Entradas clasificadas como ‘Ocurrió un día’
El hombre de la bolsa
Octubre 9, 2008 · 5 comentarios
Conocí Wall Street una fría tarde de febrero. Una picardía, porque a pocas cuadras el barrio chino estaba a pleno con los festejos del año nuevo. Y algunos turistas y yo metidos en cambio en esa jungla de cemento desolada que es Wall Street un domingo por la tarde. Ni un arbolito, y cada paso rebotando en ecos contra las paredes. Grises y espejadas paredes.
“Jungla de cemento”, qué imagen ta manoseada. Pero es lo que es.
Nunca pasé por Wall Street en plena actividad; una picardía también. Hubiera sido interesante ver las correrías, escuchar los campanazos desde la calle, ver a los brokers, ver si de verdad están tan apurados como dicen que están, tan conectados y tan jóvenes. En fin, experimentar el núcleo más literal del capitalismo, que es, paradójicamente, el más abstracto. Por eso hubiera intentado entender. Habría frenado a alguien y: “Señor, ¿tiene un minuto para explicarme cómo funciona esto? Señor ¿es cierto que al dólar lo respaldan las divisas de venta de dólares en todo el mundo? En caso afirmativo, ¿eso qué significa? ¿Es verdad que las deudas externas cotizan en bolsa? ¿Y eso qué quiere decir? ¿Es cierto que en lugar de mover dineros de país a país usted mueve bonos que representan dinero? ¿Por cosas así lo llaman especulador? ¿Una acción vendría a ser un pedacito de empresa que a usted le pertenece? ¿Que bajen las acciones significa que la empresa está perdiendo plata y que por lo tanto esa acción no vale nada? ¿Y cuándo una acción se convierte en dinero en efectivo? ¿Por qué usted tiene un televisor plasma de X pulgadas y un pent house en la 5ta avenida comprado con plata invisible?” Tantas preguntas, quiero creer, no se responden en un minuto. No me hubiera enterado de nada por más de que hubiera ido allí en un día hábil.
Una vieja costumbre de las administraciones estadounidenses es tapar sus inseguridades con proporciones desmesuradas, de ahí la banderota que precede la bolsa de valores. Semejante proyección de nacionalismo sugiere tal vez que no estuvieron nunca muy seguros de lo que hacían.
Y vaya cosas, mientras la jungla de cemento parecía como muerta en esa fría tarde de febrero, a pocas cuadras los chinos festejaban, hacían acrobacias y desplegaban sus dragones. Por un instante la imagen tuvo el color de la premonición.
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La llamada
Septiembre 26, 2008 · 7 comentarios
Me llamó para ir al cine. Todo un evento, todo un “Uuuuy, me llamó para ir al cine. Esto va en serio”. Me pasó a buscar en su auto. Todo un evento, todo un “Uuuuy, me pasó a buscar en el auto, mirá que vive lejos y se toma el trabajo. Esto va en serio”. No hablamos mucho en el trayecto. Yo hacía comentarios intrascendentes: “Ah, no sabía que se podía doblar por acá”, o “Qué bárbaro el zanjón con tan poca agua, ¿no? ¿O se dirá ‘poco’ agua? Je je”. Él manejaba todo hecho una seriedad, despacio, sin prestarle atención al poco tiempo que teníamos para llegar en horario a la película. “Uuuuuy, un desapegado de la realidad…”, habré pensado. En ese entonces no sabía si eso era bueno o era malo. Llegamos tarde, pero yo me hice la que no me importaba. La única película que estaba por empezar era La llamada. Yo sabía que era una yanqui de terror, pero como nada me había aterrado desde Los Otros, y antes de esa La profecía de los ‘80, o las gemelitas de El Resplandor, me dije qué bodrio, una de dizque miedo con hachas y boludeces. Pero era lo único que había para ver y lo de menos, en verdad, era la película.
