero profesor inglés, que llevaba una rutinaria vida académica y familiar, que viajó muy poco en su vida y que nunca hizo nada extraordinario, salvo la cosmogonía más impresionante y acabada de la fantasía moderna, decidió esforzarse por descubrir qué era eso llamado “hobbit”. (más…)

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It’s here…

Julio 21, 2007 · No hay comentarios

harry7.jpg Llegó, queridos, llegó el último número de Harry Potter. Benditos sean mis padres que se ocuparon de que aprendiera inglés, pues hoy, a las 22.48 de la noche, llego a casa con mi brand new libro, lista para cenar y meterme a la cama con él, en placenterísima ceremonia. Como en Clarín saben de mi fanatismo (”freakie” me llama una amiga), me piden una columna de opinión que saldrá publicada mañana. Mandé esto:

Dentro de 3 horas tendré en mis manos el último libro de Harry Potter. Lo reservé el 1ro de junio, sin reparar en gastos. Es que a Harry Potter no se le mira el precio. Nunca. Me dieron un vale con el número “381”. Odio por un rato a las trescientas ochenta personas que lo reservaron antes que yo, y ruego no cruzarme con ninguna camino a la librería, no vaya a ser que griten alguna cosa que me devele los misterios que dejó picando Harry Potter y el Príncipe Mestizo. Durante las últimas semanas he hecho mi tarea: releer los dos libros anteriores para tener todo bien presente antes de enfrentarme al fin de la saga. Es que buena parte de la historia se juega en los detalles; en ínfimos trozos de información que la autora ha tejido a lo largo de estos años, y que, finalmente, están a punto de cerrarse. Quienes no viven esta maravillosa narración, seguramente no entenderán mi enorme ilusión por meterme esta noche en la cama, con la bolsa de agua caliente, un termo de té y Harry Potter and the Deathly Hollows. Ojalá los medios respeten el tiempo que deberán esperar quienes leerán la traducción y no revelen nada; y ojalá el periodismo cultural alguna vez deje de hablar de Harry Potter como un fenómeno de ventas y se ocupe de lo que es en primer lugar: literatura.

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Autocomplacencia e impasibilidad

Julio 6, 2007 · 1 comentario

ignatius.jpg     Eugenia cumple años y los festeja el lunes que viene. Ayer, en una librería que hay en Superí y Elcano, decidía qué libro obsequiarle, cosa que se ponía difícil porque Eugenia es una gran lectora. Pensé en uno de Patricia Highsmith, pero me da como cosa regalar libros que no he leído, entonces directamente le mandé un mensaje de texto: Hola Euge, ¿has leído/tenés ‘La conjura de los necios’?
Al rato me contesta: No, pero las he vivido.
Así que se lo compré.
Ojalá le guste. Eugenia ha sido mi profesora particular de “autocomplacencia e impasibilidad”, asignatura acuñada por ella, a la que mi neurosis, si no le debe la cura (porque, vamos, no la tiene), al menos sí muecas a mi súper súper yo.

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Poor Martha

Julio 5, 2007 · No hay comentarios

woolf.gif      Leo por segunda vez en el año “Quién le teme a Virginia Woolf?” de Edward Albee. En el tercer acto, llamado “El exorcismo”, hay un monólogo borracho de Martha, un bello monólogo alcoholizado de la sufrida, cruel y vulgar Marta: I cry all the time too, Daddy. I cry alllll the time; but deep inside, so no one can see me. I cry all the time. And Georgie cries all the time, too. We both cry all the time, and then, what do we do, we cry, and we take our tears, and we put’em in the icebox, in the goddamn ice trays until they’re frozen and then… we put them… in our… drinks.