La sala estaba llena. Empezó la cosa. Un video que mata. Qué bolazzzzzzo, pensé, pero en lugar de decirlo miré a mi acompañante con mi gesto especial de qué bodrio. No hubo reciprocidad; de hecho, ni siquiera me miró. Estaba bien erguido, las manitas entrelazadas sobre su regazo y cara de nada. “Uuuuy, un desapegado de la realidad”, habré pensado otra vez y me fui de nuevo a la pantalla, total a qué otra cosa iba a dedicarme. No me dio miedo la deformidad de la chica en el placard, y era la primera vez que veía a Naomi Watts, por lo que no sabía todavía lo buena actriz que era. No sabía muchas cosas en ese entonces y de pronto la película se empezó a poner jodidita… Cuando pasaron el corto fatal, ese que si lo veías te mataba a los siete días, cuando vi las imágenes del video con esa escalera hacia el altillo y la mujer peinándose frente al espejo oval, me empezó a dar miedo en serio. Luego sonó el teléfono y la voz de la niñita (”Seven dayssssss”), y yo ya de lleno en la trama y a medida que pasaban los minutos y avistabas a Samara con ese pelo que le cubría la cara sin sentido alguno, sólo para los efectos del terror y la puta que lo parió, a medida que avanzaba Naomi Watts por la historia de esa horrible niña de orfanato y se adentraba en el misterio para salvar a su hijo de una muerte segura, la gente del cine empezaba a retorcerse, lo mismo que yo. Y estaban todos en pareja o con grupos de amigos, y la única solita era yo, porque cuando en un impulso le apreté el brazo a este chico porque la niña esa empezaba a emerger del pozo (con su movilidad de cámara para atrás, mierda, con su plano por plano en un stacatto deformado), decía, le apreté el brazo, y él siguió impasible, las manitos entrelazadas una con otra sobre su regazo de jean, y la misma cara de estar viendo una campera en un perchero, el agua que queda cuando se sacan los fideos, ¡el colador mismo de los fideos!, la misma cara de nada, siempre, y ninguna reacción al apriete de mi mano. Ya cuando Samara se salió de la tele arrastrándose, me ganó el gemido lastimero: “¡Aaauugaahh!” Y me tapé la cara y elevé las rodillas para tapármela más. ¿Alguna señal de empatía?
No.
Me quedé así un rato. La película siguió, me cubrí los ojos varias veces más, la película terminó, me llevó de nuevo a mi casa, hablé casi nada en el camino esta vez, porque no podía dejar de pensar que Samara saldría de la acequia y se nos abalanzaría no bien el primer semáforo en rojo. Y ahí me dejó en casa. Sola. Me-fue-a-buscar-y-me-volvió-a-dejar. Nunca voy a entender esa cita. Me acosté en mi cama que daba justo a mi televisor y al cabo tuve que cambiarme de pieza. Y hasta hace no mucho le tuve terror a Samara; miedo a meterme a la tina y que de pronto emergiera Samara, miedo a andar por el pasillo oscuro y ver el ojo tras los pelos de Samara, en fin, siempre me ha gustado el terror, pero se pueden ir bien a la mierda con esa película que me dejó traumada, y ahora que ya todo pasó y hasta puedo googlear una foto de ese bicho para ponerla en este post, me pregunto si tanto miedo no habrá provenido en realidad de la amenaza de volver a salir con anodinos de semejante calaña.
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Mitos urbanos III: la viejecita, el loro y el perro
Septiembre 13, 2008 · 4 comentarios
Este mito me lo contaron tres veces. La primera vez lo creí y me pareció una historia magnífica. Es probable que la haya repetido y la haya introducido con “a un amigo de mi hermana le pasó que…” Y en verdad no recuerdo si era un amigo de mi hermana o un conocido de un amigo de ella, en fin, que para detectar un mito urbano es esencial prestarle atención a las filiaciones. Cuando la segunda persona me lo contó recuerdo haber pensado que seguramente el protagonista de la historia era la misma persona y había una relación entre mi interlocutor y mi hermana que yo no conocía. Ya la tercera vez que lo escuché supe que no podía ser otra cosa que un mito urbano, pero no tuve corazón para decirlo porque me lo contaban con tanto entusiasmo, como la historia del año. Forcé la sorpresa y la risa de humorada negra: oh oh ja ja ja oh.
Resulta que un muchacho, a quien llamaremos Juan, vivía en una pensión, probablemente de Córdoba. Era estudiante y casi siempre estaba fuera. Rara vez se topaba con la dueña de la casona, que era una viejita muy buena y dulce. Había enviudado hacía años y era especulación de todos los arrendatarios que estaba sola en el mundo. Sola salvo por su lorito, que vivía en una gran jaula en el patio y al que insistentemente enseñaba palabras y llenaba de comida. Una vez que la viejecita no estaba en casa, el muchacho recibió la visita de un amigo, a quien llamaremos Esteban, que se trajo a su perro. Se pusieron a tomar mate en la cocina comunitaria y a charlar. Oscurecía y el mate trocó en cerveza y así siguieron, sin notar que el perro hacía rato que no estaba junto a ellos. En eso entró con el loro muerto dentro del hocico. (más…)
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La gran Fogwill
Septiembre 9, 2008 · 5 comentarios
Una vez me mandaron a cubrir la entrega de los premios nacionales en artes y ciencias al Palais de Glace. Se dejaron de dar durante varios años (Menem lo hizo) y volvieron por el 2005. El sitio estaba lleno de gente y yo tenía que tomar testimonios de dos o tres artistas y en eso lo vi a Fogwill y pensé: éste. Me le acerco: hola, felicitationes, qué tal, qué tal, estoy haciendo una nota para bla bla, ¿puedo? claro. Van entonces las dos o tres preguntas y sus dos o tres respuestas. Él estaba rodeado de su alegre y muy mujeril familión. Terminé de entrevistarlo y me quedé de brazos cruzados, con mi grabador analógico en pausa y sonrisa de boba, pensando en Vivir afuera pero con poca vena para ponerme cholula en ese momento. Así que, como para decir algo antes de irme, le pregunté: “¿Y qué va a hacer con la plata? (el premio era de diez mil pesos) “¿Comprarle una Nintendo a su nietito? “, refiréndome al nene que andaba pululando a su alrededor. Así fue como se le agrandaron esos ojos claros que tiene y abrió la boca en una mueca de risotada fogwilliana; aclamó a todo su familión alrededor, como vendedor de elixires en pueblo nuevo, y gritó: “¡Escuchen lo que me pregunta esta piba! Si voy a comprarle una Nintendo a mi nietito”. Todos (as) me miraron en silencio, desde arriba, pues todos (as) eran más altos que yo, sobre todo en ese momento, en el que me encogía a una velocidad pasmosa. Estaba segura de que Vera Fogwill sacaría de atrás un bonete con la inscripción “sucker” y me lo pondría en la cabeza, aunque no sabía todavía muy bien por qué. Entonces el padre se me acerca bien a la cara y me dice: “No, querida, voy a comprarle una PlayStation a mi hijo“.
Desde entonces intento saberme todas, todas las filiaciones del mundo, para evitar mandarme de nuevo una gran Fogwill. En cuanto a lo de no saber que la Nintendo estaba pasada de moda, ni modo.
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Ma ville
Agosto 24, 2008 · 4 comentarios
El jueves pasado, a eso de las 19.30, me tocó caminar por Agüero desde Córdoba hasta J.M. Gutiérrez. Ya estaba oscuro y salvo por las avenidas, no había mucho escándalo en las calles. Los bocinazos se disuelven no bien cruzada la bestialidad de Córdoba. Eso tienen ciertos barrios: atravesado un umbral tácito, se entra a The Truman Show. Las luces de los edificios se van encendiendo a tu paso: “hola qué tal, hola qué tal, bienvenida a mi limpia vereda sin caca de perro”.
La lectura alternativa es: “te estamos mirando, no te mandés ninguna”.
Las entradas de los edificios están decoradas por el consorcio, pienso. Tienen lámparas de diseño y silloncitos. Capaz alguien, alguna vez, se sienta sobre ellos. Ponerse de acuerdo sobre cuándo cambiar el mobiliario y con qué criterio ha de ser una ocupación a la que antecede una carta bajo la puerta de los departamentos: “Reunión por renovación de entrada. Cítense a los residentes sab 2 nov 18.30 hs. Inquilinos abstenerse”. Podrían obviar del aviso a quienes alquilan, sólo alcanzárselo a los dueños, pero en edificios así conviene marcar terreno una vez cada tanto. Los ascensores, al final del corto pasillo (los largos pasillos no ocurren en esos edificios) brillan como espejos y brillan como el piso y no se ve al cuidador por ningún lado.
Hay pocos y precisos negocios a lo largo de Agüero, entre Córdoba y J.M Gutiérrez. Una verdulería con manzanas redondas y crocantes, “para que todo el que las viera sintiera deseos de comerlas”, como en Blancanieves. Naranjas gordas y jugosas, papas y batatas sin tierra y tolditos verdes o rojos que proyectan una sombra fresca sobre las frutillas y los potes de castañas de cajú. Hay un Deva’s donde venden jardines zen, rocas energéticas y libros sobre cómo descubrir la propia espiritualidad. La propia, no la ajena.
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Mitos urbanos II: La novia y el microondas
Agosto 9, 2008 · 6 comentarios
Este posible mito tiene dos versiones. Cuento la primera, tal como me la contaron a mí.
Era el boom de los microondas; todos querían uno, pero nadie sabía a ciencia cierta cómo usarlo, o más bien, cómo “explotar sus capacidades totales”. Debido a que el recetario que venía con el aparato parecía, cómo decirlo… demasiado aséptico, aparecieron libros de Blanca Cota y de otras cocineras vernáculas explicando cómo hacer un pollo al microondas, una torta al microondas, un guiso de lentejas al microondas, un etc. al microondas. Las amas de casa, sin embargo, nunca tuvieron paciencia suficiente para cambiar el registro del horno tradicional, y, hasta hoy, el aparato se utiliza sobre todo para calentar el café o descongelar las costeletas. Aparte de este fracaso, del que misteriosamente nadie habla, vino a embarrar el panorama el fantasma de la novia que estaba apurada por llegar a la iglesia y tenía que secarse el pelo. Con el vestido puesto y todo, no tuvo mejor idea que meter la cabeza en el hornito blanco, poner 2 minutos de cocción, y freírse, en consecuencia, el cerebro.