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Libros y películas

Junio 21, 2007 · 5 comentarios

cine-celuloide.jpg Trabajar en casa, igual, tiene múltiples desventajas, siendo una de las más comunes la de entretenerse constantemente con otras cosas. La indisciplina, que le dicen. Hoy me entretengo con las siguientes categorías:

LIBROS QUE NUNCA HABRÍAN LLEGADO A LA PANTALLA SI HUBIERA PODIDO IMPEDIRLO:
- Los suicidas de Di Benedetto.
- Harry Potter y La Piedra Filosofal y Harry Potter y La Cámara Secreta, de J.K. Rowling.
- Herbert West, Reanimator de H.P. Lovecraft (tá bien, el cuento no es de los mejores, pero ¿qué necesidad había de mandarse una película tan horrible?).
- Jude the obscure, de Thomas Hardy.
- Han de haber muchísimas más, pero ahora no puedo evocar ninguna.

LIBROS CON ADAPTACIÓN GLORIOSA A LA PANTALLA:
- 2001 Odisea en el espacio de A.C. Clarke.
- Blade Runner de Philip Dick (llamada en verdad “Do androids dream of elecric sheep?”).
- El padrino, de Mario Puzo.
- Muerte en Venecia de Thomas Mann.
- Orlando de Virginia Woolf.
- Romeo y Julieta en la versión de Franco Zeffirelli.
- Matilda, de Roald Dahl.

LIBROS CON MUY BUENA ADAPTACIÓN:
- Drácula de Bram Stoker, en la adaptación de Coppola.
- El señor de los anillos (bastante bien está a pesar de lo mucho que se omitió. Eso sí, Frodo necesitaba más carácter).
- Romeo y Julieta, en la adaptación de Baz Luhrmann (la de Leonardo Di Caprio).

LEYENDAS DE ADAPTACIÓN TRISTÍSIMA:
- Robin Hood, con Kevin Costner
- Lancelot, con Richard Gere

PELÍCULAS SOBRE LAS QUE TODAVÍA NO SÉ QUÉ PENSAR:
- Frankenstein de Mary Shelley, en la adaptación de Kenneth Branagh.
- El ladrón, la bruja y el ropero, primera parte de la larga saga de las Crónicas de Narnia. Vale rescatar que ésta fue reeditada gracias al éxito de la película.

NOVELAS/CUENTOS QUE LLEVARÍA A LA PANTALLA SI EN MÍ ESTUVIERA DECIDIRLO:
- Jonathan Strange y el Señor Norrell de Susanna Clarke.
- El jardín de las máquinas parlantes de Alberto Laiseca.
- Los héroes, de Pedro Mairal.
- Cómo triunfar en la vida, de Angélica Gorodischer.
- La máscara de la muerte roja de Poe (ignoro si existirá una adaptación al cine; es probable que sí).
- La sombra sobre Innsmouth, de H.P. Lovecraft.

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Calamity Jane

Abril 7, 2007 · 1 comentario

Terminé de leer “Waiting period” (ver entrada previa); contra todo pronóstico, tiene un final feliz, en cálidas playas de Costa Rica, cosa que me alegró. Ahora estoy leyendo “A sangre fría”, de Truman Capote. Voy por la página 225. Es tremendamente apasionante, estoy fascinada. Cuando termine seguramente tendré ganas de una temporada de lectura ligera y cómica; tal vez relea mis Ásterix y daré una vueltecita por la calle Corrientes a ver si doy, de una vez, con “Calamity Jane”, de la saga Lucky Luke. No se lo encuentra por ningún lado.

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Calamity Jane existió efectivamente. Fue una de las prominentes figuras femeninas del Lejano Oeste. Usaba ropa masculina, podía beber a la par de un hombre (y más que la media; llegó a ser muy alcohólica) y luchó contra los indios. Su verdadero nombre era Martha Jane Cannary. Su apodo, “Calamidad”, probablemente se deba a que amenazaba con una a culaquier hombre que la molestase… Estuvo perdidamente enamorada del pistolero Wild Bill Hickok. Al morir éste durante una partida de póker (ya sus compañeros de juego lo habíán notado un tanto intranquilo: a Wild Bill no le gustaba sentarse de espaldas a una puerta, sino de espaldas a la pared, para descartar un eventual ataque desde ese ángulo. Esta vez, sin embargo, no había llegado a tiempo para ocupar la silla apropiada y su temor cobró la forma que él tanto había profetizado en sus paranoias: le dispararon en la parte de atrás de la cabeza, con un revólver calibre 45), decía, al morir éste, Calamity Jane dijo haber estado casada con él y ser la madre de su único hijo, que había dado en adopción en algún momento. Nadie pudo probar esta historia y nadie podía recordar haberla visto embarazada. Además Wilckok estaba casado con una señora Agnes, a quien, a decir por su correspondencia, amaba sinceramente.
Tiempo después Calamity se casó de verdad y tuvo una hija, pero el matrimonio no duró y no sé qué habrá sido de la pequeña; en 1900 se organizó una colecta para poder enviarla a un convento, pero Calamity Jane usó el dinero para comprarle tragos a todos sus amigos. Por entonces trabajaba en el denominado “Wild West Show” de Buffalo Bill, parecido a una función circense con obras y narraciones de aventuras, donde ella mostraba sus dotes para cabalgar y disparar. La echaron en 1901, por peleona y borracha. Murió en 1903 cuando se le complicó una neumonía. Su último deseo, de ser enterrada junto a Wilckok, fue respetado.