Yo era más bien chica y me tragué la historia. Tiempo después, no obstante, comencé a encontrarle fallas. La primera: ¿cómo una novia de iglesia y vestido se lava el pelo en su casa? ¿Acaso no contempló entre los deberes ceremoniales el de ir a la peluquería? La segunda y obvia: el horno microondas no funciona con la puerta abierta.
Y ahí es cuando aparece la segunda versión: la chica no metió su cabeza, sino sólo su largo cabello, y cerró la puerta. Cabeza fuera, pelo dentro. Es posible. Y la cercanía de su cráneo con el aparato fue letal.
Este mito urbano, más bien noventoso, no podría ser creído por nadie hoy en día. Sin embargo, y por un interés tanto estadístico como atropológico, quisiera saber si algún visitante escuchó algo similar, y conocer su propia versión.
Próximamente: la viejecita, el loro y el perro.
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Tarea para el hogar
Julio 22, 2008 · 8 comentarios
Cass me envió tareíta para el hogar, y la verdad que me viene bien hacerla en este momento. Sigo las reglas al pie:
1. Escribir 14 “pequeñas cosas” que te hagan feliz
2. Copiar primero las reglas
3. Seleccionar 6 bloggers para que sigan con el meme
4. Avisarles a los bloggers seleccionados (y aguantarse después las puteadas).
Bueh, veremos cómo me va con los “bloggers seleccionados”. No creo que llegue a seis. Los puntos que siguen no están ordenados por preferencia. Acá van algunas de las cosas que me ponen contenta:
1. Ver Hannah y sus hermanas algo así como una vez cada cuarenta días. 2. Leer cuentos de Lovecraft que ya leí mil veces alguna vez por mes. 3. Encontrarme con mi familia todos los fines de año 4. El sonido invisible de la montaña. 5. Recibir un mail que estaba esperando. 6. Mirar la abandonada Torre del Molino, que me vengo a enterar, la proyectó Francisco Terencio Gianotti, el mismo de la galería Güemes, en la que se inspirara uno de mis cuentos preferidos de Cortázar: “El otro cielo”. 7. El café con leche. 8. Pensar mirando el mar (uf, hace cuánto que no hago eso). 9. Poder poner en práctica, de cuando en cuando, el ejercicio de “reductio ad absurdum”, o para el caso, el “ridiculus” de Harry Potter. 10. Cuando me sale, ver la ciudad con ojos de turista. 11. Tomar vino con Lela, escuchar insultar a Elisa, etc. 13. La banda sonora de Batman vuelve. 14. En general, los sábados.
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Tres buenas noticias
Julio 3, 2008 · 3 comentarios
1 La liberación de Ingrid Betancourt y sus compañeros. Hurray. Aunque todo suena demasiado fácil y por lo tanto a cortina de humo. Eso de que los que venían a buscarlos, engañando a las FARC, llevaban “remeras del Che” para disimular, suena tan burdo que, como dice mi hermana, sólo Ingrid Betancourt, en estos momentos de hipersensibilidad, podría - y necesita- tragarse un cuento así.
2 El hallazgo de la versión completa de Metrópolis de Fritz Lang, en el Museo del Cine de Buenos Aires.
3 El triunfo de La Liga, de Quito, en la Copa Libertadores. Muy buena la actitud de su director técnico durante los penales.
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Lo que entró en el día
Mayo 23, 2008 · 3 comentarios
Gris. Así tiene que estar Buenos Aires para combinar consigo misma. Primero me fui a depilar y me tocó con la tucumana, que siempre me cuenta historias macabras de política, probablemente ciertas. Está pendiente un estudio sobre las conexiones subterráneas entre poder y peluquerías. En la estación José Hernández una chica muy mona me preguntó si me interesaba recibir información sobre un Jardín Cementerio Privado. La cara que habré puesto. No, perdón, no gracias, no me gusta pensar en eso, ahora no, le dije, y me subí al subte y la angustia se sentó al lado mío. Se había nublado cuando llegué a la obra social para hacer un trámite tonto que al final llevó una hora. Más tarde, en el trabajo, me contaron la trágica vida de Felicitas Guerrero. También me enteré del éxito que tiene mi ex más maligno y medio que me dio bronca por la bronca que me dio. Comí una empanada de jamón y queso y otra de carne y mi jefe me pidió que lo reemplazara en una reunión en la que Ibarra se sentó justo a mi lado. Garabateó una flor de cinco pétalos con una carita en su centro; también un sol de ocho rayos enmarcado en sucesivos rectángulos. A la salida me llamaron para preguntarme la fecha de cumpleaños de una amiga y yo sólo me acordaba que había sido el día de la nieve en Buenos Aires. “Parque Lezama parecía una pista de esquí”. No sirvió el dato. Llego a casa y tengo de nuevo I-Sat y Fox. Hoy a la noche veré otra vez Hanna y sus hermanas. Y eso me pone muy contenta.
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Hay cada nabo
Marzo 28, 2008 · 5 comentarios
Soñé que estaba por ir a un recital de Pixies y que tenía que explicarle a alguien que era la mejor banda del mundo y que jamás jamás se habían vestido para la ocasión. Que la bajista era muy alta, el vocalista un iluminado, que el baterista a veces cantaba temas (como este maravilloso), que tenían toda, toda la onda del mundo, todos los gritos, todo el romanticismo y la desfachatez menos afectada de la historia del rock. Lindo sueño. Y un día voy caminando por una calle de lo más barrial y me encuentro con la persona de la foto, que al verme verlo se tapa la cara y se da vuelta, temiendo acaso que yo le salte encima con la libido al tope y le ruegue me firme un autógrafo en el escote. Pffff. Aguante Pixies.
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Suerte
Febrero 19, 2008 · 3 comentarios
Me ha cagado encima una paloma. Sobre todo, me estremeció el sonido. Parecía que una señora me había baldeado desde su balcón, eso creí primero, que me había tirado encima el agua tibia con pelusas del living, migas de ver tele, tierra reseca de macetas moribundas. Pero era en cambio una paloma en plena Avenida Pueyrredón. Pegué un grito de niñita por el susto, de asco tras la revelación y me quedé mirando mi brazo y mi blusa por dos minutos sin saber qué hacer, con la boca abierta, como en las películas. Alguien me dijo “es buena suerte, es buena suerte”. Me lavé como pude en el baño de un expendio de patys. Más tarde, en casa, vi que la parte de atrás de la blusa también estaba manchada, tooooda la espalda, y seguía por la falda, marcando una fina línea que se perdía a la altura media de los muslos. La paloma era inusualmente potente, yo inusualmente suertuda.
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Un año
Febrero 5, 2008 · 5 comentarios
Este blog cumple un año hoy, me acabo de dar cuenta. Sabía que era por estas fechas, menos mal que me fijé, porque soy muy respetuosa de los cumpleaños, sobre todo cuando me involucran personalmente. De aproximadamente cero visitas en los cinco primeros meses, el sitio ha levantado a un promedio de 130 por día, con lo que sigue siendo tan impopular como siempre, o de culto, si se prefiere. Generalmente la gente llega aquí buscando el término spooning en google, que significa “hacer cucharita”, con lo que desemboca aquí, justamente en el primer post. Se lee mucho esto, esto, y esto otro. A mí me gusta este perfil y esta mini-crónica. Acá no entra nadie, creo que es, hasta el momento, el post más impopular.
¡Muchas gracias a mis fieles comentaristas! Les he tomado cariño, no crean…
Ta prontito,
Ana.
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Pa’ Buenos Aires me voy
Enero 28, 2008 · 3 comentarios
Se me acaban estas vacaciones llenas de déjà vus, de montañas, de cervezas, de algunas noticias buenas y varias noticias tristes, de letras y más letras sobre el regazo a ver si atino, sin hermanas cosa rara, con el novio en Oriente Medio, con el recuerdo de hace un año yo estaba… y la especulación de en un año yo estaré…. En fin, que esto empezó hace como un mes y todavía no me he dado tanta cuenta salvo por el hecho de que ya no me muerdo las uñas. Dicen que está haciendo calor en Buenos Aires. A ver si voy al curso de De Santis, donde habrá aire acondicionado y Lovecraft y Cía. observando desde la puerta.
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¿Vacaciones pagas?
Enero 8, 2008 · 3 comentarios
No sé lo que es un colega ni un bono de sueldo. Yo he tenido meros compañeros y facturas. No sé lo que es tomarse el subte en hora pico todos los días. Algunos sí pero no todos. No sé lo que es pensar qué me pongo para ir a trabajar. No sé lo que es rellenar la parte del forumulario que dice “teléfono del trabajo” ni lo que es tener un mail que no diga @yahoo o @gmail
Veremos, veremos…
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Dear Mr. Salinger
Diciembre 15, 2007 · 6 comentarios
Dentro de unos días J.D. Salinger cumplirá 89 años.
Si le escribiera una tarjeta de felicitación, le pondría: Estimado J.D., perdone mi caligrafía. Quería agradecerle por haberme salvado de un aeropuerto, por atraer casualidades y por no dar entrevistas. Quería agradecerle por Holden Caulfield, por el cuento “El pececillo secreto” que me gusta imaginar, por ciertas descripciones suyas que se me quedaron para siempre y a las que vuelvo con gran deleite. El auto lleno de gente tras la ceremonia nupcial en “Levantad carpinteros…”, por ejemplo. Gracias por los ojos y oídos que me presta cuando lo leo.
Espero que pase un buen día, que los cumpleaños no lo depriman mucho. Lo espero de verdad, no miento, palabra.