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Dear Mr. Lovecraft

Marzo 20, 2007 · 4 comentarios

Original de la nota publicada en diario Perfil, Buenos Aires, Argentina, 11/03/07

Quienes hace 70 años tenían por costumbre leer los obituarios de la edición vespertina del Providence Journal, se encontraron con el siguiente resumen: “H.P. Lovecraft de Providence, R.I., falleció ayer en el Jane Brown Memorial Hospital. Tenía 46 años. El Sr. Lovecraft vivió casi toda su vida en Providence. Era escritor”.
La ciudad de Providence es la capital del estado de Rhode Island, el más pequeño de Estados Unidos (cabe varias veces en Tucumán) y también uno de los menos célebres. Ubicado en la costa noreste del país, fue sin embargo la primer colonia en proclamar su independencia de Inglaterra y más tarde la última en adherir a la Constitución de la nueva nación. Sus habitantes deben resignarse a que buena parte de sus compatriotas confunda continuamente su tierra con una isla, o que sólo pueda describirla como el paso obligado entre Boston y Nueva York. Dicen que cobró algún renombre a nivel nacional a partir de la emisión de la olvidable serie de NBC “Providence”, en el aire entre 1999 y 2002 y filmada, en realidad, en Hollywood. Bien lejos de la acotada fama televisiva, la comunidad académica reconoce en la Universidad de Brown a una de las más prestigiosas instituciones educativas de Estados Unidos. Fundada en 1764, se eleva sobre el pintoresco barrio de College Hill, poblado de grandes casas coloniales con torrecillas de cúpulas cónicas u octogonales y no menos de tres chimeneas. Por sus calles, durante la noche, le gustaba caminar al joven Howard Phillips Lovecraft. El obituario del comienzo no podía prever que el escritor sería más adelante traducido a una docena de idiomas, objeto de cientos de estudios y comparado con su admiradísimo Edgar Allan Poe. Lovecraft tampoco podía saberlo.