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Jaque se anuncia
Diciembre 8, 2007 · 1 comentario
En la provincia de Mendoza, un individuo llamado “Celso Jaque” está por asumir la gobernación. Ante una serie de críticas, ha declarado lo siguiente:
“Tengo la suerte de ser contador y en mi vida escribí
una poesía así que menos recité. Al ser contador sé lo
que significa pensar en grande, tener acción, tener
decisión. No quiero caer en estas cosas que no tienen
sentido porque a mí, como se dice, no me cabe el
saco…”
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Palermo Halt!
Diciembre 7, 2007 · 6 comentarios
Ayer he ido al Alto Palermo con una amiga y su bebé. Ella tenía que cambiar unas prendas en una tienda de ropa. La tienda era bastante cara, digamos, en el orden de los $280 una remera a la cadera con un cosido de lentejuelas moradas. Me puse a mirar minis, camisas, zapatos, con el crío sonriente en brazos. Mi mano se encontraba una y otra vez con la de otras señoras, con la de otras chicas, todas como yo, en sintonía coreográfica toqueteando telas, extendiendo vestidos, poniendo caras de horror o gestos orgásmicos, concentradas en un mini trance mujeril, con los ojos bien abiertos a 20 cm de las prendas, haciendo esfuerzos por imaginar cómo nos quedarían. Una mujer se acercó y le hizo monerías al niño, pensando que yo era la madre y no la contradije.
Mi amiga estaba en el probador con un jean, una camisa, un cinturón y un vestido lila que ya había visto y que quería codiciosamente para mí. Ella me dijo “si nos queda bien, nos llevamos uno cada una”. Salía $118, una ganga comparado con el de junto, que estaba a $320. Pero $118 son $118 y yo una pobre trabajadora freak lance. Free lance pero con una tarjeta que me encajó el banco. Una tarjeta de crédito azul, brillante, impoluta, que dice mis dos nombres y mis dos apellidos en letras sobreimpresas plateadas. La tarjeta no tiene una sola deuda cargada. Y si pasás el índice por arriba, sin presionar demasiado, estarás tocando tu nombre.
¿Iría a cometer un tarjeticidio? ¿Iría a animarme por ese vestido de flores que caería como cascada por mi cintura, saltando sobre la cadera en un paroxismo de texturas suaves y redondeces, de deseos de ser vista, hasta alcanzar, satisfecho, mis rodillas?
Sí, iría.
Mi amiga se lo probó y no la convenció. Me lo probé y tampoco. El vestido, por fortuna, se veía mejor en la percha acolchada con florecitas. El negocio tenía perchas a lo Sarah Key, que te hacían sentir toda femenina y dulce. Luego salís y la luz del shopping te ofende y todo el fondo acopla, especialmente ahora que han puesto los adornos de navidad. Estábamos tomando un capuccino, y a dos metros volaba inmóvil una avioneta con un ayudante de Papá Noel encima. La hélice berreta de seis kilos daba vueltas, por encima de mi cabeza. Eran las cinco de la tarde. El shopping estaba lleno. “¿Nadie labura?”, nos preguntamos y luego nos callamos porque el burro hablando de orejas. Y muchas, muchas bolsas de compra. Gente tarjeteando por todas partes, endeudándose dos, tres, cuatro veces por encima de sus posibilidades. Los shoppings son la perversión a colores.
Al rato una mujer atravesó el patio de comidas, con la panza al aire, un niño de dos años en brazos, pidiendo monedas de mesa en mesa. A la nuestra no se acercó y yo me pregunté cómo había hecho para llegar hasta el tercer piso sin que la sacaran a patadas. Cuando se había perdido de vista aparecieron dos tipos de la Federal, con cara de que estaban a punto de enfrentarse con el núcleo duro del Cartel de Juárez. Un guardia botón, de traje blanco y negro, afeitado y de ojos azules, les señaló el rumbo que había tomado la mujer. Y ahí se fueron detrás, casi corriendo, a ahuyentar a la peste, para que dentro todos sigan celebrando la gran fiesta la deuda, de la ropa con spray floral, de los duendes de Papá Noel en los que nadie cree, de los ceniceros con arena.
Pensé intensamente en La máscara de la muerte roja de Poe.
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Leaving on a jet plane…
Noviembre 6, 2007 · No hay comentarios
Le escribo a mi querida amiga Elisa, oriunda de Tabasco pero residente en Nueva York, para preguntarle por su familia y para acompañarla en el horror de saber su tierra arrasada. Me contesta con su habitual lucidez: “Como siempre, esto se pudo haber prevenido. Todos los años la gente más pobre se va al agua, este año le tocó a todos…” Y agrega: “siento que estamos a punto de irnos al carajo y aquí en EE.UU. como si nada, el estúpido de Gore viajando en Jets privados, contaminando él solito para anunciar su documental.”