Providence

A H.P. se le han adjudicado varias funciones: padre de la ficción macabra, mentor del horror cósmico, creador de una de las cosmogonías más excéntricas del siglo XX. Cómo un hombre conservador, puritano y enamorado de los valores dieciochescos, llegó a concebir a esos seres Primordiales que poblaron la tierra hace millones de años, dotados de una sabiduría completa y de un aspecto aterrador, será siempre parte del misterioso proceso de la creación humana. Sin embargo, aparecen algunas pistas cuando se conocen ciertos datos sobre su vida. Lovecraft nació en la calle Angell 454, en casa de su abuelo paterno, el 20 de agosto de 1890. Casi no conoció a su padre, quien fue internado en un sanatorio para enfermos mentales cuando Howard tenía tres años. Su madre, Susie, vivió la locura y muerte de su esposo con enorme dramatismo y volcó todas sus neurosis en su pequeño hijo. A la vez que lo sobreprotegía y lo consentía en todo, le decía a la gente que era “feo” y le contagiaba de toda su imaginería sobre enfermedades nerviosas y debilidad congénita. Como consecuencia de esta peculiar crianza, Lovecraft se convirtió en una criatura nocturna con gran afición a los dulces y que detestaba los platillos “difíciles”, como el pescado. A la vez sufría recurrentes crisis nerviosas y síntomas de hipersensibilidad, previsiblemente de origen psicosomático, que le impidieron terminar el colegio y entrar en la universidad de Brown, como había soñado. Esto no impidió que fuera una persona asombrosamente precoz y culta. Creció rodeado de la enorme biblioteca de su abuelo, Whipple Phillips, hombre instruido y aficionado a la astronomía. A los cinco años Las mil y una noches se convirtió en su lectura favorita, y por esos tiempos se dio el apodo de “Abdul Alhazred”, que en su obra adulta se convertiría en el árabe loco, autor del libro maldito Al Azif o Necronomicon. También le gustaban los libros antiguos y de ellos conservó para su propia literatura los arcaísmos ingleses. En esa biblioteca, además, descubrió tempranamente a Edgar Allan Poe.
Tiempo después se entusiasmó con la química y la astronomía, llegando a publicar boletines científicos que repartía entre parientes y compañeros de juego. Su vida sufrió un traumático giro a la muerte de Whipple; la decadencia de la fortuna familiar y la acotada herencia llevó a su madre a mudarse al piso bajo de una casa cercana. Respecto de esta mudanza, años después Lovecraft escribía: “sentí que había perdido mi completo ajustamiento en el cosmos”. Dicen que por entonces contempló la idea del suicido, pero también fue por entonces que inició, sin saberlo, su legado literario. En 1905 dio forma a “La bestia de la cueva” y en 1908 a “El alquimista”. Ese año abandonó la escuela secundaria, y se convirtió prácticamente en un recluso, pasando largos períodos de embotamiento hasta 1913. Susie nunca hizo nada por que su hijo se preocupara por obtener medios de vida y éste, convencido de que su falta de salud le impediría sostener cualquier empleo, nunca se ocupó de emprender seriamente un oficio. Por entonces ambos gozaban en el vecindario de una fama de, por lo menos, “raros”. A Lovecraft le gustaba dar largos paseos nocturnos por College Hill. Su figura era tan larga y su tez tan transparente que solía asustar a los niños que jugaban por ahí. Su paso, sin embargo, era animado, y es que las casas solariegas, las cúpulas de mármol o bronce enmarcadas por los antiguos árboles y el silencio casi espectral que se cernía sobre toda la colina, le hacían entrar en una especie de trance mágico; dicen que perdía la noción del tiempo y que no reconocía a nadie que se le atravesara. Susie, por su parte, y ya mostrando los signos de locura que la llevarían años después al mismo sanatorio en el que muriera su marido, decía nerviosa a algunas vecinas que había criaturas misteriosas detrás de los edificios, acechando en cada esquina.

Sus aventuras

En 1913 Lovecraft abandonó felizmente su etapa de postración, cuando armó un debate epistolar respecto de una publicación en la revista pulp The Argosy. Su prosa llamó la atención de la Asociación Nacional de Periodistas Aficionados, que lo invitó a formar parte. De esta manera H.P. publicó durante ocho años su propio diario, The Conservative y colaboró con ensayos y poemas en muchos otros. También retomó la literatura con “Dagon” iniciando el verdadero mundo de ficción lovecraftiana. Aceptó trabajos de edición y corrección de textos, que le supusieron algún ingreso aunque siempre fue demasiado generoso a la hora de cobrar.
Mantuvo una nutrida correspondencia con otros aficionados y recibió visitas. Éstas cuentan que cuando su madre estaba por casa, Lovecraft se mostraba retraído y nervioso; en cambio cuando los encuentros eran fuera, era locuaz y dueño de un excelente sentido del humor.
Su madre fue internada con una crisis nerviosa en 1919 y en 1921 fallecía tras una operación. La muerte fue un duro shock para Lovecraft, pero las dos hermanas de Susie, Lillian y Annie, decidieron cuidar del no tan joven de 31 años que, una vez más, no tuvo que hacerse cargo por completo de sus medios de vida.
En julio de 1921 conoció en Boston a su futura esposa, Sonia Greene, una mujer judía siete años mayor que él. El racismo y antisemitismo en Lovecraft son tan reales como contradictorios, y su enlace con Greene, una de las pruebas más evidentes de lo laxas que podían ser sus afirmaciones. Durante sus últimos años Lovecraft abandonaría o moderaría sus ideas reaccionarias, fruto tanto de la sociedad conservadora en la que había crecido y de su crianza de niño mimado, como también, tal vez, de sus propias inseguridades e impotencia para hacerle frente a los deberes más básicos de la vida.
Se casó con Sonia en Nueva York y era ella quien sostenía económicamente el hogar. Él entretanto había logrado colocar algunos cuentos en la revista Weird tales y escribía para el escapista Houdini. Al principio estaba muy entusiasmado con la ciudad y tuvo una vida social activa. Pero al cabo de dos años volvió a Providence sin su mujer, hastiado del progreso irrefrenable de la gran urbe y de todas las “etnias” que llegaban a asentarse día a día.

Su regreso

Lovecraft se mudó con sus tías al nro. 10 de la calle Barnes, y lejos de encerrarse en sí mismo viajó bastante, continuó escribiendo cartas (unas diez por día) e inició la etapa madura de su literatura, la que más adelante su protegé, amigo y editor post-mortem August Derleth daría en llamar “Los mitos de Cthulhu”. Relatos como “El caso de Charles Dexter Ward”, “La sombra fuera del espacio”, “El morador de las tinieblas” y “El llamado de Cthulhu” transcurren por completo en Providence y en casas de College Hill, donde sus personajes, en su mayoría científicos eruditos, se ven forzados a rendirse ante la evidencia de que antiquísimos horrores pueblan el cielo, y su prole las oscuras profundidades del mar, esperando el momento en que alguien de nuestra especie –diminuta, insignificante- abra la puerta dimensional que despierte a sus dioses y les permita volver. Según Lovecraft, la gran epopeya de estos seres fue escrita por Abdul Alhazred en el Necronomicon hacia el año 700. Varios de sus corresponsales más estrechos, como Robert E. Howard, Clark Ashton Smith y Robert Bloch escribieron en la misma línea, en lo que se conoció más adelante como “El círculo de Lovecraft”, y en el que abundaron muchos otros libros ficticios (De Vermis Mysteriis, el Libro de Eibon, los Manuscritos Pnakóticos). Lovecraft es puntilloso al describir las gigantescas ciudadelas en las que vivían estos Primordiales, y el género bizarro está en deuda con sus tentaculares criaturas. Los años transcurrieron. Su querida tía Lilian murió y se mudó por última vez de casa, con su tía Annie, al 66 de College Street, en 1933. Cada vez se le hacía más difícil vender sus relatos, largos y demasiado complejos para las revistas de ciencia ficción, por lo que se ganó la vida corrigiendo e incluso escribiendo para otros autores. Muy tarde le diagnosticaron cáncer intestinal; fue internado en el hospital Jane Brown el 10 de marzo de 1937, donde fallecía 5 días después.

Sobre sí

¿Qué tan en serio se tomaba Lovecraft a sí mismo? Una sola mala crítica contra diez buenas lo obsesionaba; un rechazo lo devastaba. Recurrentemente pensó en abandonar el oficio pero nunca pudo, del mismo modo que nunca pudo ser feliz lejos de Providence. Sus extrañas fantasías eran acaso el tributo a la ciudad que tanto amaba. En su ensayo “Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos” de 1934, escribe: “Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol”. Providence era para él ese mismo sueño vuelto vigilia. En sus relatos, la vividez con la que describe las ciudades, las cúpulas, las iglesias y los retorcidos árboles, son más inquietantes que los Primordiales, los soggoths o los descendientes malformados. En una carta que escribió a su tía en 1926 admitió: “Mi vida no está entre la gente, sino entre el entorno físico. Mis afectos locales no son personales, sino topográficos y arquitectónicos. Soy dogmático sólo en la medida en que digo que debo tener a Nueva Inglaterra, de una manera o de otra. Providence es parte mía: Soy Providence”.