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REM de siesta
Octubre 25, 2007 · 7 comentarios
Lo bueno y lo malo de los sueños de siesta es que son incuestionables; caen como un ladrillazo y hay que bancárselos así como vienen, como cobrántote por darle una pausa arbitraria al diario andar. Así que esta tarde a las 6, cuando me levanté repleta de sordidez por el sueño extraño y denso que había tenido, no se me ocurrió quejarme. No me voy a poner aquí a contar unos sueños que sólo a mí podrían interesarme, pero creo que de cuando en cuando es muy-necesario experimentar un sueño de siesta.
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Día de la blogacción - nuestro aporte
Octubre 15, 2007 · 2 comentarios
El site propone que cada blog del mundo postee hoy algo en relación a la defensa del medio ambiente. Yo mando la anécdota de mi hijo cuando tenía 6 o 7 años (yo tenía 26 o 27, qué tiempos). Pasó que fueron a podar las ramas del gran árbol que estaba en el medio del patio de su escuela. Al ver a los hombres de overol naranja provistos de grandes tijeras y algo parecido a una sierra eléctrica, corrió hacia él con su guardapolvillo a cuadritos, se abrazó a su tronco y se negó a soltarlo hasta que no le dieran garantías de que no le harían daño. En su cabecita, desde luego, esas no fueron las palabras pensadas, pero sí seguramente las intuidas. Las garantías nunca llegaron, lo llevaron por la fuerza a la dirección y me llamaron por teléfono. Fui sin tener idea de qué había ocurrido (”ha habido un problema” fue todo lo que me dijeron) y al contarme el asunto me costaba reprimir la emoción y el orgullo. Le dije a la señora maestra que nada le hubiera costado explicarle al niño que podar no es lo mismo que talar o matar. Mi hijo tenía los ojos rojos del llanto, le expliqué la cosa y se tranquilizó. En fin, que no sé si la propuesta de blogacción, de que cada blog ponga su post ecológico, tenga mucho sentido para cambiar algo. Pero sí lo tendrá, seguramente, que muchos niños puedan sentir la vida secreta y silenciosa de los árboles y sigan creyendo, cuando grandes, que es importante preservarla.
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Rugby
Octubre 8, 2007 · 2 comentarios
Ayer vi todo el partido de Los Pumas y anteayer buena parte del de los All Blacks. El rugby atrajo mi atención por primera vez alrededor de marzo, cuando vi que unos grandulones levantaban a otros grandulones para que alcanzaran el balón en ese pasillo humano llamado ”line”. Vi que los hacían saltar por los aires como niños en un cumpleaños o bailarinas medio torpes. Me pareció hermosísimo. Luego me enteré de que en el line los jugadores emplean un código particular, desconocido por el otro equipo, para que levantadores y levantados sepan si tienen que actuar. Me gusta que el balón se pase para atrás porque le da un ritmo centrífugo al juego y porque debe haber una sabiduría secreta en una acción que contradice el hecho de que, para ganar, hay que ir hacia adelante. Me gusta que se metan desbocados en las barreras de los oponentes, que galopen sin miedo, con el balón en sus manos, escapándose. Eso me gusta: que lleven algo en las manos y que corran y corran para protegerlo. Me gusta la tangibilidad del rugby.
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Predicciones metereológicas
Septiembre 2, 2007 · No hay comentarios
Para mi niño borrasca me inventé el huracán Henrietta. Resulta que existe: por ahora es una tormenta tropical, que se está moviendo de la costa pacífica de México hacia Baja California. Se teme que se convierta en huracán, pero se cree que cuando toque tierra el jueves que viene, habrá perdido intensidad. Es decir, el huracán Henrietta serviría perfectamente para la I.O.T.
Si llegase a ponerse violento -ojalá que no- pensaré en otro nombre, en reemplazo de Henrietta.
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El dementor dominical
Agosto 13, 2007 · 2 comentarios
En mi caso, los dementores vienen sobre todo los domingos. Para ahuyentarlos es preciso pensar intensa y sostenidamente en algo feliz. Los boggarts son, en cierto modo, más sencillos: para combatirlos hay que mirarlos y ridiculizarlos en el tiempo que lleva una instantánea fotográfica, *click* y el boggart baila cumbia en calzoncillos arriba del escritorio del profesor de cívica de 4to año, *click* y el boggart comete torpezas encantadoras a lo Buster Keaton. El dementor no, a ese hay que atajarlo rápido. Ante las señales de su pronta aparición (el propio ceño se frunce, la mente se acalla antes del caos, la respiración se agita, el corazón se acongoja), hay que manotear la primera -y verdadera- memoria feliz que se tenga a mano, o varias, o todas, intensa y sostenidamente y ahuyentarlo al muy cabrón que viene a desesperanzarte el domingo.
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Y él también…
Agosto 1, 2007 · No hay comentarios
Y también se fue Antonioni. Y yo dije “¡epa!” impresionada, relacionando su muerte, claro, con la reciente de Bergman. Mi mamá abandonó el gesto solemne con el que había dedicado unas palabras al primero, y dijo esta vez: “¡Bueno, pero tenía como 94 años! ¡Y la pasó bien, imaginate! ¡Y además, esta gente tiene una esperanza de vida que nosotros no!”