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El mejor corresponsal de la historia

Para alegría (o pánico) de los biógrafos, Lovecraft llegó a escribir por lo menos 100 mil cartas y a mantener simultáneamente entre cincuenta y cien corresponsales. Generalmente respondía a las misivas que recibía el mismo día y si se demoraba un poco se excusaba en todo el primer párrafo. Buena parte de su epistolario se encuentra hoy en la biblioteca John Hay, de la universidad de Brown y cualquiera puede acceder a su lectura, pero a través de ordenadas fotocopias. Su letra es apretada, achatada y no del todo legible en un primer momento. Solía terminar las cartas con un “¡Dios salve al Rey y a las plantaciones de Providence!”, o firmando con un “Abuelito”, en lugar de su nombre. A su tía Annie la llamaba “Mi querida nietecita” y a sus compañeros escritores les ponía apodos, como “M. le Comte d’Erlette” a August Derleth (nombre utilizado en sus ficciones para el autor del Culte des Goules) o “Mortonius” a James F. Morton, quien a su vez se llamaba a sí mismo “Plantagenet” y llamaba a Lovecraft “Glorioso Guardián de Glamorosa Grandeza Georgiana”. Buena parte de sus cuentos se encuentran en dorsos de cartas recibidas, como el manuscrito completo de “El que susurra en las tinieblas”. Las notas iniciales de “En las montañas de la locura”, están en un sobre en el que ya no puede distinguirse el remitente. Allí incluso dibujó el diseño de los “soggoths”, con puntillosas descripciones de su fisonomía y de sus colores.

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El itinerario Dostoievski

Marzo 17, 2007 · 3 comentarios

Le recomendé a Fede comenzar por “Crimen y castigo”, seguir con “Los hermanos Karamazov” y terminar con “Los demonios”. Cuando uno termina con “Los demonios” está listo para no leer nunca más nada de Dostoievski, y también preparado para releerlo cuando le venga en gana, digo. No he tenido en cuenta el orden cronológico de las obras como criterio de mi recomendación; de hecho sospecho que “Los hermanos Karamazov” ha de haber sido escrita después de las otras dos. Tampoco soy una experta en su obra ni mucho menos; aparte de esas tres novelas he leído la cortísima “Corazón débil”, que me partió el corazón, y “Nietochka Nezvanova”, novela inconclusa, con un protagónico femenino sufrido y probablemente homosexual, ay ¡si hubiera terminado de escribirla!
No. Mi criterio de recomendación se ajusta más bien al orden en el que yo casualmente leí los tres libros. Pero además se ajusta a un itinerario en el que, desde mi entendimiento, el autor fue capaz de redimir a todas sus criaturas, a todos sus atormentados seres, de una manera o de otra, a través del amor, a través de Dios, a través de una profunda invocación moral que ilumina el camino que se abandonó. Pero llegó un punto en el que ya no pudo hacerlo. Porque los demonios son demonios. Period. Hay gente irredimible: los fanáticos y los que son capaces de tomar la vida más inocente, la de un niño. Ahí están sus demonios. Ahí están los demonios.

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Si no te dan el arma a tiempo…

Marzo 11, 2007 · No hay comentarios

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Estoy leyendo un libro llamado “Waiting period”, de Hubert Selby Jr., autor de “Requiem para un sueño” entre otras muchas amenidades. Va bien; escrito en primera persona (una que se hace pesada de a ratos, hay que admitir), trata de un suicida que tras analizar las desventajas de tomar pastillas para dormir o cortarse las venas, decide pegarse un tiro. Pero cuando va a comprar el arma se entera de que no se la darán de inmediato, que hay un “tiempo de espera”, en el que nuestro héroe, al final, decide que mejor que matarse sería matar a quien lo ha hecho miserable durante tanto tiempo.
Va y lo hace.
Y luego de matarlo… ¿qué? Bueno, justo estoy en esa parte.

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Strand

Febrero 20, 2007 · No hay comentarios

strand.jpg  El sabado fui a una de las mejores librerías en las que he estado en mi vida. Se llama “Strand”, es un clásico, parece. Está en Union Square. Muy grande, laberíntica, en algunos aspectos imposible y por eso no daban ganas de irse nunca, menos con el frío que hacía afuera.