Y no sé si se refería a los europeos o a los cineastas… En todo caso, sé que sintió lo mismo que con Bergman Al mundo se le van personas que uno ya daba por sentadas, o por quedadas para siempre. Y ella, mi mamá, vuelve a preguntarse suspirona si en este mundo pelotudizado volverá a haber gente que alcance la eternidad.
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Y se fue…
Julio 31, 2007 · 3 comentarios
Se fue Bergman… Mi mamá dijo suspirona: “Se están yendo los mejores”. Kleber cineasta, esposo de mi prima, con quien nos comunicamos en inglés porque mi portugués apesta y su español más o menos, dijo en cambio: “Bergman was already eternal before yesterday… He just died”. Mi traducción sería así: “Bergman ya era eterno… Lo que hizo fue sólo morirse”.
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Vacaciones
Julio 22, 2007 · No hay comentarios
Llegamos a Mendoza. Anoche jugamos al Bingo Andesmar, casi que gano, sólo me faltaron 2 números. Pasaron una película llamada, creo “El guardián”, con Kevin Costner, ouch. Yo estaba leyendo pero Tomi, del apuro, no se trajo nada y no le quedó más remedio que emplear su tiempo en aburrirse con la película y escribir con los dedos en la humedad de la ventana. Después se durmió. Nos despertamos cerca de la terminal. Nos esperaba mi mamá. En su casa, Orión se hizo pis de la emoción y el gato pasó sin mirarnos siquiera. Tomás no perdió un segundo y ya está en la montaña con una amiguita. Nosotras almorzamos ravioles. Mi papá está de viaje y vuelve pasado mañana. Enseguida dormiré una siesta, luego tomaré mate con mi mamá, mientras acostumbro mis oídos nuevamente al silencio invernal de Mendoza, y mis ojos a todo el amplio cielo, ningún edificio en el horizonte, y en el horizonte, en cambio, la montaña.
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Transponiendo a Cortázar
Julio 17, 2007 · 2 comentarios
Estoy haciendo un trabajo sobre transposición para la cátedra de Oscar Steimberg en I.D.A.E.S. Elegí “El cuervo” de Poe y su transposición a un especial de Halloween de Los Simpsons. Pero antes había elegido la transposición de “La autopista del sur” de Cortázar a esa publicidad de Renault Megane, tan aplaudida en su momento por quienes suelen decir cosas como “esa propaganda está buenísima”. El caso es que nunca conseguí la publicidad; no es cierto que en YouTube esté todo. Pero en mi búsqueda me reencontré con un texto imperdible sobre el cuento y la rapiña del mercado.
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Microrrelatos
Julio 17, 2007 · No hay comentarios
Hablando del asunto largó la propuesta de escribir microrrelatos policiales a partir de un disparador (de uno literario, no literal). Aquí el resultado.
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Ayer nevaba
Julio 10, 2007 · No hay comentarios
Ayer nevó en Buenos Aires. Me puse las botas incorrectas, las que dejan entrar el agua… Durante unas tres horas no supe si tenía los pies mojados o sólo helados. En parque Lezama alguien había escrito “Carlitos” sobre la nieve. A las 9 pm, en Brandsen y Almirante Brown, 6 chicos resolvían qué hacer, empapados. Se movían lento, sin brusquedades, un poco por el frío, y otro poco para que los copos de nieve sobre sus hombros y cabezas no perdieran la forma tan rápido.
En lo de Eugenia me saqué las botas y comprobé que, en efecto, las medias estaban húmedas. Las puse a secar cerca de una estufa “a carbono” según palabras de la anfitriona. El festejo arrancó con una oración a la Santa Patrona de la Vergüenza; luego nos tiramos aviones de papel, cenamos un platillo soñado por Eraserhead e hicimos figuritas en plastilina. Valeria, Nicolás, Juan y mi ex vecino cantaron y tocaron guitarras y bajos. Yo canté la Isla Bonita, bastante mal, pero la patrona de la vergüenza me protegió toda la noche. En Cabildo, a la vuelta, me tomé un taxi, lo conducía una mujer que llevaba un gran gorro de lana y que iba a terminar su turno a las 6 am. Estaba contenta con la nieve. Me mostraba cada rinconcillo donde se hubiese acumulado hasta que llegamos a mi casa.
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El elegido
Junio 1, 2007 · 1 comentario
Ma’ qué Neo! Descubrimos que es nuestro gato, Matute, quien domina la Matrix. Corre de costado y da saltos imposibles a partir de las 22 hs., todas las noches. Sus pupilas, entonces, se le dilatan y “ve”. Sí. Ve.
(En la foto adjuntada no había despertado aún. Pronto, otra).
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