Cosa rara, conseguí todos los libros que estaba buscando. A Lela le regale uno de Poe. A mí me compre “Who’s afraid of Virginia Woolf” de Edward Albee  y “The bone people” de Keri Hulme. Alguien me lo había recomendado muy vehementemente la semana anterior. Lela me compro “Midnight’s children” de Salman Rushdie. Lo estoy guardando para el avión de vuelta a casa.

Cuando salimos Lela insistio en que nos fueramos a comprar ropa. Entramos a H&M y demas lugares. Salimos mareadas de todos ellos. Strand no marea, las librerías no marean casi nunca. (más…)

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Providence

Febrero 14, 2007 · No hay comentarios

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Estuve en Providence el fin de semana pasado. Alli nació, vivió, escribió y murió H.P. Lovecraft.  Confeccioné mi propio tour lovecraftiano y con la ayuda de amigos con auto y coordenadas citadinas, fuimos a sacar fotos. La de arriba es una vista de la ciudad, desde College Hill. Me preocupé por tomar el mejor ángulo posible, o el que más le hubiera gustado a H.P. Es que a la derecha están construyendo unos absurdos edificios de decenas de pisos en color pastel. Un verdadero asco inmobiliario.

Este individuo de la derecha   williamssmall.JPG   es el fundador de la ciudad, Roger Williams, quien desde la colina saluda a Providence particular gesto. Nadie sabe muy bien qué clase de gesto es ese, qué les esta queriendo decir a todos con la mano puesta así. Tal vez este señalando la altura permitida que tendrían que tener todos los edificios de la ciudad en el futuro. No le están haciendo caso.

Dos días después, mi último en Providence, me levanté temprano y fui a la biblioteca John Hay, de la Universidad de Brown. Allí se encuentra el archivo de Lovecraft. Me ofrecieron un buscador y elegí algunos manuscritos, algunas cartas y algunos dibujos. Me advirtieron que no me darían los originales, sino fotocopias. Casi nadie accede a los originales; tenés que ser un biógrafo certificado (sea lo que sea que eso signifique) y no una colaboradora errática. Sin problemas ni rencores accedí a revisar las copias.

Lovecraft escribió cartas, muchas cartas. Se calcula que unas 1oo mil. Y escribía buena parte de sus historias detrás de las cartas que recibía. Y detras de casi cualquier papel. El primer manuscrito de “En las montanias de la locura” comienza en el SOBRE de una carta. Tanto escribió sobre ella que no supe descifrar quién era el remitente.

Estuve allí unas dos horas. Después llego un señor con el que me había comunicado la tarde anterior, a raíz de un libro que encontre llamado “Haunted Rhode Island”. Resulta que él oficia un servicio conmemorativo a H.P. Lovecraft todos los años, alrededor de la fecha de su muerte, alrededor del 15 de marzo. Extendió solemne su tarjeta “Carl L. Johnson. Investigación Paranormal”. Jo! Extraño individuo, sobrio, serio, y desde luego sorprendidísimo de que alguien de tan “far away country” lo hubiera contactado.

En todo caso, ahora estoy escribiendo el artículo sobre H.P.L. que fui a buscar.

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Libros de viaje

Febrero 6, 2007 · No hay comentarios

Para este viaje a Nueva York me traje una biografía de H.P. Lovecraft, porque voy a ir a Providence a buscarlo, y El guardián sobre el centeno, de Salinger,  porque Radio City, el zoológico, el Museo de Historia Natural y la Estación Central están por aquí. También me traje Arte menor, el último premio Clarín, que recibí como regalo de navidad. La verdad que los personajes no tienen un rostro preciso allí; podrían ser uno u otro pues todos parecen pensar o creer en más o menos lo mismo. El personaje que más me gustó es la bailarina del Colón.

Creo que el mejor libro he leído últimamente ha sido Jonathan Strange y el señor Norrell, escrito por la inglesa Susanna Clarke. Lo recomiendo mucho, es apasionante, apasionado y muy ingenioso. Un deleite. Buenas noches.

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